«Los mitos de Cthulhu»: el libro que cambió mi vida

Hoy te traigo la que quizá sea la entrada más especial de todas las que he publicado en El Disparaletras®. Sí, porque hoy vengo a hablarte de ese libro que es distinto a todos los demás, ese al que más cariño le tengo no sólo porque me ha proporcionado momentos de lectura inolvidables, sino porque ha cambiado para siempre mi relación con la literatura como actividad. Fuente de inspiración infinita, y con toda seguridad la razón por la que creo haber caído de pie en el universo lovecraftiano, hoy quisiera rendir homenaje a ese volumen que siempre tengo en mi mesilla de noche como si fuera una biblia y que cada año, más o menos por esta fecha, releo obligatoria e indefectiblemente: Los mitos de Cthulhu, de H. P. Lovecraft y otros; la magnífica y ya mítica compilación que hizo Rafael Llopis y que publicó Alianza Editorial en 1969. Un libro que ha marcado a toda una generación de lectores.

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Los mitos de Cthulhu, de H. P. Lovecraft y otros. Madrid, Alianza, 2011. 736 páginas

La literatura lovecraftiana es complicada y exigente, eso ya lo sabemos. Y son muchos los lectores que se han manifestado incapaces de comulgar con la magia del genio de Providence. Esto se debe, quizá, a que se trata de un autor al que hay que acceder mediante una combinación muy concreta de relatos y obras, y entendiendo, además, cuáles fueron los precedentes literarios que cimentaron su estilo y buena parte de su abanico temático. Como si se tratara de un jeroglífico en un muro antiquísimo o de una tablilla plagada de runas ininteligibles (elementos tan propios de su universo, por otro lado), la obra del maestro sólo resulta asequible si logramos una concatenación equilibrada y muy selecta de sus escritos en la fase inicial. Ahora, eso sí: una vez que hayamos desenredado el sortilegio y abierto las compuertas de su universo, nos sentiremos allí en la cumbre de la literatura fantástica, y dentro de un contexto cosmogónico y un limbo narrativo que nos cautivará para siempre. Creo que esta es la premisa fundamental que, con suma inteligencia, supo interpretar el maestro Rafael Llopis en la elaboración de este volumen, que ha sido clave en la formación de tantos y tantos lectores lovecraftianos y que es, ahora mismo, una pieza mítica dentro de la historia editorial del terror en España. De hecho, creo que junto con los dos tomos de los Cuentos de Edgar Allan Poe (prologados y traducidos por Julio Cortázar y publicados también por Alianza), se trata del volumen de terror más importante jamás editado en este país.

Llopis, analista sin par, uno de los más lúcidos ensayistas españoles y especialista en el género de terror, plantea el universo de los Mitos como un territorio no unívocamente lovecraftiano. Sí es cierto que consigna al genio de Providence como a la principal figura de esta corriente literaria, pero en el magnífico ensayo que antecede a los relatos nos ofrece una estupenda panorámica que explica la evolución del género en su contexto socio-histórico y la influencia que las diversas corrientes literarias y la aparición de ciertos autores ejercieron sobre la materia. Así, a través de los pasos previos de autores como Dunsany, Blackwood, Bierce o Machen, llegamos al Horror Cósmico, que terminó de cristalizar gracias a la pluma de HPL. Lejos de morir entre los pliegos que Lovecraft redactó en Providence, la literatura de los Mitos encontró sucesores en los miembros del Círculo, autores tan brillantes como Frank Belknap Long, Clark Ashton Smith, Robert E. Howard o Robert Bloch. Planteada la evolución de los Mitos en tres fases bien definidas, Llopis divide el volumen en una especie de tríptico, conteniendo cada uno de los segmentos lo más representativo de las diversas etapas. El primero, que acertadamente llama «Los precursores», nos ofrece aquellos relatos que sin duda ejercieron una influencia decisiva en Lovecraft a la hora de elaborar su mitología particular. «Días de ocio en el país del Yann» (Lord Dunsany), «Un habitante de Carcosa» (Ambrose Bierce), «El signo amarillo» (Robert W. Chambers), «Vinum Sabbati» (Arthur Machen) y «El Wendigo» (Algernon Blackwood) nos ofrecen una semblanza extraordinaria de todos aquellos precedentes que Lovecraft, como lector casi enfermizo de este tipo de relatos, absorbió para la creación de sus mundos. Esta primera parte se cierra con una pieza del propio HPL, «La maldición que cayó sobre Sarnath», el primero de todos los relatos del Sumo Sacerdote que leí en mi vida, y que me marcó tal vez como ninguna otra pieza literaria lo ha hecho jamás. La segunda parte, llamada «Los Mitos», contiene los relatos que constituyen el ciclo de los Mitos de Cthulhu, es decir, lo más genuino de la literatura de Lovecraft y el Círculo. Llopis incluye en este apartado «El ceremonial», «La sombra sobre Innsmouth», «En la noche de los tiempos» y «El morador de las tinieblas», todos ellos de HPL, además de «Los perros de Tíndalos» (Belknap Long), «La Piedra Negra» (Howard), «Estirpe de la cripta» (Ashton Smith), «Reliquia de un mundo olvidado» (al alimón entre Lovecraft y Hazel Heald), «Las ratas del cementerio» (Kuttner) y «El vampiro estelar» (Bloch). Llopis aclara en las notas el porqué de la no inclusión de «La llamada de Cthulhu», sin duda el relato fundacional de toda la mitología, respondiendo a una pregunta que muchos lectores seguramente se hagan al repasar el índice. Por último, la tercera parte, llamada «Mitos póstumos», incluye lo mejorcito de todo aquello que constituye el legado de los Mitos en la literatura contemporánea: los relatos «La Hoya de las brujas» (coescrito entre Derleth y Lovecraft), «El sello de R’lyeh» (Derleth), «La sombra que huyó del chapitel» (Bloch), «La iglesia de High Street» (Campbell) y una pieza traducida del catalán: «Con la técnica de Lovecraft», del gran Juan Perucho.

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Una de las portadas que tuvo el volumen antes de la última edición de 2011. Esta en concreto pertenece a la de 1999. Lo tuve durante muchos años, hasta que se lo regalé a una persona muy especial

Personalmente, tuve la suerte de toparme con este libro cuando tenía diecisiete años. Por entonces era un adolescente friki y enfebrecido por la literatura de terror, y siempre ávido de descubrir nuevos autores y corrientes literarias (es decir: lo mismo que soy ahora, pero con algunos años menos). Tenía escritos unos cuantos relatos y soñaba con escribir novelas de terror, pero se puede decir que todavía estaba a la búsqueda de la epifanía que sólo tiene lugar cuando encuentras ese libro que sientes que ha sido creado especialmente para tus ojos. Y ese libro apareció. Y desde entonces no sólo se afianzó mi amor incondicional por el horror literario, sino que me convertí en enfermo de Lovecraft. Recuerdo que el embrujo fue instantáneo, y el hechizo que el universo lovecraftiano ejerció sobre mi ánimo lector perdura hasta estos días, y creo que ya nunca me abandonará. Por eso estoy convencido de que el trabajo de Rafael Llopis fue fundamental para que ese entorno barroco, sobrecargado y voluptuoso no me resultara abrumador y no me espantara, como me consta que le ha ocurrido a muchos lectores que, por no haber tenido la suerte de toparse con este volumen en primer lugar, han intentado adentrarse en los mundos de HPL por caminos un tanto más ríspidos y tortuosos (como por ejemplo quienes intentan empezar a leerle con En las montañas de la locura, lo que constituye un auténtico suicidio intelectual). Así, cuando en charlas y conferencias me preguntan por dónde es conveniente empezar a leer a Lovecraft, siempre recomiendo este impagable volumen de Alianza. Contiene los relatos fundamentales para enamorarse de la literatura del maestro, pero también todos aquellos precedentes que nos allanan el camino y nos ofrecen, además, momentos de impresionante narrativa.

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Esta portada corresponde al volumen que cayó en mis manos un afortunado día del año 2000, cuando tenía diecisiete años. Lo pillé en una librería de viejo de Buenos Aires, y desde entonces, el embrujo se ha mantenido…

Hoy, que estamos tan cerca de la Noche de las Brujas y del Día de los Difuntos, quería rendir homenaje al que para mí es el libro de terror por antonomasia en el ámbito editorial español. Un libro que, como digo, vio la luz en 1969, pero cuya magia imperecedera ha cautivado a tantos lectores que ha seguido reeditándose hasta nuestros días. Yo lo he tenido con distintas portadas y formatos, lo he regalado numerosas veces a amigos y personas especiales, y suelo volver a comprarlo cada cierto tiempo, cuando ya el uso y el abuso lo ha vuelto deshojado e impracticable. Pero siempre tengo mi ejemplar a mano, como mi libro de cabecera particular. Vuelvo a él cada año, y es una de mis referencias infaltables en la elaboración de conferencias, clases para el taller de escritura creativa y textos de no ficción, ya que posee un impresionante aparato bibliográfico. Encontrarlo supuso para mí un momento clave, y marcó un antes y un después en mi existencia lectora. Sí, todos tenemos un libro especial. Y en mi caso, este es el libro que, cuando apenas era un adolescente, cambió mi vida para siempre…

8 comentarios en “«Los mitos de Cthulhu»: el libro que cambió mi vida

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  3. Pues me has dejado con muchas ganas de probar este cáliz, Leandro. De hecho, acabo de encargar el libro en Canaima.

    Muy buena entrada.

    Me gusta

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