Feria del Libro y la Lectura en Maspalomas

Todavía con la resaca del intensísimo fin de semana que vivimos durante el X Festival del Manga de Las Palmas de Gran Canaria – ComicCan 2019 (evento del que prometo traerte fotos y testimonios en cuanto se calme un poco la cosa), resulta que el calendario está tan apretado que hoy tengo que pasarme a disparar letras para informarte de otro evento. Este tendrá lugar el próximo sábado 16 de noviembre en el marco de la Feria del Libro y la Lectura, una iniciativa del Cabildo de Gran Canaria y la Biblioteca Insular, y que consiste en llevar la Feria del Libro por distintos municipios de nuestra querida isla.

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Cartel promocional de la Feria del Libro y la Lectura, que este año se traslada a San Fernando de Maspalomas

En esta ocasión estaré impartiendo una conferencia sobre la importancia de la mujer en la evolución de la literatura gótica y de terror. El rol de las mujeres ha sido primordial en el desarrollo de la narrativa de terror a lo largo de la historia. Ya desde los comienzos, con el nacimiento del género gótico, la mujer ha sido artífice de gran cantidad de obras capitales que jalonaron las bases temáticas y estilísticas del género. Desde pioneras como Ann Radcliffe o Mary Shelley hasta grandes autoras contemporáneas como Daphne Du Maurier, Shirley Jackson, Joyce Carol Oates o Anne Rice, lo que se propone esta conferencia es homenajear a todas aquellas escritoras que hicieron grande la narrativa gótica y que resultaron influyentes para generaciones enteras de lectores y escritores.

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La gran Shirley Jackson, una de las autoras más importantes de la historia del horror literario, y que será protagonista de excepción en nuestra charla-debate

La conferencia dará comienzo a las 20.00 horas, pero desde luego habrá multitud de actividades durante todo el fin de semana, con charlas, juegos de animación, firma de ejemplares, proyección de películas y muchas cosas más. Te dejó aquí un enlace de descarga para que puedas ver todo el programa completo y los sitios concretos en donde tendrán lugar las actividades.

Programa completo de la Feria del Libro y la Lectura en Maspalomas

Es todo por ahora. Te prometo un resumen de todos estos eventos en este blog en cuanto logre organizar un poco todo el material. Mientras tanto, seguimos en la carretera…

Ya se escucha la Llamada de Cthulhu

Cada vez está más cerca la presentación en sociedad de La llamada de Cthulhu. Hardcore Edition, el volumen 0 de la colección Choose Cthulhu que he tenido el placer de escribir, adaptando la obra maestra de H. P. Lovecraft al formato libro-juego. Como ya sabes, los Mecenas Primigenios del proyecto han tenido acceso al texto en formato digital, pero el próximo viernes 8 de noviembre, a partir de las 17.00 horas, haremos la puesta de largo del volumen en formato físico. El acto tendrá lugar en el marco  del X Festival del Manga / ComicCan de Las Palmas de Gran Canaria, a celebrarse los días 8, 9 y 10 de noviembre en INFECAR (Recinto Ferial, Av. de la Feria, Nº 1, Las Palmas de Gran Canaria) y se iniciará con una conferencia que impartiremos Edward T. Riker y yo, y en la que hablaremos de «La llamada de Cthulhu» como pieza troncal de los Mitos de Cthulhu y de la influencia de esta corriente literaria en el desarrollo de la literatura de terror en los siglos XX y XXI.

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La llamada de Cthulhu, Hardcore Edition, de H. P. Lovecraft y Leandro Pinto (Ilustraciones de Adrián Lucas Hernández y Jagoba Lekuona). 2.0 Books, Santa Cruz de Tenerife, 2019. 128 páginas (edición vintage)

Cuando terminemos, podrás hacerte con tu ejemplar del libro-juego en cualquiera de los dos formatos (vintage y deluxe) y elegir tu propia manera de perecer bajo las garras de un Dios Primigenio, enfrentarte al Gran Cthulhu en la ignota ciudad-cadáver de R’Lyeh o, tal vez, acabar tus días recluido en el temible Manicomio de Arkham. Huelga aclarar que tendremos abundantes ejemplares del resto de los libro-juegos que componen esta demencial e impresionante colección de aventuras lovecraftianas en las que tú eliges tu propio destino.

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La llamada de Cthulhu, Hardcore Edition, de H. P. Lovecraft y Leandro Pinto (Ilustraciones de Adrián Lucas Hernández y Jagoba Lekuona). 2.0 Books, Santa Cruz de Tenerife, 2019. 128 páginas (edición deluxe)

Te comento, además, que no solo estaré presentando allí a mi nueva criatura, sino que también tendré un stand propio donde estaré firmando ejemplares de todos mis libros, incluida mi última colección de relatos Alguna clase de monstruo. Así que si te falta alguno para completar tu colección, pásate por allí y llévatelo firmado.

Aquí te dejo unos cuantos enlaces de interés:

Accede a la pre-venta del libro-juego La llamada de Cthulhu. Hardcore Edition

Si eres un Mecenas Primigenio de Choose Cthulhu, descarga la versión digital de La llamada de Cthulhu Hardcore Edition

Compra tus entradas para el X Festival del Manga / ComicCan

Accede a toda la información necesaria sobre el X Festival del Manga / ComicCan

 

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La Llamada de invocación del Gran Cthulhu se oye cada vez más próxima, así que prepara tu bolso de viaje y ten a mano pluma y bloc de notas para apuntar los portentos que veas allí, porque las costas de la pérfida R’Lyeh están cada vez más cerca y un monstruo tentacular nos espera agazapado entre aquella arquitectura ciclópea. Y es este viernes cuando le toca asomarse al mundo otra vez…

Gatos y calabazas

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Se acercó con sigilo a la puerta del caserón. Parecía vacío… Abandonado, le susurró su mente, siempre tan imaginativa. Llamó un par de veces, sin respuesta. Agitó la bolsa de papel. Los caramelos y las chocolatinas rebotaron en el fondo con un sonido hueco. Todavía no era medianoche y ya había conseguido un botín más que interesante. La noche prometía. Golpeó otras dos veces… sin respuesta. Entonces abrió la puerta y entró. Sabía que eso no estaba bien, pero era un niño. Un niño disfrazado de vampiro. ¿Qué reprimenda le podía caer por entrar a hurtadillas en la casa abandonada de la esquina, esa que todos sus amigos decían que estaba embrujada? Al contrario: pensaba en el momento en el que podría presumir delante de ellos de haber entrado allí… ¡y en plena Noche de Brujas!

Entró. El suelo del vestíbulo estaba repleto de calabazas. Calabazas ornamentadas para la ocasión. Vacías y recortadas y con velas encendidas en el interior. Muchas. Muchas calabazas. Tantas que lo encandilaron. Tantas que no alcanzó a distinguir la presencia del gato negro agazapado junto a la bolsa de chucherías. Dio un paso adelante y solo entonces lo vio. Parecía tranquilo. Incluso parecía estar esperándolo.

Una bolsa de chucherías. Seguramente la habían dejado allí para él… ¿no? Es decir, para el valiente que se atreviera a entrar en la casa embrujada durante esa noche. Era un premio. Un reconocimiento. Se acercó a la bolsa. Y al gato, que no dejaba de observarlo con calma, se diría que con suficiencia. El niño disfrazado de vampiro, el más valiente de todo el vecindario, se asomó al interior de la bolsa.

En ese momento, un tumulto de maullidos infernales surgió desde todos los rincones del salón, y de los escondrijos iluminados con el resplandor anaranjado de las calabazas emergieron innumerables garras afiladas y cuerpos peludos y pequeños dientes puntiagudos. Y una marea de bolas negras e hirsutas se abalanzó sobre el niño y las risas de las brujas se oyeron hasta después de medianoche.

Fue un Halloween más en la casa de los gatos y las calabazas.

Un Planeta muy, muy lejano

Si hay algo de lo que carece este blog es de artículos incendiarios o polémicos. No pierdas la calma: este seguramente tampoco lo será.

Como todo el mundo, tengo mi opinión sobre los más diversos temas: política, sociedad, religión, cultura… Nunca comparto estas opiniones en las redes sociales o en este blog, plataformas que prefiero utilizar para comunicarme con mis lectores o con cualquiera que esté interesado en las actividades que llevo a cabo.

Pero durante la pasada semana tuvo lugar un hecho curioso y pensé que era una buena ocasión para, convertido el hecho en anécdota, resumirla aquí.

El martes 15 de octubre fallaron los Premios Planeta. Tú ya lo sabes: es el galardón más prestigioso del mundo editorial en España. Del ámbito hispanohablante en general, más bien dicho. Se entrega anualmente, durante las dos últimas semanas de octubre, y se prepara al respecto una gran cruzada publicitaria de cara a la campaña de Navidad. El miércoles por la mañana comencé a recibir mensajes de WhatsApp de amigos y conocidos que trabajan en el mundo del libro: comerciales, representantes de editoriales, libreros, lectores a los que respeto mucho. Todos me preguntaban qué opinión me merecía la elección de los ganadores (Premio y Finalista). Me hizo sentir muy halagado el que mi punto de vista les interesara. Después me llamaron de una radio y de un periódico (que no voy a nombrar) para solicitar, también, mi opinión al respecto. Más halagado me sentí, lógicamente, y para mí hubiera sido muy fácil adoptar cualquiera de estas dos posturas: o bien emitir una opinión cáustica y venenosa acerca de la supuesta transparencia del concurso, o bien pronunciarme en pro de este reputado premio, siguiendo un poco el juego y empleando un tono de circunspecta gacetilla pelotillera. Lo que fuera, digamos, con tal de ver aparecer mi nombre junto al del premio en el medio en cuestión, aunque solo fuera en el papel del perrito del ciego. Y aunque agradezco sinceramente el interés que han mostrado estos medios por mi opinión, sentí que no estaría siendo sincero si adoptaba cualquiera de estos dos papeles. Así que me vi en la obligación de decirles la verdad: que no tengo una opinión formada que merezca la pena publicarse en un periódico o emitirse a través de la radio.

Por eso, y como posiblemente me sienta en deuda con esa curiosidad insatisfecha, intentaré esbozar aquí algo parecido a una opinión, por ajeno y remoto que me resulte el tema.

Cuando la gente te conoce y llega a saber que te dedicas a la literatura suele ser una broma habitual el comentario: «¡A ver si un día ganas el Premio Planeta!». Uno sonríe y pone cara de «¡Es imposible!», pero la persona que ha hecho el comentario no sabe hasta qué punto es realmente imposible. A veces la coletilla germina y acaba ramificando en una conversación, y es entonces cuando yo siento que el Premio Planeta (y con esto puedo englobar al Nadal, el Alfaguara, el Espasa y todos los premios de prestigio que se entregan en este país) forma parte de una realidad en la que ni remotamente me deslizo a diario. No se trata ya de que uno juegue en otra liga; más bien se tiene la sensación de que uno practica otro deporte, con otro balón y otro equipamiento en general. Y bajo un reglamento distinto. Para mí hablar del Premio Planeta es como hablar de los despachos de la embajada letona en Montreal o del apareamiento de la cucaracha «banda café». Es algo de lo que no tengo ni idea.

Cuando lo planteas así, la gente se extraña y te dice, con toda lógica: «Pero ¿cómo? ¿Tú no eres escritor?». Y entonces te preguntas si conviene o no explicarle que toda esta movida tiene un poco que ver con la escritura y con la literatura (un poco), pero que hay muchas otras cosas que quizá ejerzan una influencia más decisiva, y que todos esos factores no tienen ninguna relación con lo que es tu trabajo diario, ese que consiste en recrear historias mediante la palabra, trabajar técnicas literarias, redactar, pulir, releer y corregir, leer a tus autores favoritos, estudiar nuevas técnicas y ampliar los horizontes de conocimiento, volver a redactar y, en fin, todo lo relacionado al oficio de escritor.

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El trofeo que recibe el ganador del Premio Planeta, además de una importante dotación económica

¿Qué es para mí un Premio Planeta? Supongo que un libro, sí. Nunca me he comprado ninguno, a decir verdad, porque aunque me muevo entre libros durante gran parte del día, me siento demasiado ajeno a lo que pueden ofrecerme Ganadores y Finalistas como material literario. Es más: puede que sea el propio galardón el que me despierte alguna reticencia a la hora de acercarme a cualquiera de los títulos. Eso, además de la lejanía insalvable que supone el posicionamiento de toda su maquinaria comercial. Es como si yo estuviera arrinconado en un ático telarañoso en la planta diecisiete de un edificio, escribiendo mis tonterías, y la fragua donde se cuece el Premio Planeta se encontrara en el cuarto subsuelo, ardiendo y escupiendo fuego en medio de calderas sulfurantes y amenazadoras. Y, como si uno fuera K. en El castillo de Kafka, conjetura que todas las puertas que hay entre un recinto y el otro están cerradas y herméticamente protegidas. Y digo «conjetura» porque, sinceramente, nunca me he acercado a ellas, nunca he intentado abrirlas, nunca he golpeado a ver si había alguien del otro lado. Ya escucho los ecos de algunas voces que dicen: «Tranquilo, que no pensábamos abrirte. Ni siquiera nos asomaríamos a la mirilla para verte el careto». Y aunque no me escuchen, también yo me siento con ganas de responder desde este lado: «Tranquilos, que de momento se está a gusto aquí, en el rincón telarañoso del ático, escribiendo tonterías».

Una vez, no obstante, cogí un Premio Planeta de una estantería en mi librería favorita. Creo que fue simple curiosidad. Incluso lo abrí y estuve echando un vistazo. Y resulta que era un libro, con palabras, frases y párrafos. Y contaba una historia. Me sentí estúpido. «¡Ah, pero esto se parece un poco a lo que hago día a día!», pensé. Pasé las páginas con gesto idiota, parpadeé un par de veces, lo cerré y volví a dejarlo en su sitio. Antes de alejarme de él, me pregunté: «¿Dónde radicará la diferencia esencial? ¿Existe allí una especie de conjuro mágico? ¿O es algo que todos menos yo pueden ver, como aquel traje del emperador?». Pensé entonces en el misterio insondable, en el arcano inaccesible que seguramente escondían sus páginas y que, por más que me esforzara, un tontolaba como yo nunca sería capaz de asimilar. Y volví a sentirme estúpido y deseé regresar al rincón del ático. Después vi otros libros y me animé un poco.

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Javier Cercas y Manuel Vila, ganador y finalista (respectivamente) de la edición 2019 del Premio Planeta

Parece que hubo algo de polémica este año: Planeta ha premiado a los «galácticos» de Penguin Random House (Javier Cercas y Manuel Vila), y en muchos medios de comunicación esta decisión huele a tentación por parte del Grupo Planeta por absorber y sustraer a ambos autores. Por birlárselos a la competencia, vamos. Me preguntan: ¿casualidad o burda estrategia comercial?

En fin… Todos somos ya mayorcitos y conocemos el mundo en el que vivimos. Y esto no es una crítica ni al Premio Planeta, ni al Grupo Planeta, ni al sistema de premios en España. Como digo, este tipo de opiniones específicas me las guardo para mí, y nunca he sido ni lanzabombas ni propenso a la genuflexión, ni avieso antisistema ni recalcitrante guardián de los tesoros del mismo. Tan solo quiero dejar constancia de que no puedo emitir una opinión formada al respecto porque, como digo, todo este microuniverso de los premios y los estratos administrativos que los despachan me son demasiado ajenos, demasiado remotos.

Para mí es como si me preguntaran sobre el ecosistema de un Planeta muy, muy lejano al que (de momento) me toca habitar.

«Trilogía de la noche». El testamento literario de Elie Wiesel

Cayó en mis manos la reedición que Austral puso en circulación hace unos años de la célebre «Trilogía de la noche» de Elie Wiesel, volumen que contiene las novelas La noche, El alba y El día, y que forman un compendio esencial de lo que se denomina «Literatura del Holocausto». Siempre bajo la sombra del Diario de Ana Frank, el testimonio de Wiesel ofrece un visión desgarrada y profunda del conflicto que empuja al lector a la reflexión y elabora una pasional y sentida alegoría de la muerte, elemento conductor de las tres novelas y de los distintos episodios de la narración biográfica de Wiesel. Un testamento literario conmovedor y de amplias lecturas. El legado definitivo del premio Nobel de la Paz.

«Trilogía de la noche» (compuesta por La noche, El alba y El día), de Elie Wiesel. Austral, Madrid, 2013. 352 páginas

La noche es una novela en clave biográfica que rescata la primera juventud del protagonista. Capturado por los nazis a los quince años, cuando Ferenc Szálasi tomó el poder por la fuerza y derrocó al regente húngaro Miklós Horthy, fue conducido a los campos de concentración de Auschwitz, Biernkenau y Buchenwald. El relato, visiblemente enmarcado a través de los ojos de un adolescente, narra las penurias del numeroso grupo de judíos cautivos que son expulsados de su ciudad, hacinados en un gueto y, finalmente, conducidos en rústicos trenes hasta los campos de concentración. También se narra la vida miserable y vejatoria en los campos y la transformación espiritual de cada uno de los prisioneros. Es desgarrador el retrato que se nos muestra de la desesperación del alma humana ante la cercanía de la muerte, así como la absoluta pérdida de valores en el afán por sobrevivir. También seremos testigos de la desintegración total de la familia del protagonista, así como de sus intentos por permanecer junto a su padre hasta el último momento. El relato se cierra con el rescate por parte de las tropas soviéticas en abril de 1945.

El alba narra la juventud del mismo protagonista que milagrosamente ha escapado a las garras de la muerte en el infierno de Buchenwald. La novela está ambientada en la Palestina ocupada por las fuerzas británicas. Por siempre traumatizado a causa de la dolorosa experiencia, el joven Elisha se ha convertido en un idealista, en un miembro de la resistencia judía en Palestina y, casi sin darse cuenta, en un terrorista que obedece órdenes en pos de la causa. En este caso, le han encomendado el ajusticiamiento de un oficial británico como brutal respuesta a la ejecución de un agente de la resistencia. El protagonista se debate durante todo el relato en los dilemas morales propios del acto de matar a sangre fría y es consciente de que su vida, a partir de ese momento, no será la misma. La acción está salpicada con dolorosos recuerdos y visiones de amigos y familiares muertos durante la guerra, de amores frustrados, de su primera experiencia erótica y de los sentimientos de amistad y fraternidad que le unen a sus compañeros de causa. Finalmente, de la comprensión humana y del insólito altruismo que surge entre él y su cautivo, en quien reconoce a un inocente, otra víctima de unas circunstancias inexplicables. La escena final conforma uno de los momentos emocionalmente más álgidos de toda la trilogía.

Por último, en El alba, el autor nos cuenta la madurez del personaje, ya instalado en la ciudad de Nueva York y ejerciendo como periodista. El paso de los años no ha logrado cerrar las heridas y el protagonista se presenta ante el umbral de la muerte tras un aparatoso accidente de tráfico. La cercanía del fin lo mantiene indiferente: siente que ha sobrevivido a lo peor en los campos de concentración y que la acechanza de la muerte ya no puede incomodarlo. Una historia de amor confusa lo ata a la vida, además de su deseo siempre implacable de encontrar respuestas y solucionar sus profundas crisis de fe, una fe vapuleada por todo el horror que tuvo que atravesar. Es, a pesar de los tiempos de paz en que se desarrolla, el relato que más nos habla de la muerte. Analiza el concepto no solo como un fenómeno metafísico de inalcanzable explicación, sino como el destino absoluto de la vida, como el único fin posible y aceptable al círculo vital. El relato se cierra con la confrontación de ideas entre el protagonista y un amigo pintor, un hombre apegado al arte como única vía para escapar del inevitable fin.

Elie Wiesel (1928-2016), superviviente de Buchenwald y autor de la «Trilogía de la noche»

Elie Wiesel ha dedicado gran parte de su vida a la escritura y a la divulgación de los horrores del Holocausto. Su testimonio escrito es sin duda uno de los documentos más estremecedores no solo de la vida en los campos de concentración, sino también de las secuelas psíquicas, físicas y emocionales de todos los supervivientes. A Wiesel se le concedió el Premio Nobel de la Paz en 1986.

Tres novelas que te dejan hecho polvo pero en las que se pueden apreciar momentos de una literatura inalcanzable. Durísimo y conmovedor retrato de una época infausta, de unos hechos que nunca debieron ocurrir.

Tarde de relatos en Sinopsis: un recorrido por los mejores cuentos de terror

Hoy me paso por El Disparaletras® para anunciarte un evento que tendrá lugar este jueves, 10 de octubre, en las instalaciones de Librería Sinopsis (C/ Domingo J. Navarro, nº 8) y durante el cual efectuaremos un recorrido por los que yo considero los veinte mejores relatos de terror de todos los tiempos. Empezamos a las 18.00 horas. Se trata, como puedes ver, de una cita imperdible si eres un fanático o fanática del género y quieres empaparte de lo mejor que nos ha dado la materia oscura en cuestión de narrativa breve.

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Nos encantan las listas y los ránkings, eso es innegable, pero ¿qué criterio seguir para confeccionar una lista con los mejores relatos de terror que se han escrito? ¿Cuáles son los mejores? ¿Los que están mejor escritos? ¿Los que cuentan una historia más original? ¿O aquellos que, bien o no tan bien desarrollados, despiertan más miedo en el lector? Todas estas cuestiones, y otras más, intentaremos dirimirlas este jueves, cuando te lleve mi propio listado de relatos, elaborado con no poco quebradero de cabeza. Seguramente verás allí ausencias notables, pero también puede que te encuentres con alguna pieza de la que nunca habías oído hablar. Tu propio listado de favoritos, tan válido y respetable con el mío, puede que salga enriquecido después de este encuentro. Por supuesto que estarán allí los grandes maestros del género, pero también algún que otro autor no del todo reconocido. Tendremos dos horas para analizar cada una de estas veinte piezas maestras.

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El terror, ese género literario que tanto nos apasiona, desgranado a través de sus veinte obras de narrativa breve fundamentales

Sinopsis ha preparado, además, un suculento surtido de literatura macabra. Si te has pasado por su cuenta de Instagram (instagram.com/sinopsislibreria, si no lo has hecho, te aconsejo que no tardes en echar un vistazo) habrás visto la nutrida estantería especialmente montada para el evento.

Desde las 18.00 horas me tendrás allí, con un montón de libros sobre la mesa y una selecta nómina de obras maestras que, obviamente, estoy deseando compartir contigo.

¿Te lo vas a perder?

Un nuevo día

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Todas las mañanas me despierto en el mismo lugar: una parcela del cementerio de mi ciudad natal. Se trata de una sepultura a medio cavar, sin nombre, lápida ni identificación.

Sé que es mía.

Todas las noches apoyo con temor la cabeza en la almohada. Tengo sueños placenteros y apacibles, pero al despertar siento el aroma de la tierra húmeda y recientemente removida.

Hace unos meses, y convencido de que se trataba de un caso de profundo sonambulismo, intenté combatir este aciago destino yéndome a dormir a un hotel lejano, a más de cien kilómetros de mi ciudad y de mi tumba. Pero al despertar estaba otra vez allí: en la parcela rectangular que todavía no tiene mi nombre inscrito, pero que un día lo tendrá.

Desesperado, puse aún más distancia de por medio. Hice un vuelo transoceánico, aprovechando la hospitalidad de unos amigos que tengo en el otro lado del mundo. La noche que pasé en el avión me atiborré a café y estimulantes; no soportaba la idea dormirme a miles de metros de altura para despertarme al ras del suelo. Llegué a destino sin sobresaltos y fui recibido cordialmente por mis huéspedes, que me habían preparado una habitación confortable y una maravillosa cama de dos plazas.

Me acosté a dormir, y cuando desperté ya podéis imaginar dónde me encontraba. No dejo de imaginar la perplejidad de mis amigos al percatarse de mi inexplicable huida de su casa.

Se ha hecho tarde; el sueño me vence.

He vuelto a mi ciudad, a mi casa, a mi cama. Mañana me espera un nuevo despertar en el lugar de siempre. Todo será cuestión de sacudir la tierra de mi pijama y de mi rostro, observar de reojo las lápidas que me rodean… y emprender con optimismo un nuevo día.

Franz Kafka: la realidad distorsionada

Los seguidores del genio checo y todas las cucarachas y escarabajos del mundo estamos de enhorabuena. Y es que Librería Sinopsis, centro de referencia de la literatura en nuestra ciudad, está organizando una serie de clubs de lectura. El primero se inició el pasado jueves 19, basado en la figura de Gabriel García Márquez. Rubén Benítez Florido timonea este encuentro lleno de realismo mágico. Pero lo cierto es que dentro de poco más de un mes le tocará a este humilde Disparaletras que suscribe moderar un club de lectores. Un club de lectores que nos sumergirá en los mundos distorsionados y en las realidades enfermizas de Franz Kafka.

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Formar parte de este club de lectura es muy fácil. Lo único que tienes que hacer es enviar un correo electrónico a la siguiente dirección: clubdelectura@libreriasinopsis.com y manifestar que quieres participar. Y ya está. El primer encuentro tendrá lugar el jueves 31 de octubre (sí: la Noche de Halloween, y muy cerquita de la hora señalada) a las 18.30 horas, en las instalaciones de Librería Sinopsis (calle Domingo J. Navarro, nº 8, Las Palmas de Gran Canaria). Allí presentaremos en sociedad nuestro club de lectura y hablaremos un buen rato de la figura de Franz Kafka, de sus novelas y relatos, de su estilo, del inevitable maridaje entre vida y obra y, por supuesto, de esa visión particular que supo imprimir a su literatura, una mezcla entre existencialismo y tragedia que, a lo largo de la actividad del club, sin duda tendremos ocasión de apreciar de forma palmaria.

Así que ya sabes: coge tu agenda o tu teléfono móvil y apúntate esta cita imperdible. El proceso y El castillo (las dos obras que componen la actividad del club) nos esperan como lecturas del mes de noviembre. Ponte la escafandra y prepárate para romper la epidermis de tu realidad. No será fácil penetrar en la capa dimensional de lo kafkiano, pero que me ahorquen si no lo intentaremos…

 

Oda a la soledad

Magnífica novela la que nos ofrece aquí Carson McCullers, que se ha convertido en todo un clásico de las letras americanas, en especial gracias a su tono sosegado y al torrente de sentimientos que desprende la descripción precisa y pasional de cada uno de sus personajes. Una obra que ha marcado escuela y que me ha tenido subyugado durante estos últimos días. No podía, por tanto, dejar de compartirla contigo en este blog, al tiempo que recomendarla como una lectura rica en matices y con momentos de auténtica genialidad.

El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers. Bercelona, Seix Barral, 2003. 392 páginas

Hija dilecta del gran William Faulkner y hermana mayor, se podría decir, de Eudora Welty, McCullers expone en El corazón es un cazador solitario el arraigado sentimiento de pertenencia para con el Sur de los Estados Unidos, una región que ha sido todo un paradigma en la literatura americana desde mediados del siglo XIX, cuando la Guerra de Secesión puso fin a la esclavitud y dio comienzo a un periodo de segregación quizá aún más oscuro y denso, con las diferencias sociales campando sobre la cotidianidad de sus habitantes. La particularidad del relato que quiero hoy compartir contigo radica, principalmente, en que no ubica la acción dramática en ninguna ciudad ni estado en concreto. Identifica la zona simplemente como «el Sur», dando lugar a que la inteligencia del lector se encargue de imaginar la idiosincrasia, las costumbres y, sobre todo, las connotaciones políticas que envuelven a los protagonistas.

De estos hay que decir que están perfilados con mano maestra. La autora efectúa una descripción de caracteres magistral, con un fondo psicológico que sobrepasa la epidermis y te introduce en el alma misma de cada uno, componiendo una magnífica oda a la soledad, una soledad que cada uno de ellos intenta compartir con los demás para, así, aniquilarla, pero que acaba consumiéndolos debido a las diferencias personales que indefectiblemente separan a unos de otros y a todos del núcleo común que los reúne: el sordomudo John Singer.

Se trata este de uno de los personajes más complejos que nos ha regalado la literatura contemporánea. Tolerante, contemplativo, reflexivo y socialmente abierto , es el eje sobre el que se apoya toda la voz narrativa, pese a su dificultad de comunicación con los demás. Es el personaje sobre el que todos vuelcan sus inquietudes y del que muy pocos conocen su fondo y el sentimiento de profundo dolor que le provoca la convalecencia de su amigo, el griego Spiros Antonapoulos. Es sobre todo en los pasajes finales cuando el desconocimiento del alma del mudo invade a quienes lo rodean. Su solución final desconcierta a todos, hasta tal punto que ninguna conclusión al respecto parece válida. La construcción que efectúa McCullers del perfil del protagonista admira y emociona; un catálogo de sentimientos humanos expuestos sin una sola palabra hablada (y sin demasiadas escritas, la verdad).

Otro de los personajes principales es Mick Kelly, una jovencita de trece años cuya entrada en la «edad difícil» le provoca un torrente de sentimientos que muy difícilmente puede aplacar. Melómana por naturaleza y rebelde a causa de su aguda soledad, la pequeña Mick puede que sea un reflejo directo de lo que pudo haber sido la joven McCullers en la preadolescencia, o al menos es lo que se puede llegar a especular dada la profundidad del personaje, sin duda en el que más incide la autora. Imbuida en una situación familiar compleja y a las puertas del primer amor, la niña se convertirá en algo parecido a una mujer hacia el final del relato, cayendo en la brutal decepción de la entrada temprana en la adultez.

Bartholomew «Biff» Brannon regenta el café Nueva York, en el centro de la ciudad, y es otro de los vértices cuyo lucero apunta hacia el centro de gravedad que es John Singer. Un hombre silencioso y al parecer simple y vulgar, que pasa la mayor parte del tiempo tras la caja registradora de su local, observando el ir y venir de su fustigada clientela. Mantiene una relación más bien fría (y algo tirante) con su esposa Alice, y solo la muerte de esta parece despertarle del sopor en el que vive inmerso. Su compañía más cercana, desde entonces, son su cuñada y su sobrina Baby, por quien siente adoración. Aquí McCullers se maneja con una cautela que también es de admirar, pues no resulta fácil abrir los sentimientos de un personaje tan hermético, sobre todo cuando en todo momento se nos insinúa el impulso erótico que este siente hacia Mick Kelly, la joven de la que antes hablaba. Es, desde luego, un amor prohibido, pero resulta magnífica la mención de las torturas internas que provocan en el dueño del restaurante las constantes visitas de la cría y, sobre todo, la aguda metamorfosis que observa en ella. La visión de Brannon, pesimista y oscura, es la que cierra la obra en el último párrafo, de una magnífica sutileza poética.

Jake Blount es, quizá, el espíritu más rebelde y atormentado de toda la novela. Revolucionario, intelectual y disidente, busca la forma de alertar a la masa humana acerca de las calamidades del capitalismo y de la opresión del obrero. Desarrolla al principio de la novela un llamativo concepto que le lleva a discriminar a las personas que saben de las que no saben. Está convencido de que la opresión de los pueblos se basa en la ignorancia que atesoran, y que no les permite vislumbrar la red de carnívoros engranajes que día a día se los traga. Con tendencia al alcoholismo y a la trashumancia por los estados del Sur, será otro de los confidentes directos del sordomudo John Singer, al tiempo que se emplea en un parque de atracciones donde vende boletos, repara la maquinaria y asiste, entre atónito y contemplativo, a las luchas políticas y raciales que se llevan a cabo en derredor suyo, en parte, muchas veces, provocadas por él mismo.

Y, por último, el doctor Benedict Mady Copeland, un médico de color que predica a favor de su raza y que, al igual que Blount, lucha por abrir los ojos a su pueblo como si de un profeta se tratara, al tiempo que afronta complicadas situaciones familiares con su hija Portia y sus hijos Hamilton, Karl Marx y Willie (este último víctima de un escalofriante abuso de autoridad policial).

Carson McCullers (1917-1967)

Es en este quinteto de personajes principales en el que McCullers apoya toda la trama, sin descartar a un puñado generoso de secundarios que apuntalan la acción y dan relieve al relato. De más está decir que la novela posee connotaciones de índole política, social y filosófica suficientes como para dejarte pensando un buen rato, amén de agudas reflexiones sobre el amor, la muerte, las relaciones familiares, el progreso, la religión, el racismo y la convivencia humana.

Obra magnífica y muy representativa de la cultura americana de principios de los cuarenta, El corazón es un cazador solitario es una novela que me ayudó a descubrir el talento de esta gran autora, alabada por Graham Greene en la edición de Seix Barral que cayó en mis manos y comparada por la crítica nada menos que con Faulkner y D.H. Lawrence. Un completo disfrute y todo un canto a la soledad, esa que nos aprisiona y que nos lleva, muchas veces, a refugiarnos en este tipo de lecturas para, así, no sentirnos tan solos.

Letras negras entre islas

Hoy me paso para anunciarte un evento: el próximo sábado 14 de septiembre, a partir de las 12.00 horas, estaré en el Charco de San Ginés (Arrecife, Lanzarote) para una nueva presentación de Alguna clase de monstruo, mi libro más reciente. Organiza el evento el Club de Lectura El Charco, un grupo de lectores que lleva ya un tiempo promoviendo a autores del ámbito canario y que han tenido la enorme gentileza de invitarme. Por supuesto que, además de mi última criatura, habrá también ejemplares de mis anteriores trabajos, así que si estás en Lanzarote este fin de semana y te apetece pasarte a por tu ejemplar, te espero con el bolígrafo en la mano y una dedicatoria en mente…

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El evento tendrá lugar en La Caja de Tapas (Avenida César Manrique 33, Arrecife), y si te pasas por allí también tendrás oportunidad de conocer a Elena Puchalt, que estará presentando La tumba de las ballenas, su última novela. También podrás participar en la tradicional «Rueda de libros» que organiza el grupo, y que consiste en un intercambio abierto de ejemplares (ya sabes: llevas tú uno que ya hayas leído, y a cambio te llevas otro).

Tenemos un encuentro de letras negras en El Charco este sábado, y como siempre iré acompañado de mi colección de monstruos. Nos vemos allí…

«Vathek»: el infierno más deseado

Hace muy poco te comenté el origen de la novela gótica, que tuvo lugar con la publicación, en 1764, de El castillo de Otranto, de Horace Walpole (puedes ver la entrada aquí). Pero lo cierto es que el género no conocería a su primera gran obra maestra sino hasta veinte años después, con la publicación (tras un proceso sumamente caótico) de Vathek, una impresionante novela de ambientación oriental que ha fascinado a lectores y escritores durante más de doscientos años, y que a día de hoy se ha convertido en un libro de culto.

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Vathek y sus episodios, de William Beckford. Madrid, Valdemar, 2015. 400 páginas

Vathek nos cuenta la historia de este califa que, entregado a los placeres sensoriales y al ansia de conocimiento cósmico, recibe un día la visita de un misterioso mensajero en el califato. El recién llegado le muestra unas espadas mágicas que tienen grabados unos mensajes al parecer ilegibles; tras descifrarlos, el califa emprende un viaje físico y espiritual hasta el Palacio del Fuego Subterráneo, el reino de Iblís… la versión árabe del infierno. Vathek acude allí obedeciendo a la llamada del placer y el hedonismo, y sus acciones para obtener esta recompensa no encontrarán límites: sacrificios, masacres, incesto, depravación, apostasía… No importan la cantidad y el grosor de los pecados que deba cometer para conseguir trasponer las puertas de este reino subterráneo en donde, según cree, le espera una eternidad entregada a los placeres físicos y espirituales.

Vathek (y sus episodios) surge a través de la fascinación que la primera traducción inglesa de Las Mil y una noches (aparecida por aquellos años) despertó en los intelectuales de finales del siglo XVIII. El género gótico ya estaba en marcha, y muchos de sus autores de referencia (Walpole, Lewis, el propio Beckford) efectuaban frecuentes viajes a Oriente Próximo, donde se dejaban envolver por la atmósfera exótica de la que se empaparan tras la lectura de los cuentos de Sherezade. No es de extrañar, pues, que las bases estructurales del género encontraran un background más que atractivo entre los suntuosos palacios de Arabia y Persia. Beckford, en este caso, establece el paralelismo de la protesta religiosa tan propia del gótico: mientras que las obras surgidas en Inglaterra (El castillo de Otranto, Los misterios de Udolfo y, sobre todo, El monje) ambientan sus historias en un entorno inquisitorial bajo el prisma de la crítica protestante, en Vathek todos los personajes empujados al pecado pasan primero por una negación del Islam, de los preceptos del Corán y de la figura de Mahoma. De esta manera los protagonistas se enfrentan a la oscuridad de un dogma del que buscan todo el tiempo liberarse, desatando una lucha espiritual interna que acabará, indefectiblemente, conduciéndolos a ese infierno tan deseado que es Iblís, el Palacio del Fuego Subterráneo.

 

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Maravillosa portada de una de las ediciones inglesas de Vathek (Oxford World’s Classics)

Con respecto a este emplazamiento, se ha convertido en uno de los escenarios más míticos de la historia del horror gótico. Es la visión particular del infierno de Beckford, recubierta por el halo exótico del orientalismo más puro. Es en el Palacio del Fuego Subterráneo donde el califa Vathek se encuentra con una serie de personajes allí confinados (los príncipes Alasi, Firuz, Kalilá y Barkiaroj, y la princesa Zulkais). De este encuentro en una especie de «sala de espera» infernal surgirán los distintos relatos que componen la macroestructura de la novela, y que hoy conocemos como los «Episodios».

Beckford compuso la historia de Vathek en tres días y dos noches de febril actividad literaria, inspirada por algunos episodios de la monumental orgía que él mismo había organizado poco después de cumplir veintiún años y de tomar el control de la inmensa fortuna que había heredado (Nochebuena de 1781). El autor redactó la obra en francés, mientras se encontraba exiliado en Suiza, y se la envió a su amigo el reverendo Samuel Henley para que la tradujera al inglés. Este lo hizo, pero poco después publicó la obra en Inglaterra sin permiso del autor y omitiendo su nombre en la edición. Beckford se apresuró a sacar una edición bajo su autoría en Lausana, pero esto le impidió publicarla con los «Episodios», tal y como era su intención original. Estos fragmentos no fueron descubiertos hasta 1912, pero afortunadamente hoy podemos contar con la obra tal y como Beckford la ideó. El caótico proceso de edición (de un barroquismo casi propio de la misma novela gótica que encierra entre sus páginas) se puede conocer al detalle en la Introducción que se ofrece en la edición de Valdemar.

Vathek es una de las pocas novelas góticas que ha despertado el interés de escritores de renombre. Borges ha trabajado abundantemente sobre ella, y se dice que era la novela favorita de Lord Byron. Stéphane Mallarmé escribió un prólogo magistral para una de las ediciones francesas de la novela (y que también se ofrece en el tomo de Valdemar). Su curiosa mezcla de estructura y temática gótica y ambientación oriental sigue causando fascinación hoy en día, pero sobre todo establece un nuevo hito en la cronología del género gótico: por primera vez nos adentramos en verdaderos pozos de abyección, en matanzas indiscriminadas (atención a una secuencia de sacrificios infantiles, verdaderamente estremecedora), en una entrega incondicional a todo aquello que representa el Mal en sí mismo, como si de alguna manera Beckford estuviera prefigurando las reflexiones que Lautréamont haría mucho más tarde en Los cantos de Maldoror. El lector se encontrará, durante el viaje de Vathek hasta su destino y en el desarrollo de los «Episodios», con masacres y asesinatos masivos, decapitaciones, incestos repetidos, violaciones de doncellas desvanecidas… Todo un carnaval de pecados y abyecciones que los personajes no dudarán en cometer, ya que el objetivo es ganar un sitio en el Palacio del Fuego Subterráneo, y solo los impenitentes más bajos e irredentos tienen derecho a acceder allí.

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William Beckford (1760-1844)

La vida del autor, William Beckford, casi habría que detallarla en un post exclusivo. Nació en 1760, hijo de una familia adinerada y políticamente acomodada. A los veintiún años, y tras haber recibido una muy esmerada educación, heredó una inmensa fortuna, que se dedicó a dilapidar en placeres y delicias de todo tipo. La memorable Nochebuena de 1781 marcó su vida para siempre, y poco después fue descubierto manteniendo relaciones sexuales con un menor. Esto provocó un ruidoso escándalo que lo apartó de la vida política y lo obligó a exiliarse. Fue durante este destierro que compuso Vathek, su obra maestra. Años después regresó a Inglaterra y mandó construir Fonthill Abbey, una impresionante abadía neogótica en la que erigió una torre de noventa metros de altura, como si quisiera emular los logros del califa que protagoniza su novela. Amante del arte, la arquitectura, la literatura y los placeres carnales, la vida de Beckford fue una montaña rusa de éxtasis y desgracias por igual…, muy similar, en realidad, a la de la mayoría de los autores adscritos al género, y cuyas experiencias sin duda terminaron siendo el germen de esa escuela literaria que basa su discurso en lo sublime y lo misterioso, en la eclosión de los sentimientos y en la fascinación por lo inasible.

Quería empezar esta nueva «temporada» de El Disparaletras® trayéndote un resumen de esta impresionante obra maestra, sin duda una de las piezas fundamentales de la novela gótica de todos los tiempos. La edición de Valdemar contiene la historia principal y los tres episodios adicionales, así que tienes cuatrocientas páginas del mejor horror gótico y la decadencia más absoluta; es tu propio itinerario hacia el Palacio del Fuego Subterráneo… Iblís… Ese infierno tan deseado.

A por tabaco…

Era demasiado tópico. Demasiado. ¿Cómo iba a abandonar a su familia así, sin más, después de decirle a su mujer que bajaba a por un paquete de tabaco? Era tan rematadamente tópico que cuando ella lo contara, llorosa, sobre el hombro de una de sus amigas, nadie llegaría a creerlo. Pensarían que se trataba de una matización, incluso de una exageración. Era un chiste que se hacía en las sobremesas. «Ten cuidado, que un día tu marido irá a por tabaco y no volverá».

No podía caer en eso.

Contempló la máquina de tabaco, pulsó la tecla y los Marlboro cayeron con un ruido sordo. «Fumar mata», rezaba el poco sutil mensaje de advertencia.

¿Cómo iba a marcharse dejando a esa histérica y a esos dos chiquillos insoportables con una mano delante y otra detrás? ¿Sería capaz siquiera de fumarse el dichoso paquete de tabaco?

Entonces, y decidido a que toda esa pesadilla no terminara de una manera tan, tan tópica, regresó a su casa y los mató a todos.

Estranguló a su mujer. Oyó el tronido. Sonrió.

Después se encargó de sus hijos. Con frialdad. Pensando sinceramente que aquello era lo mejor.

Para terminar, se suicidó.

Mientras sentía el gusto grasiento del cañón de la escopeta contra su paladar seco y pugnaba por llegar al gatillo, pensó que este final también era demasiado tópico.

Aunque no tanto…


Después de este disparo y de este mircocuento, aprovecho para decirte a ti, que frecuentas este blog, que todo Disparaletras merece un descanso, así que este sitio estará de vacaciones durante el mes de agosto. Aunque seguiré aquí, en mi rincón, disparando caracteres sin parar, porque el lunes 2 de septiembre tendré muchas cosas nuevas que contarte.

Nos vemos entonces. ¡Feliz verano!

La génesis del Gotico

Sí. Esto que tú y yo amamos tanto y que no es otra cosa que el terror en la literatura, nació un buen día. El día en el que la Oscuridad se cernió sobre las páginas y surgió desde las tinieblas lo que hoy conocemos como «género gótico». El día en el que el mundo conoció El castillo de Otranto, la primera novela gótica y, por tanto, el punto de partida a la literatura de terror tal cual la conocemos hoy.

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El castillo de Otranto, de Horace Walpole. Madrid, Valdemar, 2008. 240 páginas

Llevaba tiempo queriendo escribir sobre esta novela fundacional y absolutamente imprescindible para entender no sólo este género que nos apasiona, sino los orígenes mismos del relato de miedo o horror story. Tal vez no sea este el espacio adecuado para rastrear los orígenes mismos de la imaginería gótica o el porqué de su nacimiento, pero básicamente se trataba de contrarrestar las normas graníticas y encorsetadas que hacia mediados del siglo XVIII, y en materia de narrativa, había impuesto la Ilustración. Considerado ya desde sus inicios como un género «menor» o incluso «vulgar», el surgimiento del gótico se sustentó en la aparición de cinco novelas clave en la conformación de sus características: El castillo de Otranto (1765), de Horace Walpole; Los misterios de Udolfo (1794), de Ann Radcliffe; El monje (1796), de Matthew G. Lewis; y Manuscrito encontrado en Zaragoza (1805), de Jan Potocki. El gótico encontraría su cumbre más absoluta muy cerca de su decadencia, cuando en 1820 Charles R. Maturin publicara la obra maestra definitiva del género, la monumental Melmoth, el errabundo.

El castillo de Otranto es una obra breve y extrañamente bella en la que Walpole establece los patrones fundamentales del relato gótico clásico (presencia de una profecía ancestral, erotismo soterrado bajo la atmósfera de los eventos sobrenaturales, escenario medieval, emociones exacerbadas de los protagonistas). No es, estrictamente hablando, una novela que provoque miedo o terror (no al menos en el sentido en el que estamos acostumbrados en nuestros días), pero su tono apela al romanticismo más desnudo y, por primera vez, a la presencia de hechos inexplicables. La historia es bien sencilla: Manfred, príncipe de Otranto, ve morir trágicamente a su hijo Conrad en un luctuoso y macabro accidente. Decidido a tener descendencia masculina, se dispone a casarse por la fuerza con Isabella, la hasta ese día prometida de su hijo. En medio de las persecuciones por pasadizos y catacumbas, por galerías medievales y almenas, se irán revelando los jirones de una maldición ancestral que los hados habían prometido hacer caer sobre Manfred, usurpador del trono.

“El castillo de Otranto”. Grabado de Giovanni Battista Piranesi.

La novela mantiene un tono eminentemente trágico, pero Walpole la salpica hábilmente con sutiles toques de humor, siempre en boca de los criados del castillo, una práctica que repetiría la señora Ann Radcliffe en su impresionante novela Los misterios de Udolfo. El lector del siglo XXI quizá pueda detectar rasgos de ingenuidad en algunas de las actitudes de los personajes o en la exagerada demostración de sus sentimientos (proliferan las exclamaciones, los clamores al cielo, los desmayos, etcétera). Es éste otro de esos rasgos propios de estas novelas pioneras y que, creo yo, han de ser contemplados con el respeto que se les debe a las piezas iniciáticas. En todo caso, la novela contiene valores que van más allá de sus virtudes puramente fundacionales: se trata de un relato entretenido y apasionante, con un excelente desarrollo narrativo y un puñado de muy pintorescos personajes.

Horace Walpole (1717-1797)

Hablando de personajes pintorescos, el autor de la novela no lo es menos. Horace Walpole nació el 24 de septiembre de 1717 en Londres. Era hijo del Primer Ministro Robert Walpole, y cursó estudios en el Eton College y el King’s College de Cambridge. Fue un homosexual declarado desde su más temprana juventud, y no solo fue un pionero en literatura, sino también en arquitectura: económicamente holgado tras la muerte de su padre, se hizo construir un suntuoso palacete gótico al que llamó Strawberry Hill, cerca de Twickenham (Londres), sitio que hoy puede visitarse como destino turístico y que se ha convertido en una referencia del estilo neogótico. Además de narrativa, incursionó con notable éxito en el ensayo artístico, sobre todo en pintura y arquitectura, además de legar para la posteridad una cuantiosa correspondencia. Falleció, longevo, el 2 de marzo de 1797.

Una reducida semblanza de esta pequeña gran obra maestra sin la cual no se podría entender toda la literatura de terror hasta nuestros días. La edición de Valdemar nos ofrece 240 deliciosas páginas que nos harán entender cuándo y por qué, un buen día, se hizo la Oscuridad en la literatura.

 

«La llamada de Cthulhu» Hardcore Edition

Hace algunos meses te adelanté en este mismo blog (en este post) la noticia de mi ingreso en el Proyecto Choose Cthulhu, un emprendimiento dedicado a adaptar los relatos de H. P. Lovecraft pertenecientes al ciclo de los Mitos de Cthulhu al formato librojuego; ya sabes, aquellos libros tan entretenidos que allá por los años ochenta causaron furor y que conocimos como los de «elige tu propia aventura». Efectivamente, me he pasado todos estos meses yendo y viniendo de la ciudad-cadáver de R’lyeh, eligiendo distintos caminos y formas de encontrar la muerte y la locura. Y ahora, finalmente, puedo anunciarte el lanzamiento del volumen 0 (cero) de la colección, una reedición del relato troncal de la serie y que ya había sido adaptado por Víctor Conde en la puesta de largo de la colección. Lo que te traemos aquí es una versión más dura, más sangrienta y, en definitiva, más lovecraftiana de «La llamada de Cthulhu». La edición Hardcore del relato.

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«La llamada de Cthulhu H.E.» (edición «vintage»)

 

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«La llamada de Cthulhu H.E.» (edición «deluxe»)

Como bien sabes, editar un libro completo no es algo fácil. De hecho, ahora mismo seguimos trabajando en las ilustraciones. En todo caso, esta nueva adaptación estará disponible en descarga gratuita para todos nuestros mecenas. ¿Qué te vas a encontrar en Choose Cthulhu 0? Pues lo que promete: una versión más oscura y más «adulta» de «La llamada de Cthulhu», con nuevas y variadas decisiones y espeluznantes desenlaces (también los habrá pacíficos y ligeramente aterradores… ¿serás capaz de encontrarlos en el laberinto del librojuego?). En principio el libro estará en formato PDF para que lo puedas disfrutar a coste cero, pero si deseas adquirir copias físicas de su versión «vintage» o «deluxe» no descartamos que estén disponibles en breve a coste reducido para todos nuestros mecenas. Se baraja, además, la posibilidad de que el libro pueda ser traducido a varios idiomas. Mientras terminamos de cocinar el volumen, echa un vistazo a una de las ilustraciones interiores. Todas ellas serán obra de Jagoba Lekuona Huegun.

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Es todo por ahora. Siempre me gusta traerte novedades frescas y jugosas, y ¿qué hay más jugoso que ver mi sueño cumplido de contemplar en una misma portada mi nombre y el de mi gran maestro H. P. Lovecraft? Choose Cthulhu 0 está muy cerca, y muy pronto tendrás ocasión de desembarcar en la pérfida R’lyeh y de enfrentarte a lo que hiberna allí… desde hace eones.

Borges, la estética involuntaria

Sumergirme en la Poesía completa de Jorge Luis Borges ha significado una de las experiencias lectoras más gratificantes que he tenido. Sin sorpresas en cuanto a la perfección formal y a la precisión quirúrgica de su terminología (mal conoce a Borges el que se sorprende ante estos prodigios lingüísticos), el amplio recorrido que emprendí de su obra poética al completo despertó en mi alma todo aquello que tiene que ver con Buenos Aires y con la tierra que me vio nacer, tan lejana ahora en cuestiones cronológicas y espaciales, pero siempre presente en mi corazón.

El repaso atento de los versos que componen sus trece poemarios nos ofrece una enorme variedad estilística y temática, pero resulta admirable cómo desde el primer libro (Fervor de Buenos Aires, 1923) hasta el último (Los conjurados, 1985) detectamos en la destilación lírica de las composiciones al mismo hombre, a la misma persona: el muchacho de letras insaciable y ambicioso de saber, que se convierte en el Gran Inquisidor, en el sabio universal, en el conocedor de todas las culturas del pasado y del presente y de todos los entresijos del pensamiento humano. Pero en ese lapso enorme de más de sesenta años pervive y permanece el mismo espíritu, la misma esencia ontológica de la persona que fue, es y será Jorge Luis Borges.

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Poesía completa, de Jorge Luis Borges. Barcelona, Destino, 2009. 632 páginas

El volumen se abre con una trilogía puramente criolla: Fervor de Buenos Aires (1923) contiene los ecos de una adolescencia todavía cercana; nos habla de zaguanes, aljibes y paredones, de esos arrabales del Sur tan recurrentes en su literatura, de las primeras referencias al mártir Francisco Borges. Le sigue Luna de enfrente (1925), donde vuelve a prodigarse en argentinismos y en esa nostalgia juvenil por lo cercano, por la efusión del terruño tras el reencuentro. Cuaderno San Martín (1929) nos muestra a un Borges más oscuro y en cuyas páginas encontramos un díptico dedicado a los dos recintos funerarios de referencia de nuestra ciudad: «La Chacarita» y «La Recoleta», inolvidable conjunto de versos en apología a una Muerte que, ya desde épocas tan tempranas, tanto le preocupó.

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La impresionante necrópolis de Chacarita, uno de los cementerios inmortalizados por Borges en «Muertes de Buenos Aires»

Más de treinta años iban a transcurrir hasta el siguiente poemario: El hacedor (1960). Aquí afloran (o apenas se vislumbran) algunos de los inconcebibles límites que alcanza su bagaje cultural, profundamente enriquecido durante las tres décadas del impasse. Referencias a citas bíblicas, al infierno dantesco, al mundo cervantino y al atisbo de realidades orientales tras unos gráciles tapices componen una colección realmente maravillosa. En El otro, el mismo (1964) surge el siempre recurrente problema de la identidad, tan caro a la literatura borgiana, y comienzan las primeras referencias a la gran maldición que devastó los años de su madurez: la ceguera. Para las seis cuerdas (1965) es un delicioso compendio de milongas rimadas para su recitación acompañada de guitarra. Es uno de los poemarios más entrañables de todos los que compuso el maestro, sembrado de referencias gauchescas y reminiscencias a ese «mundo malevo» que nos ofreciera en tantas piezas geniales de prosa, como «El muerto» o «El Sur». La poesía rimada de este volumen no arroja la más mínima partícula de ripio a los ojos del lector. Elogio de la sombra (1969) se erige como una de las colecciones de poemas más sobrias y equilibradas de todo el compendio; encontraremos la referencia fresca y periódica al río de Heráclito, versos dedicados al pueblo de Israel y, especialmente, al contacto místico en la relación ente un lector y el objeto de su lectura. El volumen finaliza con el poema que da título a la colección, uno de los más celebrados de toda la lírica borgiana. El oro de los tigres (1972) contiene algunas composiciones prosísticas; continúan las referencias a su cada vez más aguda ceguera y a la cercanía inquietante de una Muerte susurrante, un espacio incógnito y ampliamente especulativo. Surgen también los versos dedicados a la lengua sajona y a las sagas islandesas, que por aquel entonces Borges empezó a indagar en compañía de María Kodama. La rosa profunda (1975), La moneda de hierro (1976) e Historia de la noche (1977) nos traen al Borges del reposo, al autor otoñal que ha asumido su papel pasivo en la existencia, sumergido ya totalmente en la penumbra de una ceguera total y tanteando las maravillas a su alrededor, todavía con el asombro juvenil por lo desconocido y por los confines asimétricos de su inabarcable universo mental. La cifra (1981) y Los conjurados (1985), a modo de resumen, transmiten las inquietudes del Borges final y, quizá, del Borges más cercano.

Jorge Luis Borges fue un autor que durante la mayor parte de su discurso renegó del concepto de «estética», si bien es cierto que es un tema que le preocupó hondamente, como queda manifestado en muchos de sus ensayos, principalmente en El tamaño de mi esperanza (1926). Borges siempre declaró no considerarse propietario de una estética, seguramente por la amplitud insondable de su universo cultural, de una magnitud prácticamente cósmica. Por eso creo que, especialmente en su obra poética, Borges estableció una estética inconfundible a su pesar, y casi de forma involuntaria. La conjunción entre lo pequeño y lo universal, entre lo sencillo y lo complejo, la perfecta armonía en la convivencia entre lo tangible y lo inasible, entre lo recto y lo cíclico, lo cartesiano y lo profundamente abstracto. En resumen: el compendio universal del pensamiento humano y su manifestación lírica impecable es lo que, a mi modo de ver, constituye el corpus de su estética, un apabullante calidoscopio de manifestaciones materiales, culturales y metafísicas entre las que sobresalen algunos elementos recurrentes (el laberinto, el espejo, la espada, la clepsidra, el ajedrez).

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Borges, el mundo y la literatura; tres partes de un todo indivisible. La esencia de una estética involuntaria

La editorial Destino ha tenido el excelente criterio de reunir la poesía completa de Borges en un solo tomo, de preciosa encuadernación. Este libro es, lo puedo asegurar, uno de los mayores tesoros de mi biblioteca, y al que no creo que tarde en regresar.


Quisiera dedicar este artículo (apenas un intento humilde de aproximación a una obra poética monumental) a mi prima Sandra Noemí Agopián, a quien admiro profundamente y quiero con todo mi corazón. Tu entusiasmo y devoción por el gran maestro de nuestras letras es muy contagioso, prima. Víctor Hugo escribió una vez: «Seré Chateaubriand, o no seré nada». En nuestra lengua, aunque resulte muy osado, se puede decir «seré García Márquez», «seré Cortázar» o «seré Onetti», pero es evidente que nunca, nunca jamás se puede decir «seré Borges»… Uno acaba comprendiendo, finalmente, que es mucho más factible ser Nada.

 

«El otro»: el horror en la dualidad

Soy de esos lectores que, ya desde adolescente, intentaba rastrear toda historia de terror que se hubiera escrito y que mereciera la pena de ser leída. Y existen un puñado de títulos que me han acompañado desde que los viera en estanterías, bibliotecas o librerías de segunda mano, o que oyera por ahí que eran narraciones asombrosas cuando departía con muchos otros fanáticos del género. Son esos títulos que vas apuntando por ahí y que siempre miras de reojo, y que sabes que un día tienes que leerlos sí o sí. La novela que hoy te traigo, El otro, de Thomas Tryon, es una de esas cuyo nombre me viene acompañando desde hace años en la mochila de las «Pendientes», y que solo ahora (vaya uno a saber por qué) me he lanzado a leer. A partir de ahora pasará a ocupar un lugar muy importante dentro de mis consideraciones hacia las novelas de terror: entra de lleno en el grupo de las «Imprescindibles».

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El otro, de Thomas Tryon. Impedimenta, Madrid, 2019. 360 páginas

El otro nos cuenta la historia de un par de gemelos: Niles y Holland Perry, curiosamente nacidos en días distintos y bajo diferentes signos zodiacales (ya sabes: uno de ellos nació antes de la medianoche, y el otro después). Los gemelos Perry viven en el seno de una familia signada por la desgracia. El clan de los Perry, de luenga tradición en el pueblo de Pequot Landing, ha atravesado durante los últimos meses una serie de tragedias inexplicables. Por un lado, la muerte del patriarca de la familia, Vining Perry, en un extraño accidente con unas cestas de manzanas. Meses después, la «casi» muerte del gato de la familia, a causa de una de las travesuras de Holland. Y, para terminar (pero no para culminar) el trágico deceso de Russell Perry, un primo de los gemelos que cae sobre una horqueta y muere horriblemente ensartado. Los gemelos Perry contemplan estos trágicos acontecimientos con mirada dispar: mientras que Niles es un muchacho sensible, bondadoso y cándido, el perverso Holland observa casi con delectación los derramamientos de sangre, y disfruta ejecutando execrables actos de sadismo contra animales… y personas.

Esta es la premisa básica que Tryon plantea para su novela, que está llevada adelante con un estilo tan poético que raya en lo bucólico. A través de Ada, la abuela rusa de los gemelos, el autor nos adentra en un mundo de tradiciones y supersticiones, de juegos telepáticos y contiendas entre lo espiritual y lo paranormal que, conjugados con el halo de locura absoluta que impregna toda la trama, termina ofreciéndonos una historia desquiciada pero encarrilada dentro de una narrativa ordenada y sumamente pulcra. Casi siempre a través de la mirada cándida e inocente de Niles, el «gemelo bueno», asistimos al carnaval de desgracias y miserias que se suceden en el seno de la familia, desgranado todo esto en un entorno de suspense que convierte a la novela, a ratos, en un intenso y claustrofóbico thriller.

La novela resulta impactante y sobrecogedora en su tramo final, donde la máscara de contemplación bucólica se deshace en un tonel de vino que los lectores difícilmente podrán olvidar (lo juro: es una de las secuencias más estremecedoras que haya tenido oportunidad de leer en un libro). Tryon redondea así una fábula macabra sobre la dualidad, convertida en cuento de horror absoluto a través de una tremenda alegoría que gira alrededor del concepto del «gemelo malvado», y que juega peligrosamente con otra alegoría muy utilizada en el género: la de nuestro propio «lado malvado».

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Thomas Tryon (1926-1991)

La biografía del autor, Thomas Tryon, es muy pintoresca. Se trata de un reconocido actor del Hollywood de los años cincuenta que trabajó a las órdenes de prestigiosos maestros como Otto Preminger o George Cukor. Como dato de interés, decir que participó en unas cuantas películas y que fue nominado al Globo de Oro en 1963. Sin embargo, decepcionado con el mundo de la actuación, se retiró de las pantallas y los escenarios en 1969 y se dedicó a partir de entonces a la literatura, siendo El otro (1971) su primera novela. Cabe decir que esta supuso un absoluto éxito de ventas, lo que le permitió seguir su carrera de escritor con títulos como Harvest Home (1973) y Crowned Heads (1976), entre otras. Nunca dejó de escribir, y murió en Los Ángeles en 1991, de cáncer de estómago.

La editorial Impedimenta acaba de lanzar al mercado una estupenda edición de este clásico del terror contemporáneo que, tras el impacto que me produjo su lectura, no podía dejar de recomendarte en este blog, donde tanto nos gusta hablar de horror literario. Te garantizo un absoluto deleite a lo largo de las trescientas sesenta páginas que componen este thriller asombroso; una narración de horror con mayúsculas, donde la dualidad juega un papel trascendental. Eso sí: tras navegar por este oscuro relato sobre la propia identidad, quizá te sientas un poco extraño toda vez que te enfrentes a tu propia imagen en el espejo… o reflejada en las aguas cristalinas de un arroyo.

Posdata: Como dato curioso, añadir que en la faja publicitaria del libro se menciona que esta novela es la que convenció a Stephen King de convertirse en escritor. Creo que aquí se han columpiado un poco; la novela se publicó en 1971, y estoy bastante convencido de que por aquel entonces King (con venticuatro años) ya tenía bastante claro a lo que quería dedicarse…

El King que no conocíamos

Es sabido por todos los fans del autor de Maine que resulta a día de hoy muy complicado encontrar textos o monografías que nos cuenten algo que no sepamos ya sobre su vida, sobre la continuidad conceptual de su obra, sobre los detalles más truculentos del accidente que casi le cuesta la vida hace justo veinte años (se cumplieron el pasado miércoles 19) o sobre su metodología de trabajo. No se trata solo de que muchísima gente se ha lanzado a escribir ensayos sobre su transcurso vital o sobre la relación intrínseca entre vida y obra, sino de que el propio Stephen King se ha mostrado como un autor absolutamente abierto y para nada hermético para lo que es la curiosidad o el fetichismo del Lector Constante. Tanto en su autobiografía (Mientras escribo, 2000) como en numerosas entrevistas, hemos llegado a conocerle casi como a un pariente cercano.

Por eso quiero destacar el trabajo que Errata Naturae ha hecho con la publicación de The King. Bienvenidos al universo literario de Stephen King. No es que allí nos desvelen la lista de la compra o el menú navideño favorito del Rey del Terror (ni falta que hace), sino que nos obsequian un análisis original y sin complejos, y orientado hacia teorías filosóficas sobre su obra que nos puede ayudar a apreciar el corpus de su literatura con un horizonte intelectual mucho más profundo. Es una visión friki, desde luego que sí, pero se preocupa por buscarle un lugar de relevancia a la obra de King dentro de lo que sería una estructura seria de pensamiento en el enloquecido mundo de las corrientes ideológicas y filosóficas de los siglos XX y XXI. En una época en la que prima tanto el culto a la personalidad y la curiosidad insana basada mucho más en el autor que en la obra, se agradece un estudio tan pormenorizado de sus personajes, sus tramas, sus escenarios y, en fin, su literatura, que es al fin y al cabo lo que más nos tiene que importar.

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The King. Bienvenidos al universo literario de Stephen King. Varios Autores. Madrid, Errata Naturae, 2019. 288 páginas

El libro se abre con una entrevista abierta e informal entre King y Tony Magistrale. Será el único capítulo en el que «oigamos» la voz del maestro en primera persona. Se habla más de cine que de libros, pero así y todo la charla nos ofrece una visión interesante sobre algunos de los proyectos que King tenía entre manos por aquellos años (la entrevista data del 31 de mayo de 2002).

Sigue con un recorrido que hace Rodrigo Fresán por los personajes infantiles que pueblan los libros de King, con muy jugosas reflexiones sobre la forma en la que el autor trata el tema de la infancia; un tema de importancia capital en la mayoría de sus novelas y relatos.

Greg Littmann nos lleva a la Grecia clásica y se plantea las obras de King bajo el prisma de los postulados filosóficos de Platón y Aristóteles, aplicando buena parte de sus teorías a ciertos personajes y escenarios creados por Stephen, especialmente en sus primeros años.

Mariana Enríquez efectúa un fascinante recorrido por los personajes femeninos importantes en la obra de Stephen King, empezando por Margareth White y pasando por Annie Wilkes, Dolores Claiborne, Rose Daniels, Lisey Debusher y un largo etcétera. Evidencia el tratamiento detallado y esmeradísimo con el que King ha trazado el perfil de sus personajes femeninos de relevancia a lo largo de su longeva obra.

Katherine Allen, por su parte, plantea una serie de teorías bioconservacionistas o posthumanas y las aplica a dos novelas de King en concreto: Cementerio de animales (1983) y Tommyknockers (1987), dos obras en las que el autor juega con la posibilidad de desafiar a la muerte y a las leyes naturales más elementales.

Laura Fernández nos cuenta el origen de la trama de Cementerio de animales, localizado en el relato «La pata de mono», de W. W. Jacobs (esto es algo que en realidad ya sabíamos, y lo comenté en este post).

Joseph J. Foy y Timothy M. Dale nos hablan de la distopía empleada por King en dos de sus novelas publicadas bajo el seudónimo de Richard Bachman: La larga marcha (1979) y El fugitivo (1982). En este segmento desgranan también la violencia y el poder como elementos narrativos y sociales, observando el efecto de estos dos conceptos bajo la lupa de Hannah Arendt y sus teorías filosóficas al respecto.

Kellye Byal habla de la subjetividad femenina en Carrie, haciendo un exhaustivo análisis de la obra bajo la perspectiva del feminismo y la sororidad entre los personajes.

En uno de los artículos más interesantes de todo el libro, Tuomas W. Manninen escribe sobre precognición, verificación y contrafactuales en La zona muerta, dibujando una serie de paradojas muy interesantes en referencia a las premoniciones a las que tiene acceso Johnny Smith, el protagonista.

Garret Merriam coge la filosofía de Nietzsche y sus teorías sobre el eterno retorno, y bajo ese prisma analiza el periplo circular de Roland en La Torre Oscura.

Y Elizabeth Hornbeck analiza los conceptos de heterotopía de Foucault aplicados a la arquitectura en la obra de Stephen King, centrándose en uno de los escenarios más míticos de su obra: el Hotel Overlook.

El libro se cierra con un relato de ficción: «Planetario», obra del autor boliviano Edmundo Paz Soldán.

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Stephen King, el autor más leído del siglo XX, y que está llamado a convertirse en un clásico de la literatura universal

Como ves, un impresionante cóctel de artículos seriamente documentados y perfectamente redactados por este puñado de analistas interesados en la obra de Stephen King. Una perspectiva fresca y original que no solo aporta muchísimos datos de interés, sino que puede servir como trampolín para aquello que muchos de sus fans estamos reclamando desde hace años: la ubicación de Stephen King como uno de los grandes narradores de todos los tiempos, un formidable cronista de la historia americana de los últimos cincuenta años y, por supuesto, uno de los escritores más queridos y admirados en el ámbito de las letras a nivel mundial. Quizá el problema de la perspectiva nos impida aún catalogarlo como un «autor clásico» (cosa que seguramente les ocurrió a los contemporáneos de Dumas, Verne o Dickens), pero ensayos como este tal vez consigan colocar la primera piedra de ese monumento que The King, el Rey del Terror, se merece largamente.

 

Feria del Libro de Madrid 2019

Tal y como te prometí la semana pasada, me paso hoy a disparar letras para contarte un poco la experiencia que supuso participar en la Feria del Libro de Madrid los días 8 y 9 de junio. No acudía a este encuentro literario en la capital de España desde mayo de 2015, cuando la eclosión de Pandemonio me llevó a compartir momentos inolvidables con los lectores. Y lo cierto es que echaba de menos el sitio acogedor que nuevamente me ha brindado Maidhisa en su caseta. Fueron dos jornadas increíbles durante las cuales tuve la oportunidad de vivir una experiencia llena de buenos momentos.

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Abismo, Alguna clase de monstruo, Consejera nocturna, Un puñado de sombras, Grietas en el tenado, Pandemonio, Veneno de escorpión… Todos bien colocaditos en la caseta de Maidhisa

También, y como no todo era firmar, me dediqué a dar unos cuantos paseos arriba y abajo, a lo largo de las trescientas sesenta casetas. A veces costaba desplazarse debido a la auténtica riada de gente que invadió el Parque del Retiro durante este fin de semana. Se respiraba un clima de literatura absoluto, y era reconfortante ver a la gente acercándose a conocer a sus autores favoritos y llevándose sus libros firmados, además de alguna ocasional fotito. Ni siquiera el calor sofocante pudo amilanar a esta multitud de lectores.

Como no podía ser de otra manera, me acerqué hasta la caseta de Valdemar, esa editorial por la que sabes que profeso un auténtico fervor religioso. Si la economía y la logística me lo hubiesen permitido, creo que me habría traído el contenido completo de este stand para mi cueva aquí en Las Palmas. Te dejo algunas imágenes de ese impresionante rincón. También fue una buena ocasión para encontrarme con amigos y escritores de nuestra tierra, como Elio Quiroga o Alexis Ravelo, con quien compartí el vuelo de regreso.

Quería agradecer especialmente a todo el personal de Maidhisa por su calurosa acogida en la caseta y por todos los buenos ratos que me brindaron. También a Canarias Crea, sin cuya financiación esta aventura hubiera sido, lógicamente, mucho más complicada. Con la Feria del Libro de Madrid cierro esta temporada llena de desplazamientos, firmas, conferencias y actividades. Ahora queda preparar las clases para los talleres intensivos de verano (te recuerdo que estaré impartiendo dos en las instalaciones de Fuentetaja: nuestro habitual intensivo de Escritura Creativa, más otro sobre Pautas para escribir un relato de terror; consulta ambos aquí). Y, por supuesto, a seguir disparando letras y contando nuevas historias. Puede que el año que viene haya un hueco de firmas en la Feria de Madrid, y sería ideal aparecer por allí con abundante material nuevo…

Atrapado bajo el hielo

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No sé dónde estoy, pero un océano acristalado me aprisiona entre la incertidumbre y la desesperación. No sé cómo he llegado hasta aquí, pero estalagmitas sin número aguijonean mi piel con picaduras de un frío que, de tan intenso, quema como el mismo infierno. No sé cómo ha surgido sobre mi cabeza esta capota cristalina y espejada, este firmamento gélido que se extiende hasta donde no alcanza la vista, que se expande hasta donde mi imaginación abotargada no puede llegar.

No creo haber deseado encontrarme donde estoy ahora, nadando desnudo en un fluido glacial y espeso. No creo haber fantaseado con la posibilidad del agotamiento del oxígeno en el mínimo espacio que separa la línea de flotación de la base de esta techumbre rocosa y congelada, donde apenas existe un resquicio para que mis fosas ateridas exhalen una respiración vaporosa y cada vez más exangüe.

Pego mi labios amoratados e insensibles a la capa de hielo y ahogo un grito de estupor y pánico. No suena porque nadie puede oírlo, nadie puede rescatarme, nadie sabe que yazgo aquí, bajo esta inmensidad helada.

Finalmente grito. Y lloro. Y muero con exasperante lentitud. El frío espesa la sangre en mis venas y una densa niebla helada cubre mis pupilas, bien abiertas ante la desesperación de la hora final. No encuentro explicación, y no puedo despertar de algo que no es una pesadilla.

No puedo salir.

Inequívoca e irrefutable conclusión: estoy atrapado bajo el hielo.

El insecto: una historia universal

Hoy te traigo un post muy especial, porque vengo a disparar letras para hablarte de un relato que me ha marcado muy profundamente en mi vida lectora y que me ha hecho admirador incondicional de su autor por los siglos de los siglos, amén. Me refiero a La metamorfosis, de Franz Kafka. Desde que lo leí por primera vez, cuando daba los últimos coletazos el siglo pasado, los horizontes de mi vida lectora ya nunca volvieron a ser los mismos.

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Die Verwandlung. Leipzig, Kurt Wolff Editores, 1916. Se trata de la primera edición publicada de La metamorfosis

Como ya sabes, el título original de la novela es Die Verwandlung, en alemán, y como seguramente también sabes, narra la historia de Gregor Samsa, un comerciante de telas que mantiene a su familia con su magro salario y que, una mañana, despierta convertido en un insecto repugnante. La apariencia obviamente metafórica de esta premisa inicial ha suscitado múltiples y muy variadas interpretaciones a lo largo del tiempo, pero sin duda lo más apasionante de la novela es que la vertiente simbólica ejerce una perfecta simbiosis con la realidad ficticia propia del relato. La conversión, la transformación, esconde un profundo mensaje social y filosófico, pero lo cierto es que los personajes que rodean a Samsa —su hermana, sus padres, los huéspedes, el gerente y las criadas— le contemplan en su nuevo aspecto y reaccionan en consecuencia. La rotunda genialidad de la obra radica en la combinación precisa y equilibrada de ambas vertientes narrativas, una de ellas explícita y visceral —la del hombre metamorfoseado en cucaracha abominable—, la otra, profundamente soterrada y escondida entre las líneas del texto, es una de las reflexiones más lúcidas y brillantes que la literatura nos ha regalado acerca de la realidad del hombre en sociedad, de la indiferencia de un sistema burocráticamente asesino y embrutecedor y una maquinaria institucional absolutamente incomprensible para una raza que se ha entregado a la ceguera. También es una interesante parábola sobre el desdoblamiento de la personalidad, y el aislamiento familiar y social al que es sometido el protagonista esconde muchos de los trastornos que acosaron al propio autor durante su peculiar existencia. No por nada la novela está escrita en forma de autobiografía, con las consabidas hipérboles y exageraciones tan propias del universo kafkiano.

   Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto.

Mítica frase inicial de la novela.

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La metamorfosis, de Franz Kafka. Madrid, Alianza, 2011. 128 páginas

Hablando de eso que llamamos «kafkiano», esta novela sin duda es el paradigma de tal calificativo. ¿Qué es exactamente lo «kafkiano»? Quizá no exista una definición específica, pero podríamos decir que se trata de toda aquella situación extraña, absurda y ciertamente alejada de la lógica, pero que al mismo tiempo contiene algún componente desasosegante, angustioso y claustrofóbico, o que transmite una atmósfera entre enfermiza y algo impostada, como de maligno guiñol, que es en efecto de lo que están contagiadas permanentemente las obras del célebre autor checo.

De este hay poco que se pueda decir que no se sepa ya. Franz Kafka nació en Praga el 3 de julio de 1883. Solo escribió tres novelas, aunque todas ellas magistrales —El proceso, El castillo y El desaparecido—, la novela corta La metamorfosis y multitud de relatos memorables, como «La condena», «La muralla china», «Un médico rural», «Chacales y árabes» o «El comerciante». Su obra es de las más influyentes de la historia de la literatura. En ella se reflejan de forma patente el absurdo, la desolación y la desesperación del alma humana ante la maquinaria social, los problemas existenciales y el pesimismo ante el misterio de la vida.

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Franz Kafka (1883-1924)

La metamorfosis cuenta con un puñado de adaptaciones cinematográficas. La más célebre de ellas es la que dirigió el cineasta ruso Valeri Fokin en 2002, con Yevgeni Mironov en el papel de Gregor Samsa. El checo Jan Nemec —uno de los directores más prestigiosos de la llamada Nueva Ola Checoslovaca— había hecho una adaptación para televisión en 1975; la originalidad de este film radica en que en ningún momento se observa a Samsa delante de la cámara, sino que todo el relato transcurre a través de los ojos del personaje convertido en insecto. Más recientemente, en 2012, Chris Swanton dirigió la versión británica de la película, protagonizada por Robert Pugh. La rotunda complejidad narrativa y la insondable profundidad sociológica de la trama hacen que la novela, pese a ser una de las más célebres y prestigiosas de la historia de las letras, haya sido adaptada tan escasas veces al cine, y con resultados tan dispares.

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Fotograma de Prevrashchenie, la adaptación rusa dirigida en 2002 por Valeri Fokin. En la imagen, Yevgueni Mironov en el papel de Gregor Samsa

No podía dejar de hablar en este blog de La metamorfosis de Kafka, una de esas piezas literarias que te marcan de forma indeleble y que nunca, nunca jamás se borran de tu memoria.