Onetti: un autor inagotable

Llevaba tiempo queriendo dedicarle un espacio en El Disparaletras® a este genio singular llamado Juan Carlos Onetti. Seguramente era el enorme respeto por su obra y la difusa sensación de saberme no del todo preparado para comentarla lo que ha retrasado tanto este momento. Sigo convencido de que no estoy del todo capacitado para diseccionar a semejante autor, pero son más grandes las ganas que tengo de compartirlo contigo, así que me lanzaré a la piscina sin más. Y aunque toda su obra me fascina, todas y cada una de sus novelas me embelesan, hoy vengo a hablarte principalmente de mi libro favorito de Onetti; este tomo maravilloso que te enseño a continuación y en el que se aúnan sus Cuentos completos:

Cuentos completos, de Juan Carlos Onetti. Alfaguara, Madrid, 2009. 536 páginas

Creador de una estética propia, dominador de la expresión escrita como pocos o ninguno, retratista de la amargura y el pesimismo como no ha habido otro, dibujante de héroes grises e insustanciales, inútiles e impotentes, y maestro absoluto en el dominio de los conceptos de espacio-tiempo a través de la técnica narrativa, Juan Carlos Onetti emerge como una referencia totémica para los narradores hispanohablantes del siglo XX. Un poco descolgado de ese grupo compacto y homogéneo etiquetado con el onomatopéyico nombre de «Boom Latinoamericano», Onetti ha sido, sin embargo, una referencia ineludible para todos ellos, con quienes ha compartido amistad, aunque no tanto cartel; experiencias humanas, aunque no tanto mediáticas. Retraído, tímido, invariablemente atrincherado tras una coraza de silencio y protector absoluto de su intimidad creativa, Onetti ha construido sin alharacas un rico y profundo universo narrativo. Sus historias se basan, la mayoría de las veces, en simples contingencias terrenales, pero el autor uruguayo posee tal habilidad para escudriñar la esencia del hombre que esas sencillas eventualidades derivan en dilemas trascendentales para sus personajes, entes a medio camino entre la abulia y el fracaso, destinados generalmente a contemplar la lluvia, el humo de los cigarrillos, los residuos urbanos, la humedad de las paredes, las mil sombras que acechan en los rincones y que engullen las esperanzas desfallecientes del alma humana.

El pozo (Novelas breves 1) (incluye las novelas breves El pozo, Los adioses, Para una tumba sin nombre, La cara de la desgracia y Jacob y el otro), de Juan Carlos Onetti. Debolsillo, Barcelona, 2016. 256 páginas

Mediante un encomiable trabajo, la editorial Alfaguara ha conseguido reunir en un solo volumen la totalidad de los cuentos de Juan Carlos Onetti. Cabe aclarar que Onetti se ha mostrado especialmente hábil en la confección de algunas narraciones que, por su extensión, pueden exceder los límites de lo que normalmente conocemos como «cuento». Así, algunas de estas historias son consideradas «novelas breves». Es el caso de su primera obra publicada, El pozo (1939), un intenso relato intimista en el que ya se despliega el talento del mejor Onetti. Otras obras que pueden enmarcarse en esta categoría de «novela breve» son Los adioses (1954), Para una tumba sin nombre (1959), La cara de la desgracia (1960), Jacob y el otro (1961) o La muerte y la niña (1973), estas tres últimas incluidas, no obstante, en el volumen de los Cuentos completos. Este tomo incluye piezas maestras como «Un sueño realizado», «Bienvenido, Bob», «Esbjerg, en la costa», «El álbum», «El infierno tan temido», «La novia robada», «Ki no Tsuyaruki» o «Maldita primavera». En estos cuentos —y en todos los demás que componen el volumen— el lector tendrá acceso a un mundo cerrado y opresivo, agobiante por momentos, y cuyo discurrir narrativo ofrece la experiencia radical de una transmisión ficcional basada en un lenguaje literario puro y ascético. El lector conocerá las calles de Santa María, uno de los emplazamientos mito-poéticos más célebres de la literatura latinoamericana, y que Onetti creó a partir de su novela La vida breve, de 1950.

La vida breve, de Juan Carlos Onetti. Debolsillo, Barcelona, 2016. 400 páginas

Juan Carlos Onetti nació en Montevideo, Uruguay, en 1909. En 1930 se instaló en la ciudad de Buenos Aires, y tres años después publicó su primer cuento: Avenida de Mayo-Diagonal-Avenida de Mayo. Ejerció diversos oficios, algunos de ellos relacionados con la literatura y el periodismo, hasta la publicación de El pozo, en 1939. A partir de entonces es nombrado secretario de redacción del semanario Marcha, en Montevideo, cargo que ejerció hasta 1941. Posteriormente ingresó en la agencia de noticias Reuters, como encargado del teletipo; las guardias nocturnas junto al receptor de noticias le brindaron momentos muy fructíferos de lectura y escritura, como el propio autor contó en una entrevista inolvidable con Joaquín Soler Serrano en el programa de Radiotelevisión Española A fondo (1976). Por esos años su novela Tierra de nadie (1941) obtiene el segundo premio en un certamen de la editorial Losada, de Buenos Aires, ciudad a la que Onetti regresa en 1955. Continúa trabajando para la prensa y publicando novelas regularmente: Para esta noche (1943), y La vida breve (1950), novela troncal y fundamental para entender su obra, y considerada una de las novelas en lengua española más influyentes del siglo XX. Tras publicar algunas novelas breves —ya mencionadas— y contraer matrimonio por cuarta vez, publica en 1961 El astillero, una de sus obras más reputadas. En 1964 aparece Juntacadáveres, finalista del Premio Rómulo Gallegos de 1967. En 1974 tiene lugar un lamentable incidente tras el cual Onetti es detenido y encerrado en un manicomio por orden del dictador uruguayo Juan María Bordaberry. Gracias a la intervención del poeta español Félix Grande, quien reunió firmas para exigir su liberación, Onetti sale del centro psiquiátrico unas semanas después, y tras una breve estadía en Buenos Aires viaja a España. Una vez instalado en Madrid, permanecerá allí hasta el fin de sus días. Los años finales de Onetti están signados por la publicación de sus últimas obras: Dejemos hablar al viento (1979, con la que concluye su llamada «Saga de Santa María»), Cuando entonces (1987) y Cuando ya no importe (1993). En 1980 le fue otorgado el Premio Cervantes, y ese mismo año fue propuesto para el Premio Nobel. Aunque en 1985 la democracia volvió a Uruguay, Onetti decidió permanecer en Madrid, donde murió el 30 de mayo de 1994, a los ochenta y cuatro años de edad.

Juan Carlos Onetti (1909-1994)

Iconoclasta, irreverente, indisciplinado, reflexivo, existencialista, introvertido, sabio sin escuela, filósofo sin academia, pensador sin doctrinas, lector infatigable, literato apasionado y carente de vanidad, creador sin igual. Una cama, un vaso a medio llenar de turbio alcohol, el humo de un cigarrillo, un libro de Simenon en las manos, un codo apoyado sobre el colchón. La mirada lúcida, las gafas enormes. Un hombre tumbado en una cama, con las manos en la nuca, adivinando las sombras en el techo húmedo y telarañoso: el héroe onettiano por antonomasia. La muerte, la prostitución, el juego, la desolación, la bebida, los crímenes, el trabajo inveterado, el camino hacia la nada, el suicidio, la existencia inevitable: sus temas recurrentes. Imágenes, fragmentos, postales humedecidas que dan forma al mundo narrativo de uno de los genios creativos más conspicuos de nuestra literatura. Un autor cuya obra se vuelve inabarcable por la dinámica interna de su mensaje y por la complejidad formal de su discurso, que hace que sus cuentos y novelas evolucionen junto con el crecimiento espiritual del lector, características que permiten que cada lectura de cualquiera de sus textos sea única e irrepetible. Esa magia interna, ese arcano indescifrable, convierte a Juan Carlos Onetti en un autor inagotable.

«Cumbres Borrascosas»: más allá de la novela gótica

Cuando se analiza la cronología de la literatura gótica y, posteriormente, del terror victoriano, aparecen obras inclasificables y asombrosas que sin duda marcan un punto de inflexión, especialmente debido al tratamiento tan original que hacen del tema; en ocasiones, el factor distintivo se lo otorga la inclusión en la historia de un personaje indeleble para la memoria. En el caso de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë —novela ideal para leer en estos días lluviosos y fríos (Canarias), o azotados por una furiosa tormenta de nieve (resto de España)— nos encontramos con una novela que reúne ambas características. El resultado es una obra literaria de una intensidad emocional, espiritual y metafísica pocas veces vista.

Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë. Valdemar, Madrid, 2014. 397 páginas

Cumbres Borrascosas narra la historia de dos fincas ancladas en los desolados e inhóspitos páramos de Yorkshire (norte de Inglaterra), y de la ruina moral y física de dos familias: los Earnshaw, propietarios de Cumbres Borrascosas, y los Linton, instalados en la vecina Granja de los Tordos. Ambos árboles familiares caerán en desgracia a causa de la perversidad de un ser ruin y carcomido por el odio y el resentimiento: el mestizo Heathcliff, un niño desarraigado y de origen incierto que el señor Earnshaw adopta de pequeño, y que lleva a vivir con sus dos hijos pequeños, Catrherine y Hindley. Entre Heathcliff y Catherine se forjará muy pronto una relación obsesiva y malsana, un amor imposible que el paso del tiempo y las influencias familiares convertirán en la grotesca caricatura de una pasión incontenible. El perverso Heathcliff, rechazado por Catherine en beneficio de Edgar Linton, huirá derrotado de Cumbres Borrascosas…, pero regresará años después, dispuesto a llevar a cabo una cruenta e implacable venganza: todo su odio y crueldad se volcarán en contra de cualquier Linton o Earnshaw superviviente, hasta convertirse en el señor de ambas fincas. Así y todo, su pasión por Catherine sólo podrá ser satisfecha una vez que ambos atraviesen la barrera de la muerte.

Un aspecto muy interesante de Cumbres Borrascosas es su punto de vista. La novela está narrada en primera persona desde la perspectiva de Lockwood, un simple inquilino que arrenda la Granja de los Tordos en 1801. Una visita accidental a Cumbres Borrascosas despierta su curiosidad, y es entonces cuando entra en escena Ellen Dean, el ama de llaves, que es quien lleva la voz cantante en toda la novela, recreando la cronología de ambas familias mientras Lockwood se recupera de su enfermedad. El relato de Dean se verá salpimentado por intervenciones de otros personajes, quienes en determinados momentos también adoptarán el papel de narradores, y toda la historia se desplegará a través del testimonio de primera mano de todos los que intervienen. De esta manera, veremos que no se registran acciones objetivas desarrolladas por una visión omnisciente, sino un constante solapamiento de relatos en primera persona. Aun así, Emily Brontë maneja con enorme equilibrio esta pirámide de narradores, haciendo que la historia sea, a la vez que compleja e intrincada, perfectamente inteligible para el lector.

Los desolados páramos de Yorkshire (al norte de Inglaterra), escenario de la novela Cumbres Borrascosas. La familia Brontë también vivía en este condado, el más extenso de Gran Bretaña

La novela ofrece una oscura y atormentada visión metafísica del destino, arraigada en el deseo y la pasión de Heathcliff por su hermana adoptiva Catherine. Esta relación representa el foco central de las emociones en la narración, pero termina funcionando como causa de otras uniones, todas ellas saturadas de un apasionamiento incontenible. Discursivamente, es una de las novelas más violentas del siglo XIX: los personajes se agreden verbalmente y físicamente, y perpetran actos de una crueldad manifiesta, basados principalmente en el maltrato psicológico y la vejación emocional. La novela incluye flagrantes abandonos a enfermos terminales, secuestros, palizas, intentos de asesinato, humillaciones morales y hasta actos de necrofilia. Apelando a la descomposición ética y espiritual de estos rústicos habitantes de los páramos, la joven Brontë parece haberse esforzado en exagerar intencionadamente el tono y la atmósfera elegidos para narrar la novela, y el romanticismo del discurso alcanza altísimas cotas en numerosos pasajes de la narración. Esto crea una sensación estética muy particular en el lector: la historia resulta adictiva por la perfecta estructuración de la trama, mientras que la destilación puramente melodramática y la fuerza expresiva del mensaje crean escenarios narrativos muy impactantes para el lector.

La aparición del libro supuso una ruptura absoluta de los cánones del decoro que la Inglaterra victoriana esperaba y exigía a sus novelas; Emily Brontë se propuso bucear en lo más umbrío y retorcido de la conciencia humana, y articular la novela en la simbología entre las almas torturadas que la protagonizan y la hostilidad climática del entorno; los páramos yermos, desolados, lluviosos, rocosos e impracticables casi son un personaje atormentado más de esta épica tragedia, y resulta asombroso cómo la autora aprovecha estas características escénicas para conseguir, a través de la pura semiótica, circunstancias estéticas que conmueven al lector.

Emily Brontë (1818-1848)

La autora, Emily Brontë, nació en Thornton, Yorkshire, en 1818. Fue la quinta de seis hermanos, siendo muy conocidas también dos de sus hermanas por la popularidad que alcanzaron sus obras literarias Jane Eyre (Charlotte Brontë, 1847) y Agnes Grey (Anne Brontë, 1847). En agosto de 1824, las hermanas Brontë fueron enviadas al crudo internado de Clergy Daughters, en Cowan Bridge (Lancashire), de donde volvieron enfermas de tuberculosis. Las muchachas poseían una imaginación desbordante, lo cual les permitió crear un mundo ficticio que alimentaron con poesías, relatos y novelas. Fue entonces, al regresar del internado, cuando concibieron el plan de escribir una novela cada una, siendo el resultado las obras arriba mencionadas, más Cumbres Borrascosas (1847). A pesar de que las tres novelas son consideradas clásicos de la literatura inglesa, ninguna alcanzó el punto de popularidad de esta última, al menos en nuestros días. Cabe aclarar el hecho de que las tres hermanas tuvieron que publicar las novelas con seudónimos masculinos, debido a los problemas que tenían las mujeres por aquel entonces para editar sus trabajos literarios. Respetando las iniciales de sus nombres, Charlotte publicó Jane Eyre bajo el nombre de Currer Bell; Anne entregó Agnes Grey con el pseudónimo de Acton Bell; y Emily firmó Cumbres Borrascosas con el nombre de Ellis Bell. En septiembre de 1848 falleció su hermano Patrick, y en el entierro de este Emily enfermó y ya nunca se recuperó. Moriría tres meses después, el 19 de diciembre de 1848, con tan sólo treinta años.

Una lectura para disfrutar y paladear, para vibrar y asombrarse, Cumbres Borrascosas emerge como una de las historias de pasión enfermiza más intensas y mejor estructuradas del siglo XIX. La joven Emily Brontë consigue un melodrama inolvidable y entrega para la galería uno de los personajes más oscuros e implacables de la literatura: el perverso Heathcliff, paradigma del resentimiento y la obsesión, y reverso tenebrosos de los típicos héroes byronianos.

Para terminar, una cita de H. P. Lovecraft acerca de la novela en su ensayo El horror sobrenatural en la literatura: «El inquietante terror de la señorita Brontë no es un mero eco de la novela gótica, sino la expresión tensa de la reacción estremecida del ser humano ante lo desconocido. En este aspecto, Cumbres Borrascosas se convierte en símbolo de una transición literaria, y señala el nacimiento de una nueva escuela, más competente». Ha hablado el maestro… ¿Qué más puedo añadir yo?

Crónicas de Winesburg, Ohio

Como primer encuentro del año en este blog, te traigo hoy el resumen de una lectura muy especial. Se trata de una obra que leí hace muchos años, con todas las limitaciones de la inexperiencia, pero que aun así dejó un sedimento de curiosidad en mi ánimo lector. Hurgando hasta la saciedad en la obra de Faulkner y en la de sus incontables discípulos, el nombre del autor y el título del libro no dejaban de mencionarse como referencias ineludibles. Tras leer algunos fragmentos sueltos durante estos años, me decidí a regresar a sus páginas, lo cual me permitió descubrir su carácter de obra maestra y fundacional. Estoy hablando de una de las creaciones más genuinas de Sherwood Anderson, el inclasificable volumen titulado Winesburg, Ohio.

Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson. Acantilado, Bacerlona, 2009. 247 páginas

El rasgo de mayor originalidad que atesora Winesburg, Ohio lo encontramos en la estructura y el formato de la obra. ¿Es una novela? En parte, sí, ya que sus diferentes episodios articulan una cronología global, la narración de los habitantes del pueblo de Ohio en donde transcurren todas las historias del libro. ¿Es un volumen de relatos? También, ya que cada una de sus piezas se puede leer de forma independiente y prescindiendo de un orden determinado, sin que esta anarquía lectora haga perder un ápice de autonomía a cada uno de los «cuentos». La habilidad de Sherwood Anderson para hilar los diferentes elementos conceptuales del libro le permite esta inusitada versatilidad estructural. Tenemos, entonces, un manojo de cuentos excelentemente narrados que ofrecen, cada uno por separado, el segmento de un fresco global, de una historia integral maravillosamente ensamblada.

Un personaje central ejerce como elemento de unión principal: George Willard, un joven periodista del Winesburg Eagle, el periódico local. George es hijo de un matrimonio de hoteleros, y recorre las calles y los comercios del pueblo en busca de noticias y acontecimientos. De esta forma entrará en contacto con los diversos conflictos amorosos, pecuniarios, religiosos, sexuales, existenciales y mundanos de sus vecinos. En cualquier caso, la figura de George Willard no es la de un simple voyeur que espía los avatares de sus congéneres, sino que el autor también lo lleva a protagonizar su peripecia personal a lo largo de los episodios que conforman la narración. Todos estos capítulos, naturalmente, están enmarcados en la geografía determinada del pueblo de Winesburg, un espacio mítico que el autor trabaja con mimo y sumo detalle. El mapa del pueblo está presente en las descripciones y el recorrido de los personajes a lo largo de la narración, y los diferentes elementos escénicos interactúan una y otra vez con las acciones de los protagonistas. Este contacto permanente con el entorno hace que el lector en ningún momento pierda la referencia espacial en la que se desarrollan los diferentes estadios narrativos.

La edición catalana de Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson, con el famoso cuadro American Gothic (Grant Wood, 1930) en la portada. Viena Editorial, Barcelona, 2009. 256 páginas

De entre los cuentos que componen la obra cabe destacar «Nadie lo sabe», una de las aventuras del reportero George Willard en la que se narra un encuentro sexual fortuito con Louise Trunnion, una moza local; «Devoción», una larga historia articulada en cuatro partes que desglosa el devenir de la familia Bentley en el pueblo; «Aventura», la absorbente narración de Alice Hindman, una joven soltera que sucumbe a sus impulsos más primarios y a su necesidad de liberación; «Tandy», un relato estremecedor sobre una niña de cinco años sometida a la desidia de un padre agnóstico y a los inquietantes discursos premonitorios de un turbio forastero borracho; «La fuerza de Dios», narración que desgrana la tragedia y posterior redención de un sacerdote impelido a espiar a una mujer desnuda, con las consiguientes reflexiones sobre el pecado; «La maestra», que cuenta la historia de Kate Swift, una educadora local volcada en fomentar el talento literario del joven George Willard, en un relato cargado de pulsión sexual; y «La mentira no dicha», la peripecia de dos jornaleros sometidos a la esclavitud del matrimonio tras sendos escarceos amorosos. Por último, «Muerte», la impactante historia del doctor Reefy y su extraña relación mística con Elizabeth Willard, la madre del reportero protagonista. Por supuesto que el resto de historias no desmerece en absoluto, pero es importante destacar, una vez más, el carácter ambivalente del libro como compendio de historias sueltas o como narración global articulada.

Sherwood Anderson (1876-1941)

Sherwood Anderson resulta una piedra de toque fundamental para entender la narrativa norteamericana del siglo XX, con todo lo que eso significa. Su tendencia a la narración de corte regionalista terminaría forjando el impulso creativo de escritores de la talla de John Steinbeck, John Dos Passos o William Faulkner —a quien conoció de joven y, de alguna manera, sirvió de mentor—. Todos estos autores, y otros más, no han dudado en calificarlo como el padre literario de toda una generación. Anderson nació en Camden, Ohio, en 1876. A los catorce años abandonó los estudios y se dedicó a los más diversos empleos. Fue soldado en Cuba durante la guerra hispano-estadounidense, hasta que finalmente se radicó en Chicago, con el objetivo de dedicarse a la literatura. Allí empezó a escribir poemas, cuentos, novelas y ensayos. Su obra se reduce a un puñado de libros, de entre los que destaca, sin duda, el Winesburg, Ohio que nos ocupa hoy, libro publicado en 1919. En 1920 vio la luz su novela Pobre blanco, seguida de Muchos matrimonios (1923). De 1931 es La canción de las máquinas, un ensayo, y de 1933 Muerte en el bosque, otra colección de relatos. Anderson tuvo una muerte tan trágica como absurda, digna de un cuento de Quiroga: falleció de peritonitis tras haberse tragado un palillo de dientes. Esto ocurrió en Ciudad de Colón, Panamá, el 8 de marzo de 1941. Tenía sesenta y cuatro años, y para entonces ya había hecho germinar su semilla literaria en muchos de los más importantes y trascendentales escritores de la naciente generación de disparaletras norteamericanos. En 2009, la editorial Lumen publicó en España un volumen de sus Cuentos reunidos, libro que constituye un auténtico tesoro, un ejemplo depurado de su mejor narrativa breve.

Winesburg, Ohio me pareció un libro ideal para iniciar el 2021 en El Disparaletras®. Quienes asisten a los Talleres de Escritura Creativa que imparto desde hace unos años ya conocen algunos cuentos de este volumen, ya que su complejidad discursiva, su estilo limpio y exquisito y, sobre todo, la calidad y profundidad de su discurso hacen que cada una de las perlas que componen este volumen sea una pequeña lección de literatura.

Adiós, veinte-veinte

El de hoy será el último Disparaletras® del año 2020. Durante la última semana del año, y en la agonía del mes de diciembre, suele prevalecer la difusa sensación de que se cierra una etapa y comienza otra nueva, cuando lo cierto es que uno no para. Este año, quizá más que nunca, sobrevuela esa predisposición psicológica —basada principalmente en la esperanza— de que todo lo malo que ha ocurrido en 2020 se irá con él, y de que el nuevo año supondrá la superación de todos estos problemas. No quiero mostrarme ni demasiado agorero ni demasiado esperanzado. Simplemente diré: ojalá.

La medianoche que marca el límite entre un año y otro casi siempre ofrece un mínimo espacio para la reflexión. Se piensa, en ocasiones, en lo que se ha vivido durante esos doce meses, o en cómo progresarán ciertos proyectos que uno espera que encuentren continuidad en el año que empieza. También suele ocurrir que cuando uno piensa: «A ver qué nos traerá el nuevo año…», enseguida otra voz interna responde: «¿Y qué nos va a traer? Lo mismo de siempre». Ahora sabemos que esa voz nunca pudo haberse equivocado más que en lo referente a este infausto 2020 que, estoy seguro, nunca jamás olvidaremos.

Creo y siento que ni la más fértil imaginación creativa hubiera podido pergeñar semejante disparate de año, lo cual viene a demostrar una vez más lo que todos ya sabemos: que la realidad siempre supera a la ficción. Y ya no se trata de si alguna vez recuperaremos el mundo y nuestras vidas tal y como las recordamos, ya que muy probablemente ese fue el origen de todo el problema. A todo nos acostumbraremos y a todo nos adaptaremos, como siempre… Este 2020 nos ha traído un nuevo y desagradable compañero de viaje —me ahorro el nombrarlo—. Su compañía es como una mochila: condiciona nuestro devenir diario, supone una amenaza permanente, ha matado y seguirá matando gente, ha masacrado y seguirá masacrando nuestro desarrollo social… En una palabra: es como una pesadilla que no desaparece.

Bueno, ya me puse oscuro… Es deformación profesional. Vamos a intentar positivar un poco. Y es que, en lo personal, también ha sido un año complicado, con sucesos dolorosos, inesperados y cercanos a la tragedia. Sin embargo, a nivel profesional el tema no ha ido nada mal, y una vez más, como es costumbre, quisiera dedicar un pequeño espacio en este blog para agradecer a todos aquellos que lo hicieron posible. 2020 me ha permitido ofrecer a los lectores dos nuevas publicaciones: Lugares prohibidos y El Vástago del Mal. El primero, un reto que me orienta hacia un nuevo rumbo narrativo, mi propuesta para un público juvenil al que hasta ahora no había tenido acceso; el otro, el inicio de un proyecto de narrativa ambicioso y estimulante, el pistoletazo de salida de mi obra más amplia hasta la fecha. Los dos gozando de muy buena salud en el mes y medio que llevan entre los lectores. Los dos aportándome unas alegrías de fin de año con las que ni soñaba en marzo o abril. Es justo, por supuesto, el agradecimiento a todos los lectores y lectoras que se han acercado tanto a un libro como al otro, y que en tiempos donde gastar dinero se ha convertido en algo cercano a la utopía siguen apostando por este humilde Disparaletras. Este agradecimiento se hace extensivo, por supuesto, a mis editores: Jorge Liria, de Mercurio Editorial, y Verónica García Melgar y Juan Carlos Saavedra de Bilenio Publicaciones. Es obvio que sin ellos no existiría ningún lugar prohibido que visitar ni ningún vástago del mal al que dar a luz…

También quiero agradecer a todos mis alumnos y alumnas de los Talleres de Escritura Creativa por todo lo que hemos podido compartir durante este año. A todos aquellos que pusieron ganas y voluntad para adaptarse al formato videoconferencia cuando las cosas se pusieron verdaderamente complicadas, y a todos los que, tras un verano extraño y lleno de incertidumbre, volvieron a las clases presenciales en octubre con el mismo entusiasmo de siempre. También a los que se incorporaron hace poco y a todos aquellos que contratan tutorías y cuentan conmigo para su formación. Nuestras vivencias en la República de las Letras nos han permitido recordar por qué amamos tanto la creación literaria: sencillamente porque nos facilita el acceso a mundos que, muchas veces, son mucho más agradables que el nuestro, aunque sólo sea por el hecho de que son ficticios. Tenemos mucha peripecia literaria por delante, y esto, desde luego, continúa en 2021. Todo esto no sería posible, desde luego, sin la confianza que Fuentetaja sigue depositando en mí, y desde aquí un abrazo enorme a todos mis compañeros de la Academia; hemos tenido que sostener y sacar adelante una situación complicada que, en otras latitudes de España, sigue siendo inmensamente difícil. Lo estamos consiguiendo: nuestro amor y nuestra pasión por las letras lo puede todo.

Es justo también, y como siempre, enviar un agradecimiento a toda esa gente silenciosa que trabaja con ahínco y responsabilidad, y cuya colaboración resulta imprescindible para que pueda desarrollar este oficio con tanta tranquilidad y placer: agentes, representación, correctores, lectores beta, ilustradores y libreros. También a los organizadores de eventos que han contado conmigo durante este año tan complicado: es admirable el tesón y la irreductibilidad con la que han luchado para que salgan adelante los eventos culturales, viéndose, en la mayoría de los casos, pisoteados por la realidad. Algunos de estos encuentros salieron adelante y pudimos celebrarlos, aún con medidas restrictivas y todo lo demás. Otros se quedaron a medias y no hubo más alternativa que tirar de las nuevas tecnologías para llegar a los lectores y asistentes. Otros, por desgracia, debieron cancelarse del todo. Aquí no voy a hacer distinciones: desde aquí, un aplauso fuerte y de pie para todos los que pugnaron por sacar esos eventos adelante. Han sido un ejemplo de lucha y superación, y su esfuerzo sienta un precedente para este año que comienza.

También quisiera darte las gracias a ti, que frecuentas este blog y que este año me has ayudado mucho con tus visitas, comentarios y difusión; sin tu interés por las tonterías que escribo por aquí, hubiera sido imposible sacar adelante este rinconcito tan querido y tan importante para mi comunicación con los lectores y lectoras.

Finalmente, expreso mi agradecimiento final del año a los más cercanos: a mi familia, por asimilar y paliar mis agudas tribulaciones y comprender que todas mis dudas y miedos y anhelos y esperanzas vayan dirigidas hacia la misma obsesión de siempre —es algo que no puedo evitar, y lo saben… y lo aceptan, que es lo más complicado de todo—; y a mis amigos y amigas, con quienes, pese a la distancia, hemos logrado algunos momentos muy, muy especiales. Algunos del ambiente literario, otros no, han estado ahí en todo momento, compartiendo inquietudes y alucinando conmigo al respecto de todo lo que ocurría conforme avanzaban los meses.

Bueno, suficiente por hoy. Es más: suficiente por este veinte-veinte. Despidámoslo como se merece… Y estemos preparados para el que viene: ¿mejor?, ¿peor? Nunca se sabe. Este, desde luego, ha sido inolvidable y, en cierta medida, demoledor…

¡Feliz 2021!

El egoísta

Había sido el ser más mezquino, egocéntrico e individualista de los que había conocido. Jamás pensaba en nadie que no fuera en sí mismo; nunca había movido un dedo a no ser que fuese en beneficio propio. Nunca jamás había pensado en el bienestar o en la conveniencia de los demás.

Su muerte —un hecho natural— no despertó la habitual congoja. Murió solo. A su funeral y posterior entierro únicamente asistieron los deudos obligatorios, a quienes no acució el llanto. Su recuerdo muy pronto de desvaneció. Nadie lo echó de menos.

Pocos meses después decidí, en un inexplicado arrebato de compasión, llevar unas flores a su descuidada sepultura. Al llegar al cementerio vislumbré su figura desde la distancia, pero la inusitada espectralidad de la escena no me conmovió. Es más: puede que ni siquiera me sorprendiese. Allí estaba, sentado sobre un banco de piedra, contemplando su propia tumba, gimoteando en silencio, absolutamente desolado.

No necesitaba que nadie lo llorase. Ya estaba él para llorarse a sí mismo. Ya estaba él para lamentar su propia muerte.

Un relato victoriano de fantasmas

De entre la abundante narrativa relacionada al fenómeno de las casas encantadas hemos ya analizado unas cuantas muestras en este blog, concretamente tres joyas escritas a lo largo del siglo XX: Malpertuis, de Jean Ray, La maldición de Hill House, de Shirley Jackson y La casa infernal, de Richard Matheson. Pero el siglo XIX, y más concretamente la época victoriana, fue el periodo en el que el subgénero de las casas embrujadas floreció más que nunca, dando forma a muchos de los estereotipos narrativos posteriores. Una de las obras más destacadas de esta época gloriosa es una novela corta de Edward Bulwer-Lytton sabiamente traducida como La casa y el cerebro.

La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas, de Edward Bulwer-Lytton. Impedimenta, Madrid, 2019. 101 páginas

El relato, sencillo, plantea la posibilidad de que los fenómenos supuestamente paranormales que operan en una casa abandonada en Oxford Street, en pleno corazón de Londres, sean el producto de una mente perversa especialmente dotada para la ejecución del mesmerismo y la hipnosis. Escrita en 1859, la novela recoge buena parte de la fascinación por estas técnicas que expresara en sus cuentos Edgar Allan Poe durante las dos o tres décadas anteriores, pero redefine el concepto a través de la manifestación de fenómenos sensitivos en la planta alta del caserón. El narrador de la historia, instalado allí con el único propósito de descubrir la superchería —que él tilda de «no sobrenatural»— deberá afrontar en compañía de su perro una terrorífica noche de aparecidos y manifestaciones, tras la huida desesperada de su criado.

Bulwer-Lytton, uno de los autores británicos más destacados del siglo XIX, aunque eclipsado por las sombras gigantescas de Dickens y Thackeray, emplea en este breve e intenso relato un lenguaje ameno y conciso, aunque describe con gran riqueza de detalles las fluctuaciones ectoplasmáticas de las apariciones, dejando entrever así una historia pretérita que la pátina del tiempo no ha podido enterrar y que sobrevive a su propia extinción material. El narrador asiste, entre impávido y conmovido, a la recreación de un crimen ancestral, aunque aferrado en todo momento al concepto filosófico que sostiene su cordura: las manifestaciones mal calificadas por la filosofía como «sobrenaturales» no son tales, sino que forman parte de una naturaleza no asimilable por todas las mentes, y cuya ejecución depende de la habilidad adquirida por personas especialmente dotadas para el mesmerismo y la hipnosis.

Imagen típica del Londres victoriano (Royal Academy/Dominio público)

La novela posee una coda final verdaderamente estremecedora, en la que el narrador establece un contacto directo con el supuesto hipnotizador, quien, ya fuera de la casa, lo conmina a guardar silencio sobre sus habilidades a lo largo de un año y un día; tiempo suficiente como para desaparecer de la escena conflictiva e instaurar su poder intangible en otras latitudes. De esta forma, tanto el lector como el protagonista serán conscientes del origen ancestral de este misterioso personaje, quien, pese a su ausencia material, todo el tiempo hace sentir su poder siniestro durante la primera parte de la novela.

La casa y el cerebro ha sido celebrada y alabada por escritores de la talla de Lafcadio Hearn y H. P. Lovecraft como una de las mejores historias sobrenaturales escritas en el periodo victoriano. La contundencia de su narrativa y su frontal exposición de los portentos la convierten en una narración a ratos trepidante, pero siempre impregnada de un halo reflexivo, de un contenido profundo que nos empuja al replanteamiento de muchos de los preconceptos inherentes a la percepción de aparecidos y fantasmas. De paso, establece un nuevo parámetro en el siempre maleable mundo ficticio de las casas encantadas, convirtiendo al inmueble de Oxford Street en una de las construcciones embrujadas más memorables de la literatura.

Edward Bulwer-Lytton (1803-1873)

Edward Bulwer-Lytton fue un destacado poeta, crítico literario, novelista y político británico, nacido en Londres en 1803. Hijo de un general y una rica heredera, su fragilidad física lo llevó a pasar su infancia en varios internados, hasta que encontró la protección de un maestro comprensivo que estimuló su creatividad y su talento. Pasó por el prestigioso Trinity College, y en su juventud contrajo matrimonio con una joven irlandesa, unión que su madre repudió, y tras la cual le fue retirada su asignación. Bulwer-Lytton se convirtió, entonces, en un prolífico autor literario: novela, poesía, ensayo, crónicas históricas, crítica literaria, volúmenes de cuentos… Han pasado a la historia algunas frases célebres suyas, como «La pluma es más poderosa que la espada», o el reputado comienzo de su novela criminal Paul Clifford: «Era una oscura y tormentosa noche…». Fomentó una gran amistad con Charles Dickens, siendo el padrino de su décimo hijo. De entre sus obras cabe destacar Los últimos días de Pompeya (1834), Rienzi, el último tribuno romano (1835) o la fabulosa Zanoni, o el secreto de los inmortales (1842) —publicada por Valdemar—, maravillosa novela de temática gótico-fáustica. La casa y el cerebro (1859) supone también uno de sus logros más destacados.

El invierno está a la vuelta de la esquina, y se acerca la Navidad. Es una época ideal para sumergirse en este tipo de narraciones. Aquí seguramente no tengamos los amplios salones londinenses ni esas gigantescas chimeneas; tampoco veremos nevar a través de la ventana de nuestro salón…, pero al menos gracias a la literatura podremos recrear esa atmósfera tan especial que Dickens instauró con su famoso Cuento de Navidad. Esta contundente novela sobre casas embrujadas bien puede servir como suculento aperitivo.

Robert Neville: el último hombre sobre la Tierra

Cada cierto tiempo me da por releer algunas de esas obras que marcaron mi vida como lector; esas novelas que te cambian la perspectiva de la creación literaria, especialmente cuando pertenecen al género por el que siente uno pasión y devoción. La semana pasada, en un rato ocioso verdaderamente inhabitual, me arrellané en mi sillón favorito y de una deliciosa sentada me sumergí por enésima vez en el mundo postapocalíptico de Robert Neville; el fantástico y decadente mundo vampírico creado por el gran Richard Matheson. El mundo de Soy leyenda.

Soy leyenda, de Richard Matheson. Minotauro, Barcelona, 2015. 180 páginas

La novela apareció en 1954 y supuso toda una revolución en el género vampírico. Hablamos, recuerda, de los años cincuenta, la década del macartismo y del pánico nuclear, cuando todos los miedos del hombre —especialmente del norteamericano— se relacionaban con las amenazas atómicas y los peligros de un posible ataque bacteriológico pergeñado allende el telón de acero. En este contexto tenemos a un Matheson sumamente inspirado que combina un tema clásico —quizá el más clásico del terror victoriano— con la realidad de un mundo al borde del precipicio. El resultado es la agónica lucha de Robert Neville, el último hombre sobre la faz de la Tierra, que busca sobrevivir al acoso de unas criaturas infectadas por el mal supremo, la pesadilla definitiva: un vampirismo caníbal e insaciable.

Pero Soy leyenda no es sólo una de las cumbres del género de terror de todos los tiempos, sino además una profunda reflexión filosófica y existencial sobre el concepto de «monstruosidad», sobre el aislamiento y el sufrimiento de quien se siente diferente. Tomando como punto de partida la reflexión plasmada por Mary W. Shelley en Frankenstein, o el moderno Prometeo (1818), Matheson reelabora el concepto de monstruosidad en la figura de su protagonista, Robert Neville. Utilizando un narrador omnisciente selectivo, consigue en primer lugar una empatía absoluta entre lector y personaje; más tarde, y una vez que logra la identificación total del lector con el protagonista, nos presenta abruptamente la realidad desnuda que subyace bajo la trama de la novela: una vez devastado el planeta, y convertidos todos los supervivientes en vampiros y criaturas de la noche, el monstruo, el diferente, el ser aislado y repudiado por los demás, es el propio Robert Neville, es el lector… somos todos nosotros.

Richard Matheson (1926-2013)

Matheson emplea una narrativa directa y sin ningún tipo de artificio estilístico. Las frases son breves y rotundas, casi axiomáticas, y el estilo seco del discurso transmite la sensación de permanente urgencia y practicidad que envuelve todos los actos de Robert Neville por sobrevivir. Son especialmente impactantes los pasajes en los que el protagonista entabla amistad con un perro, o cuando visita durante el día el refugio de los vampiros comatosos para acabar con ellos clavándoles una estaca en el corazón. Otro de los méritos más destacados de la novela consiste en hacerse fuerte en el materialismo cientificista que sustenta toda la trama. Robert Neville —y con él el propio Matheson— lleva a cabo una investigación a través de la cual elabora una explicación seudocientífica del mal que aqueja a toda la población, y que está relacionado con una bacteria que se ha propagado a causa de unas furiosas tormentas de arena. Con este recurso, tan propio de grandes maestros como Machen, Blackwood o Lovecraft, Matheson destierra definitivamente el componente sobrenatural, hasta entonces tan arraigado a la temática vampírica en literatura, y especialmente consolidado durante el periodo victoriano de esta criatura tan cara al género de terror.

Fotograma de El último hombre sobre la Tierra (The Last Man on Earth, Sidney Salkow y Ubaldo Ragona, 1964), primera adaptación de la novela, protagonizada por Vincent Price

Hubo al menos cuatro adaptaciones al cine de esta novela, todas ellas muy famosas. La primera se rodó en 1964, con el inmortal Vincent Price en el rol de Robert Neville —Robert Morgan en la película— y con el título en español de El último hombre sobre la Tierra (The Last Man on Earth, Sidney Salkow y Ubaldo Ragona). La novela no tardaría en ser readaptada; siete años más tarde, Charlton Heston se vestía de Robert Neville en El último hombre… vivo (The Omega Man, Boris Sagal, 1971). Las dos siguientes adaptaciones llegarían muchos años más tarde, y ambas surgieron el mismo año: 2007. La más famosa, protagonizada por Will Smith (Soy leyenda [I Am Legend, Francis Lawrence]), y una muy dudosa producción titulada I Am Omega (íd., Griff Furst). Si te soy sincero, es tanto el cariño que siempre le he tenido a esta novela que no he querido «estropear» el efecto viendo ninguna de las obras que la adaptan al cine, ni siquiera las clásicas, que verdaderamente prometen. Quizá algún día… Mientras tanto, siempre que puedo me refugio en la asombrosa mezcla de terror, ciencia ficción y distopía descarnada que ofrece esta maravillosa novela de Richard Matheson; una obra que no sólo ofrece una originalísima vuelta de tuerca al género vampírico, sino que convirtió en leyenda a su autor, elevándolo al proscenio de las referencias ineludibles del género en el siglo XX.

«El vástago del mal»: Presentación en el Horror Fest

La semana pasada anuncié en redes sociales que había sido invitado a participar en el Horror Fest, el festival más importante de arte macabro que se celebra en Canarias. Va por su tercera edición, y tendrá lugar en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife —un poco más abajo te dejo todo el programa, que viene este año, como siempre, muy jugoso—. En el marco de este evento estaré impartiendo una ponencia sobre mi adorado H. P. Lovecraft y su impacto en la literatura de terror y la cultura popular. Me acompañará en esta conferencia Edward T. Riker, compañero de letras e ideario del Proyecto Choose Cthulhu, en el que ya sabes que participo; sin duda hay muchas posibilidades de que el contenido de nuestra charla derive en las novedades a comunicar sobre la segunda fase del Proyecto, muy esperada por todos.

Por si esto fuera poco, el evento también servirá como puesta de largo para mi nueva novela, El Vástago del Mal, publicada por Mercurio, y que estará en las librerías, presumiblemente, a partir de la primera semana de diciembre. Este es un libro muy especial para mí; se trata de una novela breve que, de alguna manera, sirve como prolegómeno a un proyecto mucho más amplio y ambicioso: una saga de novelas vampíricas cuya génesis se encuentra justamente aquí, en las páginas de esta novela. Aquí puedes ver la portada, una de las mejores y más impactantes que han tenido mis libros hasta la fecha (obra de Mélani Garzón Sousa, desde luego):

El Vástago del Mal (Mercurio Editorial, 2020, 136 páginas). Portada de Mélani Garzón Sousa

Aquí te dejo, también, la sinopsis de la novela:

Moldavia. Siglo XVI. En una pequeña comarca al pie de los Cárpatos, un ser oscuro ha engendrado su semilla en una comunidad temerosa de Dios, pero al mismo tiempo sometida al poder de un perverso terrateniente local. Sólo un sacerdote aventurado y fanático se muestra dispuesto a erradicar ese mal que, como una plaga, amenaza con expandirse hasta adueñarse de todo el pueblo… y de las almas de sus habitantes. Con una muy trabajada ambientación de época, Leandro Pinto explora los orígenes del horror sobrenatural y la raíz de los conjuros demoniacos en esta breve e intensa novela ambientada en el corazón de la Europa del Este, cuna de los mitos más arraigados y longevos del género. Apelando a fuentes clásicas y a un estilo depurado y exquisito, el autor de Pandemonio y Alguna clase de monstruo recrea la leyenda del íncubo y de la gestación de la semilla del diablo. Una historia en la que cada página resulta una estremecedora bocanada de maldad…

Llevo mucho tiempo prometiendo presentar una novela en la isla vecina de Tenerife, y nos pareció que la celebración del Horror Fest era una ocasión inmejorable. Lamentablemente, y como vivimos los tiempos que vivimos, habrá que estar pendientes de la evolución de la pandemia, tanto en una costa como en la otra; cruzamos los dedos para que este evento tan esperado pueda llevarse a cabo. En todo caso, te sugiero que prestes especial atención a las instrucciones para poder participar en el evento —las puedes consultar aquí—.

En el programa tienes todos los datos, pero desde ya te anticipo que nuestra ponencia sobre H. P. Lovecraft y la presentación del Vástago del mal tendrán lugar el jueves 10 de diciembre, a partir de las 19.00 horas en la Sala de Arte Los Lavaderos (Santa Cruz de Tenerife). De haber algún cambio en la programación, te enterarás antes que nadie a través de este blog.

Por el momento, es todo. Se está preparando un excelente muestrario terrorífico para esta edición del Horror Fest, y si vives en Tenerife y te gustan las tinieblas no te puedes perder la enorme variedad de actividades que tendremos. Por mi parte, espero verte por allí, entre los jirones de oscuridad; tengo unas cuantas cosas que contarte acerca del Maestro de Providence y, además, una nueva historia en forma de novela. ¿Te lo vas a perder…?

Padre e hija

Desde la puerta de la habitación, el padre observó a la hija durmiendo en su cama, arrebujada en sus mantas grises, opacas. Supo que era un pecado perturbar su sueño, pero necesitaba saber. Se había hecho —le había hecho— la misma pregunta muchas veces, sin obtener respuesta.

Una vez más, atravesó la habitación en penumbra y se sentó sobre el frío colchón.

—Hija —dijo, y la sacudió suavemente. La chica seguía durmiendo—. Despierta, cielo.

Ella abrió los ojos, somnolienta. No habló, pero lo interrogó con la mirada. En sus ojos había fastidio. Desazón. Hartazgo.

—¿Cuándo podré saber realmente lo que te pasó? —preguntó el padre.

Ella ensombreció el gesto, se cubrió la cabeza con las mantas y procuró seguir durmiendo. Una vez más, su respuesta fue el silencio.

El padre, apesadumbrado, se puso en pie y se alejó de la cama. Cuando llegó al umbral se dio la vuelta y, con lágrimas en los ojos, contempló por enésima vez la cama vacía.

Horriblemente vacía.

LPA Confidencial: Nuestra semana Negra

Hoy da comienzo un evento que se ha estado promocionando por todo lo alto durante los últimos días: la 1ª Edición de LPA Confidencial, un festival de novela negra online que reúne a una treintena de novelistas del género negro y policíaco. Hablamos de un evento de carácter internacional promovido desde Gran Canaria, y en el que estarán participando artistas de la talla de Álex Falcón, José Luis Correa, Alexis Ravelo, Carlos Álvarez, Carmen Moreno, Christian Santana, Marta Robles, Miguel Aguerralde, Nora Navarro, Rosa Ribas, Víctor del Árbol y muchos más. El evento fue anunciado en rueda de prensa por Mayte Martín el pasado miércoles, 11 de noviembre.

En el marco de este esperado festival, Elena Puchalt y yo estaremos impartiendo un Taller de Escritura Creativa en clave de Rol en torno a la novela negra. Esto es: un evento interactivo de ida y vuelta con los participantes, de dinámica horizontal, en el que jugaremos a crear tramas de novela negra y policial siguiendo unas directrices creativas concretas en base a los preceptos estéticos de este fascinante género literario. La actividad tendrá lugar a través de plataformas online de vídeo-conferencia, y se desarrollará entre las 11.00 y las 13.00 horas del sábado 21 de noviembre.

Rueda de prensa durante la cual se anunció el evento (11 de noviembre).

El festival LPA Confidencial dará comienzo esta tarde, a partir de las 18.00 horas, con el acto de inauguración a cargo de Sylvia Jaén —representante del Gobierno de Canarias— y de Mayte Martín —dirección de LPA Confidencial—. En todo caso, puedes acceder desde aquí a todo el programa, para que tengas claros los horarios y participantes y que no te pierdas una sola actividad de las que componen este mega festival internacional de novela negra, este esperadísimo evento que hemos dado en llamar LPA Confidencial, nuestra semana negra particular.

Thomas Ligotti. Parte V: Apuntes nocturnos

Tras la aparición de Grimscribe. Vidas y obras en 1991, la siguiente colección de cuentos extraños y macabros de Thomas Ligotti no se hizo esperar demasiado. Fue en 1994 cuando vio la luz Noctuario, a día de hoy su libro más popular y posiblemente el más representativo de su obra, el que mejor ejemplifica el universo conceptual del autor. Siguiendo el modelo del volumen anterior, Noctuario presenta una colección de cuentos independientes y autónomos, pero que obedecen a un tipo muy sutil de ilación casi invisible que de alguna manera los emparenta, dando forma a un fresco global realmente fascinante. Noctuario es la representación literaria de una serie de extractos redactados desde la negrura más absoluta, un bloc de notas de las tinieblas, un conjunto demoledor de terroríficos apuntes nocturnos.

Noctuario [Relatos extraños y terroríficos], de Thomas Ligotti. Valdemar, Madrid, 2012. 232 páginas.

El libro arranca con un interesantísimo prólogo del autor donde se traza una semblanza de lo que es el corpus temático y estético del volumen —y, por extensión, de toda su obra literaria—. Este texto, titulado «En la noche, en la oscuridad», resulta fundamental para entender las bases comunicativas de la literatura ligottiana. Analizada la obra del autor desde una perspectiva global, este fragmento sería muy recomendable para leer como prefacio a toda su narrativa.

Tras el prólogo comienza el volumen de relatos, que se divide en tres grandes bloques. El primero de ellos, «Estudios de sombra», incluye cuatro excelentes piezas de narrativa breve. «La Medusa» es sin duda una de las mejores y más inquietantes narraciones escritas por Ligotti en toda su carrera. Cuenta la historia de un erudito que ha dedicado su vida entera al estudio de la criatura mitológica que da título el relato, y de sus deseos soterrados y prohibidos de vivir la experiencia de metamorfosear en estatua de piedra tras la contemplación de sus ojos y las serpientes de su cabeza. Le sigue «Conversaciones en una lengua muerta», una fascinante y originalísima recreación de la noche de Halloween a través de la figura de un amargado y solitario cartero. «El prodigio de los sueños» es otra de las grandes narraciones de Ligotti: un hombre recluido en una lujosa casa junto a un lago observa el comportamiento anómalo de un grupo de cisnes, al tiempo que revive sus temores más genuinos, plasmados en unos cuadernos de viaje que él mismo ha escrito. Cierra el bloque «El ángel de la señora Rinaldi», la historia de un experimento esotérico con reminiscencias a Arthur Machen, y a la vez un juego literario sumamente audaz.

Edición limitada, firmada por el autor e ilustrada por Aeron Alfrey de Noctuario (Subterranean Press, 2012)

La segunda parte, «Discurso sobre la negrura», se abre con la que probablemente sea la obra maestra definitiva de Thomas Ligotti: el relato «El Tsalal», elemento paradigmático de su narrativa y símbolo inconfundible de sus mundos tenebrosos. Este relato nos habla de un emplazamiento mágico: Moxton, también llamada «la ciudad esqueleto», y es la tétrica historia de un éxodo de ida y vuelta y de un volumen maldito: El Tsalal. El relato es un desfile de imágenes expresionistas y difusas, apenas retazos de postales de oscuridad y desolación. El estilo fusiona lo gótico y lo onírico con fugaces pinceladas de surrealismo, y desgrana la cronología de una concepción maldita, ejecutada a través de los rituales impuestos por este volumen prohibido. Se trata, por supuesto, de un relato eminentemente literario, alejado de los convencionalismos visuales que han degenerado el horror literario. Cuando hace poco más de un año me pidieron que elaborase un listado de los veinte mejores relatos de terror de todos los tiempos, ubiqué «El Tsalal» en el puesto número 9 —puedes ver esta conferencia aquí—.

«Demente velada de expiación», el siguiente relato, también resulta paradigmático en la obra del autor. Es la historia de un extraño predicador, una especie de feriante demente que ofrece una grotesca performance visual a sus espectadores. El relato establece una visión global de los conceptos ligottianos sobre la creencia en Dios, o sobre la propia elaboración de una deidad a imagen y semejanza del hombre, incidiendo en el eterno dilema de quién creó a quién.

En «El extraño diseño del maestro Rignolo» asistimos a la visita de dos personajes a la buhardilla de un artista, donde podrán contemplar fascinantes prodigios que marcan la premonición de un desenlace tan macabro como perfectamente solapado entre los repliegues de la trama. Este relato posee dos momentos realmente perturbadores: el encuentro previo a la visita al desván del maestro Rignolo y el epílogo, donde los protagonistas se reúnen en una plaza tenebrosa, en una ciudad sin forma y envuelta en sombras.

La sección se cierra con un relato de corte surrealista: «La voz en los huesos», desarrollado en un emplazamiento fantasma y envuelto en un halo de obtusa y nebulosa pesadilla; se trata más de la descripción de una alucinación que de una peripecia en el mundo de lo tangible.

Colección completa de las ilustraciones de Aeron Alfrey para las ediciones de Thomas Ligotti publicadas por Subterranean Press.

La tercera parte es la más especial de todas, y la que sin duda más comentarios ha suscitado por su particularísima factura. Se titula «Cuaderno de la noche» y, más que relatos o cuentos propiamente dichos, engloba un conjunto de poemas en prosa, reflexiones, retazos de narraciones o referencias sesgadas que, aunque parezcan meros apuntes o notas preliminares, constituyen una de las cimas de la prosa ligottiana. Allí encontraremos piezas tan destacadas como «Salvación mediante la perdición», «Muerte sin fin», «Lo desconocido», «Los maestros de muñecas», «Asco primigenio», «El falso misterio» o «El espejismo eterno», entre otras. Son narraciones sumamente breves, de apenas una o dos páginas de longitud, de contenido puramente filosófico, y en cuya concisión Ligotti ha logrado encapsular muchas de las aristas de su inquietante universo de horrores deformes, realidades contrahechas y pesadillas refractarias.

Ilustración completa de Aeron Alfrey para el relato «El Tsalal», obra maestra de Thomas Ligotti incluida en Noctuario.

Como conjunto, Noctuario se erige como la culminación de un estilo y una estructura temática, como la manifestación quizá más depurada de lo que es la estética ligottiana. El autor de Michigan encuentra aquí una impresionante desenvoltura en las narraciones, y alcanza en algunos de estos relatos muchas de sus obras cumbre.

En todo caso, el talento de Thomas Ligotti, su paciencia, la exquisitez de su estilo y su inveterado afán de perfeccionismo estético todavía no se habían agotado. Durante los quince años posteriores desarrollaría a fondo su teoría filosófica y pergeñaría algunas otras piezas maestras de esto que ya por entonces era una realidad tangible: el horror filosófico, la vuelta de tuerca mediante la cual reinventó el horror moderno en literatura. Mientras tanto, nos dejaba este impresionante compendio de apuntes nocturnos, este cuaderno de notas de pesadilla que, muy probablemente, constituya su punto creativo más elevado.

Lugares Prohibidos

La Feria del Libro de este inefable 2020 es un evento que ha estado en el aire durante meses. Removida de sus fechas habituales por motivos lógicos, se pasó a principios de octubre. Después, a finales de octubre. Finalmente, a un hueco en el calendario entre los días 4 y 8 de noviembre —es decir, esta semana que hoy comienza—. Y es en el marco de esta Feria donde tendré oportunidad de presentar en sociedad mi nueva novela: Lugares Prohibidos.

Portada de Lugares Prohibidos, obra de Álex Falcón. Bilenio Publicaciones, 2020, 218 páginas

¿Quieres que te cuente de qué va? Aquí tienes la sinopsis:

Los mellizos Jota y Nereida están pasando una agradable tarde en El Puertillo junto a sus amigos, disfrutando del sol veraniego y de la sincera amistad que une a todo el grupo. Pero todo cambia cuando Jota se arroja de cabeza al agua y, para sorpresa de los demás, no sale a la superficie. Parece habérselo tragado la tierra, y lo que se presentaba como un verano mágico deviene en una inquietante pesadilla para Nereida, Tania, Chechu y Lulú, quienes de pronto comprenden que no tienen otra opción que no sea ir a buscar a su amigo… donde sea que este haya ido a parar. ¿Pero   qué   se   esconde   tras   los   lugares   prohibidos   que   pronto descubrirán?   ¿Qué   hay   más   allá   de   ese   muro   invisible   que   deberán trasponer para llegar hasta Jota? ¿Cómo es posible que su Gran Canaria natal, ese paraíso en el que siempre han vivido, se haya convertido en un oscuro escenario de caos y destrucción? Las respuestas a estas preguntas las descubrirás acompañando a este grupo de amigos hacia la cara oscura de la realidad; un mundo paralelo que, aunque no puedas verlo, está ahí, listo para absorberte…

Lugares Prohibidos es un libro muy especial para mí. Representa no sólo mi primera experiencia en el campo de la narrativa juvenil, sino la primera de mis historias publicadas ambientada en Gran Canaria. Si vives en la isla, encontrarás entre las páginas de esta novela unos cuantos escenarios que seguramente te son muy familiares. La historia está enmarcada en un entorno de fantasía en el que son posibles los pasajes a otras dimensiones espaciotemporales, y donde los protagonistas se verán empujados a superar las dificultades propias de la adolescencia y a superar sus propios miedos.

La novela nos llega de la mano de Bilenio Publicaciones, un sello de prestigio y enorme empuje en el ámbito de la cultura en Canarias, y especializado en jóvenes lectores. También es mi primera experiencia con ellos, y te puedo asegurar que ha sido una gozada contar con su apoyo en este proyecto. El libro ya está disponible en la web de la editorial (puedes acceder desde aquí).

No te puedes perder la presentación de la novela. Como digo, tendrá lugar en el marco de la 32ª Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, a celebrarse en el Parque Santa Catalina —ojo: no en San Telmo, donde habitualmente se celebra—. La presentación de Lugares Prohibidos tendrá lugar el domingo 8 de noviembre a las 11.00 horas en la Carpa Juvenil. Es importante aclarar que este año la Feria llevará un control estricto del aforo, con lo cual será necesario que reserves tu plaza en la presentación. Puedes hacerlo a través de este enlace.

Cartel promocional de la 32ª Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria. Este año, como no podía ser de otra manera, dedicada a la figura de Benito Pérez Galdós, en su centenario.

Como cada año, están siendo unos días cargados de actividades, noticias y eventos. Sí: porque Lugares Prohibidos no será el único libro que presente por estas fechas…, pero esa es una sorpresa que espero desvelarte muy pronto. Por ahora, te dejo por aquí esta cita infaltable. ¡Nos vemos allí!

¿Qué fue de Ellie Creed?

Hace algunas semanas anuncié en las redes sociales que había tenido la suerte de ganar un concurso de relatos dedicado a Stephen King, y organizado por la prestigiosa revista Círculo de Lovecraft. La consigna era muy clara: escribir un relato ambientado en los mundos de King, tomando como referencia algún escenario, contexto o personaje de cualquiera de sus obras. Me pareció que era una excelente oportunidad para responderme a una pregunta que me había hecho muchas veces: ¿Qué ha pasado con Ellie Creed, la hija del malogrado doctor Louis Creed en Cementerio de animales, para mí una de las tres mejores novelas de Stephen King? Como recordarás, la pequeña Ellie es la única de toda la familia que no sucumbe a la maldición del cementerio micmac —salvo en la última adaptación cinematográfica, claro, en la que a los tipos se les ocurrió… En fin—. Y ya que ni el propio King había resuelto el interrogante, me lancé a la aventura de buscarle una continuidad a la historia de la única superviviente, a quien en las últimas páginas de la novela dejamos con sus abuelos en Chicago, a una distancia prudencial del maldito pueblo de Ludlow en donde tiene lugar todo el asunto.

Portada del número 17 de Círculo de Lovecraft, de próxima aparición, donde se publicará el relato «Ludlow, Maine»

Significó para mí una gran noticia que mi relato resultara ganador de este certamen, en el que participaron más de doscientos escritores aficionados a Stephen King. Como asiduo lector de Círculo de Lovecraft, me gratificó especialmente. Así que tendré el honor, junto a otros doce compañeros, de ver mi relato —titulado «Ludlow, Maine»— entre las páginas de esta publicación de referencia. Pero hablar de todo este asunto nos lleva, por supuesto, a la gran novela de Stephen King. Cementerio de animales está basada, como tantas otras obras del autor, en algunas experiencias personales. A finales de los setenta, y tras lograr el éxito con Carrie (1974), El misterio de ‘Salem’s Lot (1975) y El resplandor (1978), Stephen King y su familia se establecieron en Orrington, un aparentemente idílico pueblecito de Maine en donde el escritor buscaba aislamiento. Muy pronto descubrió un improvisado cementerio de mascotas en la parte trasera de la casa, y poco después el perro de la familia murió atropellado en la carretera, aplastado por uno de los camiones de fertilizantes que pasaban zumbando por el asfalto de la calzada. No tardarían mucho los King en llevarse el susto de su vida cuando al pequeño Owen —sí, el mismo Owen King que es coautor del libro Bellas durmientes (2018)— casi lo hace papilla uno de estos camiones. Los King decidieron mudarse de tan siniestro lugar, pero es obvio que al bueno de Stephen todo esto le sirvió como inspiración para la creación de una de sus obras maestras.

Cementerio de animales, de Stephen King. Debolsillo, Barcelona, 2017. 483 páginas

Cabe aclarar que el manuscrito original dormitó en un cajón durante un par de años. Stephen King, un padre entregado, se horrorizó al finalizarlo y comprobar lo que había escrito, y lo mismo le pasó a su mujer, Tabitha. No obstante, el escritor tuvo el acierto de comprender que semejante novela no podía quedarse sin publicar. Vería la luz, editada por Doubleday, el 14 de noviembre de 1983 —curiosamente, tres días después de que este Disparaletras que suscribe arribara al mundo—. Cementerio de animales bien puede hacerse un hueco entre las mejores novelas de terror del siglo XX.  Además de los hechos biográficos antes mencionados, la idea argumental surge como un homenaje al gran relato de W. W. Jacobs «La pata de mono» —del que ya hemos hablado en este blog aquí—. La novela posee una de las atmósferas más terroríficas de toda la obra de King, y exhibe un acabado en sus formas y en su diagrama narrativo muy propio de las novelas de este periodo del autor. La narración transmite un terror denso, pegajoso y realista, y toda ella está recubierta de un halo excepcionalmente trágico. A la hora de mencionar sus adaptaciones al cine, huelga aclarar que me quedo con la versión clásica, realizada en 1989 por Mary Lambert y estrenada en España con el dudoso título de Cementerio viviente. No sólo es una adaptación mucho más fiel a la novela, merced a un excelente guion escrito por el propio Stephen King, sino que el autor realiza uno de sus inmortales cameos como sacerdote en el oficio de un entierro, en la que es a día de hoy una de las imágenes más icónicas del cine de terror de todos los tiempos. Hela aquí:

Stephen King oficiando de sacerdote en la versión cinematográfica Cementerio viviente (Mary Lambert, 1989). Una imagen memorable

A la espera de la aparición de «Ludlow, Maine» en las páginas de Círculo de Lovecraft, donde te ofrezco mi particular secuela de esta impresionante novela, no estaría de más, quizá, sumergirnos por enésima vez en las páginas de una de las obras más escalofriantes de Stephen King.

La despedida de hoy es musical y obligatoria: los Ramones interpretando Pet Sematary, impagable canción incluida en el álbum Brain Drain (1989). El fandango grotesco-macabro que se marcan en el videoclip apenas merece comentario…

Ramones, Pet Sematary (Brain Drain, 1989)

Joyride: el renacer de la Bestia Humana

La enorme labor que está haciendo la editorial Biblioteca de Carfax nos permite tener acceso a obras casi enterradas en el olvido, como lo es esta trepidante novela del inigualable Jack Ketchum, autor al que seguramente conocerás por la factura de su obra maestra: La chica de al lado. Por cierto, la misma Biblioteca de Carfax ha anunciado la reedición de esta novela para principios de noviembre, así que todos los adeptos/adictos a la narrativa de Ketchum estamos de enhorabuena. En cuanto a Joyride, el autor nos invita a una demencial carrera por la supervivencia de la mano de unos personajes de moral quebradiza y de uno de los villanos más fascinantes de la literatura contemporánea.

Joyride, de Jack Ketchum. La Biblioteca de Carfax, Madrid, 2019. 279 páginas.

Carole Gardner y Lee Edwards se ven involucrados en un caso de asesinato. Son culpables, pero las vaporosas estructuras morales amparan su proceder. El crimen parecer estar perfectamente orquestado, a no ser por la inesperada presencia de un testigo accidental: Wayne Lock, un perturbado peligroso obsesionado con el asesinato y la muerte, y cuyos demenciales circuitos mentales colapsan ante la contemplación del acto luctuoso. A partir de entonces, la trama nos conduce entre empujones y zarandeos a lo largo de un enloquecido recorrido por las carreteras de Vermont y New Hampshire; un carnaval de asesinatos, violaciones, torturas, matanzas y persecuciones que revelan el lado más salvaje de la condición humana: ese que permite la liberación sin paliativos de la Bestia que todos llevamos dentro.

Ketchum, fiel a su estilo, utiliza un lenguaje coloquial muy asequible para el lector, y un ritmo vertiginoso sembrado de diálogos minimalistas y sencillas descripciones. La fuerza de su narrativa se fundamenta en el chorro de acción sin pausa mediante el cual discurre la historia, y acelerado el ritmo mediante unos muy apropiados cambios de perspectiva. El ojo narrador fluctúa entre los tres personajes principales: Wayne Lock, un desequilibrado que apunta en un cuaderno los agravios de sus vecinos y conocidos junto a la palabra Represalia, para un buen día tomar buena venganza de cada uno de ellos; Carole Gardner, una mujer de fuerte personalidad que busca dejar atrás una vida de maltrato y pesadillas; y el teniente Joseph Rule, el policía que investigará la ola de asesinatos que se ha desatado, y cuyo frágil estado emocional lo lleva a visitar a un terapeuta en secreto. Ocasionalmente, tendremos acceso a la perspectiva de otros personajes, como Lee Edwards, amante de Carol, o algunas de las infortunadas víctimas de Lock. En todo caso, el autor consigue una narración absolutamente hipnótica y atrapante, de esas que impiden soltar el libro.

Uno de los aspectos a resaltar es el uso descarnado de la violencia. Ketchum ha utilizado este recurso en su carrera como una seña de identidad: se trata de un autor que reconoce las explosiones de violencia como uno de los aspectos fundamentales de la psique humana, y que, como un animal que permanece enjaulado, siempre corre el riesgo de quedar libre y dejar a su paso un sendero de destrucción. En este caso, son dignas de mención todas las descripciones de asesinatos a sangre fría que lleva a cabo Lock una vez que su locura se ha desatado por completo, y cuando cada una de esas Represalias apuntadas en su cuaderno ha de hacerse efectiva.

Jack Ketchum (1946-2018)

El libro está dividido en capítulos breves —en ocasiones, brevísimos— y, como digo, su lectura discurre a gran velocidad. Es una novela de dos sentadas, tres como mucho, y tras la cual el lector terminará agotado. Hay secuencias que resultan verdaderamente angustiosas y claustrofóbicas, y los pasajes de acción sin freno en ocasiones aparecen contrapunteados por momentos de introspección de los personajes, fugaces y no demasiado profundos, como si fueran simples respiraderos en mitad una lectura agitada y que deja al lector casi sin aliento. La novela basa su idea de partida en la premisa que Émile Zola utilizara en su día para la elaboración de su gran novela La bestia humana: un hombre obsesionado con el asesinato presencia un crimen cometido por otras dos personas, a las que decide acercarse para conocer sus sensaciones. De esta forma, Ketchum reelabora la propuesta impregnándola de la violencia inherente a nuestro enloquecido mundo contemporáneo.

Como siempre, brillante trabajo de la editorial Biblioteca de Carfax no solo en la elección de la pieza para su selecto catálogo, sino en la confección del volumen y en la ilustración de portada, impresionante trabajo del ya habitual Rafael Martín Coronel.

Una lectura para vibrar y disfrutar; una novela de terror absolutamente realista y sin visos de sobrenaturalidad; un puñetazo al hígado del lector por la visceralidad de sus descripciones y por la violencia explícita de muchos de sus pasajes. Ketchum en estado puro.

Viaje nocturno

—Para el coche —dije—. Yo me bajo aquí.

Su sonrisa, cargada de ironía, volvió innecesaria cualquier aclaración. Él no podría detenerse, y yo no podría bajarme. El impacto ya había tenido lugar un trecho antes, y ahora la Muerte nos perseguía a toda velocidad.

Contemplé embelesado el negro destino en forma de pavimento, las líneas amarillas de la carretera, la oscura e impenetrable lontananza de un destino incierto allá delante. Volábamos sobre el asfalto con la velocidad de las almas en pena. Él ya apestaba considerablemente. Yo apenas percibía mi propio hedor, pero eran señales sensitivas inocuas. Hablarlo hubiera sido redundante, tautológico. La realidad estaba bien clara, y no importaba que esa pegajosa capa de irrealidad tergiversara el escenario con aquel sopor de Leteo.

—¿Crees que nos alcanzará? —pregunté. Mi voz sonó hueca a mis propios oídos. Provenía de ultratumba; hacía rato que la venía oyendo en mi cabeza.

—Ya nos alcanzó hace rato —sentenció, y me miró.

Su rostro ya se caía a pedazos, víctima de la putrefacción…

Saki: el cuentista perfecto

Sin duda el siglo XIX fue de los más fecundos si hablamos de los grandes cultivadores del cuento como forma narrativa. Solo por nombrar a los más destacados, tenemos a Conrad, Stevenson, Maupassant, Poe y Chéjov. Hacia finales de siglo surge también la figura de un escritor magistral aunque no demasiado conocido, y cuyo tratamiento del cuento lo convierte en uno de los mejores autores de su generación; un cuentista perfecto que por derecho propio ha de ocupar un lugar entre aquellos otros nombres ilustres. Me refiero al inimitable Hector Hugh Munro, más conocido como Saki.

Animales y más que animales, de Saki. Valdemar, Madrid, 2011. 296 páginas

La narrativa breve de Saki se basa en un cuidado equilibrio entre fondo y forma y en una combinación milimétrica de los tres elementos primordiales con los que un autor trabaja el ritmo en un cuento —escena, descripción y resumen—. Así, sus relatos están dotados de una cadencia y de un pulso narrativo tal que en ningún momento la acción parece acelerada ni ralentizada. Valiéndose de un instinto infalible, Saki elige inmejorablemente en qué partes de su cuento aplicar la triada de elementos, consiguiendo de esta manera que la pieza sea en todo momento atrapante y sumamente agradable de leer. Por supuesto que el contenido de los cuentos es interesante y está tratado muy ingeniosamente, pero el enorme valor literario de la obra de Saki descansa sobre todo en la composición, en la aplicación de la técnica y en el pulido exhaustivo de cada uno de sus cuentos.

La temática de estos gira en torno a la burguesía inglesa de finales del siglo XIX. Criado por unas tías autoritarias y prejuiciosas, Saki destila en sus escritos su frontal aborrecimiento hacia los comportamientos impostados y la hipocresía de la clase acomodada británica, y lo hace desde el empleo del más fino sentido del humor. De hecho, quizá sus cuentos sean una de las muestras más depuradas de aquello que se conoce como «humor inglés». Irónico y mordaz, Saki arremete contra los típicos personajes infatuados que en otro momento fueron la gloria del Imperio, y que de alguna manera poblaron con su pomposidad buena parte de la literatura realista del siglo XIX. Desde una perspectiva siempre humanista, Saki ofrece un catálogo de personajes arquetípicos y despliega todas sus miserias vitales a través de secuencias de una comicidad siempre sutil, pero no menos devastadora. El humor que desprenden estos cuentos flirtea en ocasiones con lo macabro y con situaciones realmente siniestras, lo que ha convertido al autor en uno de los máximos exponentes del humor negro. Saki utiliza muchas veces a un personaje, Clovis Sangrail, como testigo ocular y participante de excepción de muchas de las historias; en ocasiones, este personaje actúa como alter ego del autor, destilando en sus declaraciones muchos de los preceptos de la filosofía vital del propio Saki.

Las tías con las que nuestro autor se crio mostraron siempre un obtuso aborrecimiento por los animales, motivo por el cual Saki exhibió un intenso amor por ellos. El lector que se acerqué a cualquiera de sus volúmenes de cuentos los encontrará muchas veces protagonizados por gatos, tigres, perros, cerdos, comadrejas, gallinas, conejos y una muy nutrida y variopinta fauna. Saki se recrea en la relación siempre especial entre los humanos y las distintas especies animales, resaltando en muchos casos la nobleza de estos sobre la mezquindad de aquellos.

En Animales y más que animales (1914) encontramos un delicioso catálogo de cuentos, de entre los cuales resulta muy complicado destacar a unos sobre otros, lo cual nos da una muestra del impresionante equilibrio de calidad y composición que todos ellos poseen. Como bien dice  Tom Sharpe —frase recogida en la trasera del volumen—: «Si empiezas un relato de Saki, lo terminarás. Cuando lo hayas terminado, querrás empezar otro; y cuando los hayas leído todos, jamás los olvidarás». Un efecto curioso que genera la lectura de estos cuentos es una extraña sensación de nostalgia cuando se acaba uno de ellos…, la sensación que uno ha perdido algo. Entonces el lector vuelve la página y empieza el siguiente, con la clara premonición de que no será tan bueno como su predecesor. Sin embargo, la sorpresa lo asalta cuando comprueba que es tan genial como todos los que ha leído hasta ahora. Este efecto —sin duda una reacción psicológica ante la sucesión y continuidad de las piezas—, se repite una y otra vez hasta el final del volumen. Solo por destacar unos pocos nombres del índice: «La ventana abierta», «El golpe más cruel», «El método Schartz-Metterklume», «La prima Teresa», «La tortilla bizantina», «El alce» o «La filántropa y el gato feliz», sin que esto desmerezca en absoluto la calidad del resto de los cuentos, sin duda a la misma altura de estos que menciono.

Saki (seudónimo de Hector Hugh Munro) (1870-1916)

La biografía de Saki no es demasiado pintoresca. Nacido en 1870 en Akyab (Birmania), era hijo de un inspector general de la policía birmana. Tras la temprana muerte de su madre fue trasladado a Inglaterra, donde se criaría con sus tías puritanas. En 1893 ingresó en la policía birmana, siguiendo los pasos de su padre, pero tuvo que abandonarla debido a algunos problemas de salud. Posteriormente trabajó como periodista en diversos medios gráficos de Inglaterra, labor que le permitió sobrevivir mientras escribía cuentos, ensayos y novelas. La que sí resulta pintoresca y sumamente irónica es la historia de su trágica muerte, acaecida el 14 de noviembre de 1916 durante la batalla de Beaumont Hamel (Francia), en el marco de la Primera Guerra Mundial. Según cuenta Graham Greene, momentos antes de morir se le oyó exclamar: Put that damned cigarette out! («¡Apaga ese maldito cigarrillo!»). Un segundo después, fue abatido por un francotirador. Indudablemente, un final digno de uno de sus cuentos.

Saki es un cuentista perfecto. Sus piezas recuerdan al Oscar Wilde más mordaz, y su legado se extiende como influencia directa en autores como Tom Sharpe, Roal Dahl o el propio Borges, quien lo ubica a la altura de Kipling y Thackeray. Su narrativa es un modelo absoluto de ritmo en el relato, así como de una perfecta utilización del tono y la atmósfera. Sus historias, aunque breves e incluso minimalistas, poseen tal calado que el lector difícilmente las olvidará. Animales y más que animales ofrece una muestra palmaria del inagotable talento de Saki en 296 páginas que, una tras otra, funcionan como pequeñas pero imborrables lecciones de literatura y composición.

Thomas Ligotti. Parte IV: El escriba del lado tenebroso

Cinco años después de la publicación de Canciones de un soñador muerto, su primera colección de cuentos extraños, Thomas Ligotti reaparecía con Grimscribe. Vidas y obras, un excelente compendio de narraciones que combinan la perfecta construcción de atmósferas inquietantes y grotescas con argumentos minimalistas de horror. El resultado son trece cuentos de acción lenta y anestésica que sumergen al lector en un escenario denso de horrores sugeridos y extrañas figuras de pesadilla. La construcción de estos relatos evidencia la consolidación del tono narrativo ligottiano, pero también rubrica una nueva forma de escribir cuentos de miedo, algo que nadie desde Lovecraft se había atrevido a poner en práctica.

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Grimscribe. Vidas y obras, de Thomas Ligotti. Valdemar, Madrid, 2015, 248 páginas

El volumen se abre con la presentación, a modo de prefacio, de nuestro narrador. Se trata de una voz universal y omnisciente, encarnada en una oscura y tétrica figura desde el lado tenebroso que se hará llamar, a falta de un nombre mejor, Grimscribe. Es el escriba de las crónicas de lo extraño, el reproductor de las historias que subyacen bajo la frágil capa de aparente normalidad que envuelve nuestra realidad. Este narrador sin forma ni rostro es capaz de introducirse en un particular reino de tinieblas y desde allí, adoptando distintas voces, contarnos lo que contempla. La figura de este escriba de lo macabro otorga cierta unidad conceptual a todo el volumen, independientemente de la autonomía de cada relato. Esta modalidad ya la había adoptado Ligotti en su colección anterior, y la mantendrá para sus obras del futuro. Más allá de un simple detalle estético o de presentación, confiere unidad al volumen, cierto halo de planificación previa. En definitiva: una aureola conceptual que sugiere que más allá de la heterogénea mezcla de temáticas y escenarios, todos los cuentos del libro responden a una determinada ilación que termina por unirlos.

«La voz del maldito» es la primera sección, que comprende los primeros cuatro relatos del volumen. El primero, «La última fiesta de Arlequín», se ha convertido con justicia en uno de los cuentos más reputados del autor. Se trata de un homenaje directo al magistral relato «El ceremonial» de H. P. Lovecraft, de quien Ligotti se muestra aquí más deudor que nunca. Tomando como referencia la figura del payaso, el narrador nos lleva a un viaje demencial a las entrañas de la ciudad ficticia de Mirocaw, donde se celebran oscuras festividades paganas. «Los anteojos de la caja» introduce al lector en una atmósfera de pesadilla a través de un objeto concreto, y narra la historia de un hechizo involuntario y de su trágico desenlace. «Las flores del abismo» glosa la cronología de una casa maldita, de una visita programada al corazón del mal y de la siempre insaciable curiosidad humana. Cierra la sección «Nethescurial», un brillante experimento metaliterario en el que Ligotti, a través de la voz narrativa, cuenta la historia de un antiquísimo ritual llevado a cabo mediante una pieza de artesanía destruida, y cuyos segmentos uno de los personajes reúne en la tierra maldita conocida como Nethescurial.

La segunda sección, llamada «La voz del demonio», incluye «Los sueños de Nortown», la historia de una persecución por una ciudad derruida y carcomida por intangibles prodigios; «Los místicos de Muelenburg» narra un viaje espiritual a un pueblo remoto y a una antiquísima catedral a través de un oscuro experimento místico. «A la sombra de otro mundo» desarrolla la visita inesperada a una casa poseída por misterios y portentos, y una descripción minuciosa de los prodigios que tienen lugar en lo alto de un misterioso torreón, con oscuras reminiscencias a un pasado remoto. Cierra la sección uno de los mejores relatos de todo el volumen, «Los capullos», donde un doctor extravagante plantea un terrorífico experimento a través de la incubación de criaturas parasitarias en el organismo de sus pacientes.

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Grimscribe. His Lives and Works [Signed Limited Edition], una edición limitada y firmada por el autor (Subterranean Press, Boston, 2011)

Las tres secciones siguientes son más reducidas. Una de ellas es «La voz del soñador», que cuenta con dos relatos de innegables reminiscencias oníricas. «La escuela nocturna» describe una visita de absoluta pesadilla a la clase de un maestro portugués de materias difusas, narrada a través de una atmósfera densa y tenebrosa. En «El Glamour» visitamos una sala de cine en una ciudad en ruinas, y en cuya pantalla se proyecta una película demencial, fotogramas extraídos de las pesadillas del narrador. «La voz del niño», la siguiente sección, incluye dos relatos desarrollados a través de narradores infantiles: «La biblioteca de Bizancio» es un inquietante cuento de horror en el que un libro maldito provocará la aniquilación de un sacerdote místico a través del talento para el dibujo del protagonista, mientras que «La señorita Plarr», otro de los puntos álgidos del volumen, cuenta la enfermiza relación del narrador con su institutriz, una inquietante ninfa de lo oscuro. Por último, la sección final, «La voz de nuestro nombre», incluye un solo y excelente relato: «La sombra en el fondo del mundo», una historia que también bebe de Lovecraft y que narra el proceso de desintegración material de una comarca a través de una fuerza oscura sepultada en un solar maldito.

Todos estos relatos, contados a través de la voz multiforme de Grimscribe, el escriba de lo oscuro, ofrecen una sorprendente variedad de atmósferas. El desarrollo de las narraciones no obedece a la estructura horizontal clásica, sino que horada la conciencia del lector en sentido vertical. Es decir: adoptando la estética de la mejor prosa lírica, el argumento muchas veces se «estanca» en puntos estratégicos de la línea cronológica y enriquece mediante la prodigalidad de detalles y motivos literarios la profundidad de la atmósfera, sin duda el punto fuerte de toda la narrativa ligottiana. El resultado es un volumen de cuentos sui generis con el que el autor de Michigan se afirma como uno de los narradores más singulares de nuestra era, y sin duda el autor de terror más relevante de los últimos cincuenta años.

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Impresionante ilustración de Aeron Alfrey que plasma las inquietantes y deformes criaturas sugeridas en los relatos de Thomas Ligotti

La factura de cada uno de estos cuentos evidencia un trabajo artesanal realmente esmerado, y es interesante resaltar el mensaje implícito que subyace bajo el concepto general de la obra: nuestro mundo, nuestra realidad, es apenas una pátina ficticia que pobremente encubre un submundo de crueldad, pesadillas, podredumbre y muerte. Subrayando los conceptos pesimistas que ya expusiera en su ensayo La conspiración contra la especie humana, los relatos incluidos en Grimscribe. Vidas y obras despliegan un amplio crisol de horrores apenas sugeridos, sostenidos a duras penas por esa capa de normalidad que la conciencia humana ha conseguido levantar para simular orden donde solo hay caos y desconcierto material. Si bien en este volumen no abundan tanto las mascaradas como en otras obras del autor, todo el libro pone de manifiesto la gran farsa, la enorme tragicomedia que el ser humano ha elucubrado para no tener que afrontar la realidad de su putrefacción, que avanza paulatinamente hasta acabar con todo.

Una obra maestra, de una modernidad arrolladora, con la que Ligotti nuevamente da una importante vuelta de tuerca al género de terror, anclado por aquel entonces en largas novelas de corte visual destinadas a satisfacer las necesidades de un mercado editorial muy mediocre. Desde un oscuro y desconocido rincón de la narrativa, Thomas Ligotti adopta la voz de Grimscribe, el escriba de lo siniestro, y nos regala trece relatos que son como gritos de desesperación desde el fondo de un pozo lleno de huesos pulverizados y horrores innombrables.

Fichaje estrella

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El «Solteros» versus «Casados» era un clásico en la oficina desde hacía años. Ellos no tenían mejor equipo que nosotros. Ni en broma. Ni de lejos. Pero tenían a Chema, un auxiliar de contabilidad —soltero— que era un crack. La racha se extendió hasta lo humillante. No es que nos golearan ni mucho menos; eran partidos igualados, pero Chema siempre hacía la diferencia. Chema es pequeñajo, corcovado, un poco feo. Con voz de pito y halitosis. Y en la oficina es un empleaducho más, ampliamente prescindible. Pero cuando coge el balón y empieza a regatear no hay forma de pararlo. Y tiene un chut fortísimo.

Con Chema en el equipo de los «Solteros» no había manera.

Empezamos… Bueno, más bien dicho: empecé a estar harto de que nos dieran para el pelo semana tras semana. Me junté con algunos de los «Casados» para ver qué solución encontrábamos, pero para ellos los partidos de los sábados solo eran una anécdota, un divertimento; la cuota de ejercicio semanal recomendada por el médico, o la forma de perder de vista a la parienta por un par de horas durante el largo fin de semana.

Estaba en mis manos, dependía solo de mí, y concluí en que solo tenía tres opciones, a saber: 1) Matar a Chema —descartada, por las obvias connotaciones legales y morales—. 2) Hacer que despidieran a Chema —descartada solo por las connotaciones morales; dejar a un tipo en el paro solo porque juega bien al fútbol…—. Y 3) Que Chema contrajera matrimonio y se convirtiera en nuestro fichaje estrella.

Y lo conseguí. Me llevó meses emparejarlo con mi cuñada la Pili… La hermana fea de mi mujer —es decir, la más fea de todas ellas—. Pintaba para solterona y en la familia sabíamos que iba a ser complicado «colocarla», pero las piezas no tardaron mucho en encajar. Se emparejaron casi por puro descarte. Tanto mi mujer como todos los de la oficina se preguntaron de dónde había sacado yo un instinto de celestino tan agudizado. Les monté cenas, fines de semana, e incluso un viajecito a Torremolinos.

Y salió de puta madre. Mi mujer estaba encantada con mi labor de casamentero. La Pili, loca de contenta, de repente me adoraba, y mi suegra abolió para siempre el odio innegociable que me había profesado desde el Principio de los Tiempos. Digamos que maté varios pájaros de un tiro, aunque a mí solo había un  pájaro que me interesaba derribar: los partidos de los sábados.

Después les organicé el bodorrio, que terminó siendo un fandango cutre en un saloncito cerca de casa, con bocadillos de chóped y refrescos y dos botellas de sidra para todos. Daba igual. Lo importante era que Chema firmara el acta de matrimonio. Cuando lo vi hacerlo en el registro civil —fui uno de los testigos, obviamente— me sentí como el presidente empoderado en el momento de presentar a su fichaje estelar. Solo faltó que Chema se diera la vuelta y dijera: «Siempre soñé con vestir estos colores».

Como podéis imaginar, las cosas cambiaron muchísimo desde entonces. El lugar de Chema en el equipo de los «Solteros» lo ocupa ahora un becario torpe que entró en la oficina poco después de la boda; un tuercebotas, un inútil.

Y nosotros, con nuestro fichaje estrella, ganamos por goleada todos los sábados.