El horror ontológico: una nueva escuela

Esta será una entrada muy especial en El Disparaletras®, ya que llevo semanas preparándola. Surge a raíz de una lectura sumamente impactante a la que tuve acceso a principios de septiembre, y de cuyas páginas salí fascinado y con muchas ganas de contarte la impresión que me causó. Se trata de un libro que me llegó a través de un gran amigo y conocedor del género de terror, y como una recomendación muy especial; sabedor de mis gustos al respecto, está claro que supo desde el principio el embelesamiento que me produciría. A bote pronto, y aunque pueda pecar de exagerado, creo que puedo afirmar que estamos ante el mejor libro de terror de los últimos treinta años —quitando de la competición los compilados de Thomas Ligotti, excluidos de toda posible comparación—. Tan rimbombante presentación corresponde a un inquietante y algo ignoto volumen de cuentos titulado El secreto de la ventriloquia, de un tal Jon Padgett.

El secreto de la ventriloquia, de Jon Padgett. Dilatando Mentes Editorial, Alicante, 2019. 225 páginas

Arraigado en las bases discursivas del horror filosófico de Ligotti —de quien es amigo personal y una especie de «apadrinado»—, Padgett desarrolla en este libro una serie de narraciones de estilo simple y directo que ahondan en lo más profundo de la esencia humana y no humana para traernos un nuevo tipo de horror: un horror basado en la evocación de fenómenos inquietantes en absoluto relacionados con la sangre o los conceptos tanáticos propios del horror tradicional o contemporáneo, sino con la realidad misma de la existencia. Retrotrayéndose a épocas quizá pre-cartesianas, Padgett construye unos cuentos que ponen en tela de juicio nuestra realidad como entes vivos, aunque poseamos la capacidad de pensar. La cotidianeidad no se ve distorsionada por elementos sobrenaturales o por la irrupción de nuevas dimensiones o vórtices espacio-temporales, sino por una transgresión indirecta —en ocasiones ilusoria— de las normas básicas de la realidad orgánica. Así, el lector se encuentra ante la recreación de unas atmósferas espesas, densas, sobrecargadas de un miedo existencial que, por desconocer justamente su origen o naturaleza, resulta más influyente que los «miedos tradicionales».

El esquema del volumen está hábilmente trazado. Dividido en nueve narraciones independientes y absolutamente heterogéneas —ya explicaremos la naturaleza de cada una de ellas—, todos los cuentos, aunque autónomos, guardan una ilación interna o de continuidad conceptual que, a los ojos de un lector atento, terminan conformando una sola gran historia. Algunos elementos funcionan como leitmotiv o motivos de conexión entre unas narraciones y otras, otorgando al conjunto una fascinante visión global. Esta no está relacionada con los mimbres de una especie de «novela deslavazada», sino con una serie de secuencias cronológicas que solo encuentran explicación dentro de las normas espacio-temporales del microuniverso planteado por el autor. El vehículo de todo el aparato conceptual termina siendo, en todo caso, cierto manual de ventriloquia al que se hace referencia, y que se desgrana en veinte inquietantes pasos entre las páginas 72 y 105 de la edición de Dilatando Mentes —digamos, muy intencionadamente insertados en el corazón del volumen—.

Portada de la edición estadounidense de El secreto de la ventriloquia (Dunhams Manor Press, 2016, 200 páginas)

El libro se inicia con «La autoconciencia del horror», un texto en clave filosófica que ahonda en el concepto de horror ontológico como punto de partida, un simple monólogo interior de discurso existencialista. Le sigue «Susurros de una voz conocida», quizá el más convencional de los relatos compilados en el volumen —y el único que aparece algo desconectado del conjunto global—: la historia de dos hermanos y una relación enfermiza en la que el miedo actúa como vehículo de tortura. El siguiente relato es «El pantano cubierto», la descripción barroca y sobrecogedora de una atracción de feria enclavada en un punto muy concreto de la irrealidad; un texto fascinante que sirve de entremés para la llegada del mejor de todos los cuentos del libro: «Sueños Origami», una narración de corte onírico absolutamente inspirada en los universos de horror filosófico de Thomas Ligotti, y donde se desvelan algunas claves que serán esenciales para comprender la ilación del resto de las narraciones. Es un cuento que nos habla, fundamentalmente, de lo etéreo no solo de nuestra propia identidad, sino del entorno que habitualmente nos rodea. El quinto texto es el mencionado manual «20 pasos hacia la ventriloquia», sin duda la columna vertebral de todo el volumen; un escrito fascinante que comienza como un simple manual de instrucciones para la práctica de la ventriloquia, pero que deriva, a partir del paso 9, hacia unos procesos de dominación mental y ontológica absolutamente sobrecogedores. La secuencia continúa con «Infusorio», una narración de corte criminal que recrea buena parte de las premisas atmosféricas de una de las obras maestras de Ligotti: «La Torre Roja». «Órgano-Vacío» describe un abrumador episodio mental en la figura de un personaje femenino que ve su realidad distorsionada a raíz de la aparición de un simple letrero. Padgett, a continuación, destroza radicalmente el entramado discursivo del libro con la introducción de una obra de teatro en el texto que da nombre al volumen: «El secreto de la ventriloquia», plagado de indicaciones escénicas y momentos que coquetean con el puro surrealismo. El volumen se cierra con «Huida a Thin Mountain», un cuento de ritmo envolvente que recrea el desarrollo de una canción.

Una de las pocas imágenes del autor, Jon Padgett, ventrílocuo profesional

La estupenda edición de Dilatando Mentes —a quien tendremos que agradecer largamente este abrumador hallazgo— incluye un prólogo de Matt Cardin y un post-facio de Jorge P. López, además de unas cuantas ilustraciones y misceláneas textuales y visuales que dan mucho empaque al volumen. Del autor, Jon Padgett, muy poco sabemos —al igual que de su mentor, el genio Ligotti—. Padgett es ventrílocuo profesional, aunque no practicante. En internet e Instagram se pueden ver algunas imágenes de su muñeco, Reggie McRascal. También sabemos que vive en Nueva Orleans, y que es editor de Vastarien, una publicación dedicada al estudio del corpus narrativo de Thomas Ligotti. También sabemos que buena parte de su trabajo se puede encontrar en un puñado de publicaciones pulp actuales —¡sí, todavía existen!—.

El escalofriante Reggie McRascal, el muñeco de ventriloquia del autor, Jon Padgett

Por mi parte, me he propuesto estar muy atento a cualquier novedad que pueda haber sobre este autor, un digno representante de esta nueva escuela que parece orientarse hacia el horror ontológico, y que deriva de forma directa del trabajo de Thomas Ligotti, especialmente de los postulados acerca de la maldición de la existencia que este plantea en su inmortal ensayo La conspiración contra la especie humana (2010) —ya sabes que en este blog existe un dossier exclusivamente dedicado a Thomas Ligotti: accede a todo lo que he publicado sobre él desde aquí—. Como he venido mencionando durante los últimos años desde esta plataforma, el género del horror literario pide a gritos nuevas tendencias temáticas y estilísticas, una reelaboración casi integral de su discurso y de sus iconos representativos. Ligotti es el gran profeta de esta nueva escuela, sin lugar a dudas, y reconforta comprobar que, poco a poco, van surgiendo alumnos aventajados y dignos representantes de esta renovada generación. Con El secreto de la ventriloquia, Jon Padgett irrumpe en el panorama y nos regala uno de los volúmenes de cuentos más fascinantes y perturbadores de las últimas décadas.

«Vânâtor I. Cendreville», agotado tras cuarenta y ocho horas de Feria

Fulgurante aparición de Vânâtor I. Cendreville en el marco de la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, a la que aún le quedan dos días (como recordarás, culmina mañana, 12 de octubre). Tras un impecable evento de presentación a sala llena en el Museo Elder, mi último trabajo agotó sus existencias tras los dos primeros días de venta en la Feria. Un resultado que, por más anhelado y soñado que fuera, ha resultado impactante e inesperado para todos los que hemos trabajado en él.

Con Luis Henríquez, durante la presentación de Vânâtor I. Cendreville (Sala Pioneros del Museo Elder). Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria 2021

Todo empezó el sábado 9. Tras ponerse a la venta en las casetas de la Feria y registrar un movimiento interesante, acorde a la expectativa generada durante las últimas semanas, llegó el turno de la presentación de Vânâtor I. Cendreville. Allí, tanto la organización de la Feria como la intervención del gran Luis Henríquez como maestro de ceremonias estuvieron a la altura de las circunstancias y más allá. He de decir que pocas veces me he sentido tan a gusto en un escenario como durante este acto de presentación; la química que siempre he tenido con Luis hizo que el diálogo y el intercambio fluyera con deliciosa naturalidad —en las fotos que te adjunto a continuación se puede casi palpar la enorme complicidad que nos une—. Imponía mucho comprobar que todos los asientos estaban ocupados, y que incluso había personas de pie hacia el fondo de la sala. Así y todo, fue un evento distendido y sumamente agradable, y durante el cual pudimos desgranar las premisas básicas de la novela. Al acto acudió también Edward T. Riker, editor de Celaeno Books y principal artífice de todo el proceso de edición; su apoyo en este momento tan especial también se hizo sentir.

Complicidad total durante los momentos previos a la presentación
Imposible estar mejor acompañado: aquí con Luis Henríquez y Edward T. Riker, gran amigo y editor de Celaeno Books (y superhéroe enmascarado en Gotham durante las noches)

Sin duda el buen hacer de Luis Henríquez durante la presentación contribuyó enormemente a que las ventas del libro se dispararan tras el acto y que en poco más de un día y medio se agotaran las existencias del volumen en las casetas de la Feria. El día de ayer fue un constante ir y venir en busca de algún ejemplar. Es importante aclarar que durante el fin de semana se vivieron dos días de enorme ambiente en la Feria; el recinto estuvo plagado de lectores y la mayoría de los eventos registraron una muy buena afluencia de público; esto nos demuestra no solo que la literatura es un medio muy vivo en esta ciudad, sino también que los lectores —al igual que los autores— estaban ávidos de recuperar la dinámica de estos eventos tras un año y medio de pandemia.

Magnífico ambiente y colas multitudinarias durante el fin de semana en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria

Para el final he dejado lo más importante: una nueva remesa de ejemplares de Vânâtor I. Cendreville está de camino, y esperamos que nos llegue durante el día de hoy. Esta reposición de libros es fundamental, ya que todavía nos quedan dos días de Feria y, según el calendario de firmas que te adelanté la semana pasada, aún tengo comprometidos dos actos: uno en Librería Vecindario (martes 12, de 11.00 a 13.00 horas), y Librería Doramas (el mismo día, de 16.30 a 20.00 horas). Para ese momento ya tendremos más ejemplares disponibles, y esperamos habernos repuesto de la sorpresa y el éxtasis que ha supuesto esta impetuosa y fulminante aparición de mi proyecto vampírico en el panorama literario.

De los últimos ejemplares de Vânâtor I. Cendreville en la jornada de ayer, antes de agotar el stock
Un fotón que me permití en los momentos finales de la presentación, antes de que se dispersara la multitud

Desde ya, agradecer de todo corazón a todos los que se pasaron por la Feria a por su ejemplar, tanto a los que asistieron al acto de presentación como a quienes les fue imposible, tanto a aquellos que hicieron la cola para que les firmara el ejemplar como a todos esos lectores silenciosos que simplemente lo adquirieron y corrieron a su rincón de lectura favorito para sumergirse en la historia. También quiero dar las gracias a todos los que me han ido dejando comentarios sobre los primeros días de lectura, y a quienes me preguntan desde ayer dónde adquirirlo y dónde encontrarme para que les estampe una dedicatoria. Como sabemos, estos baños de multitudes son sumamente dañinos para la humildad de uno, pero quienes me conocen saben que me gusta mantener los pies sobre la tierra y, sobre todo, ganar confianza para seguir trabajando. En cualquier caso, nada de todo esto sería posible sin el apoyo y la fidelidad de tantos lectores y lectoras.

Gracias infinitas, y nos vemos mañana, en el último día de la Feria del Libro.

«Vânâtor I. Cendreville», puesta largo en la Feria del Libro de las Palmas de Gran Canaria

Esta semana, a partir del jueves 7, y hasta el martes 12 (festivo, Día de la Hispanidad) tendrá lugar nuestra esperada Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, que celebra su edición número 33. Como sabes, desde el año pasado el escenario de la Feria se ha trasladado a la zona del Parque Santa Catalina, donde se vuelve más sencillo el control de aforo para los eventos en relación con los protocolos Covid-19. Será en el marco de este evento, el más importante relacionado con las letras en nuestra ciudad, donde hará su puesta de largo mi nueva novela, Vânâtor I. Cendreville. A continuación te ofrezco todos los detalles acerca de la presentación.

Cartel promocional de la XXXIII Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, dedicada este año al centenario de Tomás Morales

La presentación tendrá lugar el sábado 9 de octubre a las 17.00 horas, en la tercera planta del Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología. Durante el acto tendré el privilegio de compartir escenario con Luis Alberto Henríquez, también conocido en el ambiente literario como «El Perturbado del Verbo», debido al éxito e impacto de su primera publicación, un delicioso y macabro volumen de cuentos que lleva ese título. Luis es uno de los escritores de terror a los que más admiro, un auténtico animal de la palabra, además de un ser humano excepcional, y con quien ya he tenido ocasión de compartir un par de eventos. Su carrera literaria se ha disparado durante el último año y medio con la publicación de tres obras: las novelas de ciencia ficción Ciberyo (Ediciones Indie, 2020) y Mensajes en el tiempo (Insomnia Ediciones, 2021), y el fascinante conjunto de relatos oscuros Paraguas rotos (Ediciones Garoé, 2021), que tuve el honor de presentar en junio de este año; estos libros se suman al ya mencionado El perturbado del verbo, que vio la luz a través de Chiado Editorial en 2017.

El gran Luis Alberto Henríquez, que hará las veces de presentador durante el evento

Como ya te he comentado en esta otra entrada, Vânâtor es, hasta la fecha, mi proyecto más personal, el trabajo novelístico al que más tiempo, energía y quebraderos de cabeza he dedicado, y eso que estamos hablando tan solo de la primera de tres partes. En ese caso, entenderás la especial ilusión y expectativa que tengo con respecto a esta presentación. El marco de la Feria sin duda resulta ideal para que te hagas con un ejemplar y te lo puedas llevar firmado, ya que, como todos los años, cualquier libro que adquieras durante el evento tendrá un 10% de descuento.

A continuación, otra información muy importante: el calendario de firmas. Sí, porque Vânâtor no solo estará disponible desde el momento de la presentación, sino desde el inicio mismo de la Feria, así que acto seguido paso a desgranarte las casetas en las que estaré firmando; así puedes tener una noción de dónde encontrarme en el caso de que no te sea posible asistir a la puesta de largo.

SABADO 912.00 a 13.00 horasLibrería Yaya
17.00 horasPresentación de Vânâtor en Museo Elder
18.30 a 20.00 horasLibrería Sinopsis
DOMINGO 1017.00 a 19.00 horasBilenio Publicaciones
MARTES 1211.00 a 13.00 horasLibrería Vecindario
16.30 a 20.00 horasLibrería Doramas

Como ves, nos espera un jugoso calendario de firmas y unas jornadas que se auspician inolvidables en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, sin duda el escenario perfecto para presentar en sociedad Vânâtor I. Cendreville. ¡Nos vemos allí!             

Armand

Cualquiera podría haber pensado que nuestro estado sería ruinoso; sin embargo, las técnicas de embalsamamiento ayudaban a que nos mantuviéramos en forma.

Aquella noche estaba especialmente ansioso; iba a visitar a Armand después de mucho tiempo. Nunca nos conocimos en vida, pero la cantidad de correrías al amparo de las tinieblas en las que habíamos participado tiempo atrás eran recordadas en todo el recinto. Después, decidimos descansar durante unos años.

Atravesé el camposanto desierto y de paisaje ralo en dirección al refugio de Armand. Las alimañas de la noche acechaban a la espera de un bocado; el dominio de la carroña subterránea enviaba sus efluvios hacia el exterior a través de una densa vaharada pestilente.

Divisé a los lejos el panteón en donde subsistía Armand, coronado por una cruz medio derruida. Superé con ágiles pasos en anquilosamiento de años de quietud. Con huesudos nudillos llamé a su puerta. Esta se abrió con un chirrido prolongado y herrumbroso. Del otro lado del ancho soportal de piedra estaba mi amigo Armand.

—Cuánto tiempo —dijo—. Pasa. Te estábamos esperando.

Muy poco después, se desató un auténtico festín de canibalismo y tanatofagia.

«El Horla»: una reflexión sobre la materia

De entre mis relecturas habituales, el gran relato «El Horla», de Guy de Maupassant, es una de esas obras a las que regreso con cierta regularidad, ya que cada revisión me ofrece nuevos descubrimientos y prismas interpretativos. Considerada como una de las mejores piezas de horror clásico de la historia, intentaré ofrecerte aquí, en «El Disparaletras®», un somero análisis.

El Horla. Cuentos fantásticos y de horror, de Guy de Maupassant. Alianza, Madrid, 2021. 408 páginas

La narración se desgrana a través de las entradas del diario del protagonista, un joven sin nombre que pasa unas vacaciones en una ciudad portuaria cercana a Rouen (Francia). El período vacacional se desarrolla con normalidad hasta la llegada al puerto de un barco brasileño procedente de Sao Paulo. A partir de entonces, el protagonista comienza a percibir la presencia intangible, aunque al mismo tiempo innegable, de un ser etéreo que lo visita por las noches y le absorbe su energía vital. El narrador describe en su diario una serie de oscuros delirios referidos a este ser, así como su creciente estado febril, manifestación de su progresiva enfermedad. Desesperado, el protagonista emprende un viaje de un mes a París, del cual regresa totalmente restablecido; este hecho le brinda la pauta fundamental de que el mal no está en su interior, sino alojado en la casa de veraneo, teoría que gana fuerza al comprobar que la presencia del misterioso ser también afecta a los criados de la finca. El narrador organiza entonces una serie de experimentos nocturnos que le permitan verificar la presencia del ser: coloca unas jarras con agua y leche junto a su lecho, las cubre con algodón impoluto y mancha sus manos con hollín, para así comprobar que no ejerce ningún acto bajo los efectos de un presunto sonambulismo. Los resultados arrojan una conclusión irrefutable: por las noches, un extraño ser de inexplicable naturaleza y origen se aproxima a su lecho y fagocita buena parte de su energía…

Portada de la edición ilustrada de El Horla, obra de Guillaume Sorel. Ponent Mon, Tarragona, 2017. 64 páginas

A través de su acostumbrada maestría y sutileza narrativa, Maupassant nos ofrece un relato inquietante, a ratos desasosegante, pero a lo largo del cual el ente no ejerce ningún tipo de violencia sobre el narrador, si bien su mera presencia lo trastorna; el discurso, de esta forma, se afirma en los preceptos básicos del horror psicológico. Esto lleva a la voz narrativa a establecer una serie de lúcidas reflexiones acerca de la materia y la percepción; la intrahistoria nos habla de la limitación de los sentidos humanos para captar gran parte de los acontecimientos universales que ocurren alrededor, circunscribiendo los elementos que componen aquello que llamamos «existencia» a lo que los órganos sensoriales (casi siempre fatigados y falibles) pueden captar. El protagonista se reafirma, entonces, en la presencia de un ser de naturaleza material, aunque imperceptible para cualquiera de los cinco sentidos humanos. El relato prefigura algunos conceptos ampliados años más tarde por el genio H. P. Lovecraft, como la presencia de estirpes superiores y su posible contacto con la raza humana; esto queda de manifiesto cuando, en un momento dado, se produce un choque de voluntades en el seno de la narración, enfrentamiento que el ente domina sin dificultad, manipulando los actos del protagonista. La narración contiene multitud de frases memorables, entre las que destaca la que sigue:

«Cuando estamos solos mucho tiempo, poblamos el vacío de fantasmas»

Esta apreciación del narrador desvía hábilmente la atención del lector hacia una posible conclusión racional: la soledad y el aislamiento voluntario del protagonista bien pueden ser la causa de una serie de alucinaciones. Entre los pasajes imborrables que incluye el relato, cabe destacar el momento en el que el narrador se coloca delante de un espejo y no puede ver su imagen reflejada en él…, por la sencilla razón de que el ente, invisible, se interpone. Así, el mensaje del relato orienta su vertiente terrorífica hacia una honda reflexión acerca de la materia y lo material en relación con la existencia humana, alcanzando una profundidad conceptual no muy frecuente en el género de horror. El desenlace, mediante el recurso redentor del fuego, ofrece un panorama completamente devastador y desesperanzado.

Guy de Maupassant (1850-1893)

«El Horla» se publicó por primera vez el 23 de octubre de 1882 en el prestigioso periódico francés Le Galois. Años más tarde, en 1887, y ya en formato libro, sería publicada una versión ampliada del relato. Actualmente existen traducciones castellanas de ambas versiones. Algunos estudios literarios han especulado con la comparación entre el mal que aqueja al protagonista y el que padeciera el propio Maupassant, es decir, la crisis nerviosa que el autor sufrió en enero de 1892, producto de la sífilis, y que lo condujo a acabar sus días en una institución mental (Maupassant moriría un año y medio después, en julio de 1893). En cualquier caso, la obra condensa y destila la inimitable maestría del autor francés para el relato breve y su aguda percepción de los horrores que acechan en la vida cotidiana. Los delirios y el acceso a «manifestaciones inmateriales» conectan su literatura con los pozos psicológicos umbríos y desquiciantes del mejor Edgar Allan Poe, pero su literatura del horror opera con un discurso propio y muy distinguible: la capacidad de trasladar lo sobrenatural e intangible al terreno puramente material.

«Vânâtor»: la novela de vampiros que siempre quise escribir

La de hoy será una entrada muy especial en «El Disparaletras®»; al menos, una entrada largamente anhelada por quien suscribe. Por fin, y tras una espera cargada de ansiedad y expectativa, puedo hacer oficial la publicación de mi proyecto narrativo más ambicioso hasta la fecha: Vânâtor, más concretamente su volumen I, titulado Cendreville. ¿Qué es Vânâtor? Te lo cuento durante esta entrada; por lo pronto, la puedo definir como la novela de vampiros que siempre, desde que era un adolescente, quise escribir.

Portada de Vânâtor I: Cendreville, obra de Eliezer Mayor. Celaeno Books, 2021, 296 páginas

¿Cuándo empezó este romance con los vampiros y los no-muertos? Sobre los quince o dieciséis años, cuando quedé pasmado tras mi primera lectura de Drácula, de Bram Stoker. Fue, como para tantos y tantos lectores, un momento muy especial. Aquella novela resultaba fascinante por muchos motivos: la temática, envolvente y terrorífica; la estructura, epistolar y sin narrador fijo; la construcción de los escenarios victorianos; la galería de personajes, todos ellos cargados de entidad; y, obviamente, la figura del vampiro aristocrático, multiforme y misterioso, y cuya perversidad radicaba en su propia naturaleza como criatura mítica. Por supuesto, a Drácula siguieron «El vampiro» de Polidori, «La muerta enamorada» de Gautier, «Carmilla» de Le Fanu… Y más. Muchos más. Desde entonces empecé a soñar con escribir una gran historia de vampiros, una novela extensa y compleja que abarcara todas aquellas postales de sangre y oscuridad que tanto me fascinaban. El proyecto tardó algún tiempo en cuajar (unos diecisiete años), pero por fin se ha hecho realidad.

Drácula, de Bram Stoker, una de las novelas de mi vida y principal inspiración para mi proyecto vampírico. Literatura Random House, Barcelona, 2018. 512 páginas

Fue a mediados de 2016 cuando empecé a investigar y a recopilar información sobre el mito básico del vampirismo. Tenía la historia más o menos clara en la cabeza, pero me interesaba trabajar muy a fondo la ambientación y todo lo referente a la confección de la leyenda. Se trataba de estar bien preparado para cuando llegara el momento de la redacción. Fueron casi dos años de indagaciones en bibliotecas, centros históricos de Europa central y del este, consultas de libros extrañísimos —¡algunos de ellos en latín!—, y alguna pesquisa adicional en Internet. Para principios de 2018 tenía una mesa cargada de libros y unas ocho libretas repletas de apuntes: características históricas y mitológicas de los vampiros, documentación acerca de casos reales, datos sobre la importancia de la criatura en la cultura popular en diversas latitudes del mundo…; en fin, algo bastante abrumador. Ahora quedaba lo más difícil (y a la vez lo más divertido): escribir la novela.

Un libro fundamental durante el proceso de investigación fue el Tratado sobre los vampiros, de Augustin Calmet. Reino de Cordelia, Madrid, 2017. 336 páginas

Esto requirió otro proceso muy arduo y de naturaleza casi monástica: debía someter mi estilo a una completa depuración lingüística. Mi novela se ambientaría en el período victoriano (entre 1870 y 1874), pero mi intención no era solamente conseguir una atmósfera de época, sino que la novela pareciera escrita en el siglo XIX. Así que empecé a leer cuanta novela decimonónica caía en mis manos; tuve entonces una excelente oportunidad de reencontrarme con autores de mi predilección, como Dickens, Maupassant, Dumas, Thackeray, Flaubert… Entre todos estos, también apareció el incombustible Honoré de Balzac; la lectura de los primeros tomos de La comedia humana fue de vital importancia a la hora de practicar esa limpieza de estilo. Tenía que conseguir algo muy complejo: liberar al lenguaje de todo tipo de neologismos, y lograr que las expresiones y terminologías se adaptaran a la Francia de 1870. Otro de los objetivos era conseguir una novela puramente literaria, despojada de «imágenes visuales»… ¡y que al mismo tiempo resultara atractiva e interesante para el lector del siglo XXI! Ya que estamos en confianza, te diré que hubo momentos en los que el proyecto me resultó un tanto apabullante; sin embargo, supe que solo había una manera de comprobar si era posible sacarlo adelante: había que sentarse y empezar a disparar letras.

Primer volumen de La comedia humana, de Honoré de Balzac, otra gran influencia en Vânâtor, sobre todo a nivel estilístico. Hermida Editores, Madrid, 2015. 370 páginas

Hacia junio de ese 2018 tan especial, la primera versión del manuscrito (de unas 200.000 palabras en algo más de 700 folios) estaba terminada, tras cuatro meses de redacción frenética y absolutamente febril al ritmo continuado y en bucle de El anillo del nibelungo, la monumental ópera de dieciséis horas de Richard Wagner. A partir de entonces comenzó un dificultoso trabajo de posproducción, que consistió en la escritura de un segundo borrador, en doce o quince revisiones enfermizas de la versión final (leer tanto a Balzac tenía que enseñarme algo), y en el diagrama minucioso de las continuaciones, sobre las cuales ya estoy trabajando con el mismo ímpetu. Vânâtor I: Cendreville estaba listo para salir al mundo; ataviado con su traje de noche y su capa vampírica, el manuscrito fue a parar a manos de mi agente y de unos cuantos lectores beta, cuya colaboración ha sido esencial para el acabado final (labor que les hizo ganarse, lógicamente, un lugar de privilegio en la página de agradecimientos).

Ahora había que buscarle un hogar a la novelita, probablemente el paso más complicado de todos. Y, afortunadamente, hubo una editorial dispuesta a hospedarla en su catálogo. Esto me permite anunciarte, también, el comienzo de una nueva etapa en mi carrera: la experiencia con un nuevo editor, algo que me llena de ilusión. Celaeno Books será la encargada de lanzar el libro al mercado, tras un exhaustivo trabajo de corrección y pulido editorial que incluyó, además, la composición de la impresionante portada que ves más arriba, obra del gran Eliezer Mayor. Mi relación con Celaeno Books discurre, también, a través de mi trabajo en el Proyecto Choose Cthulhu, con lo cual la relación fluyó desde el principio con total naturalidad. En todo caso, estoy convencido de que se trata del mejor hogar posible para este proyecto, hasta ahora el más complejo y ambicioso que he encarado.

Imagen del manuscrito original de Vânâtor I: Cendreville. 200.000 palabras embutidas en 700 folios

Seguramente todo este proceso de pre y post producción te interesa menos que saber cuándo estará el libro a la venta, cuándo lo presentaremos, etcétera. Como sabes, se aproximan fechas muy especiales, llenas de eventos: Ferias del Libro en Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, el festival Rock & Books y, por supuesto, nuestra celebración de Halloween, donde siempre formo parte de algún evento especial. De momento, la participación de Vânâtor I: Cendreville en todos estos eventos está casi confirmada, a falta de saber días y horas; pero, como siempre, te enterarás antes que nadie si frecuentas este blog y mis redes sociales, donde haré público el calendario de firmas y la fecha, hora y lugar de presentación. Lo cierto es que el libro estará disponible en las librerías dentro de muy poco (un par de semanas, como mucho).

Seguramente tenga más cuestiones referentes a Vânâtor para contarte en futuras entradas, pero sin duda ya es suficiente por hoy. Te dejo, eso sí, la sinopsis que podrás leer en la contraportada del libro cuando lo tengas en tus manos. Dice así:

El doctor Benedict Miller viaja de incógnito en una embarcación británica que hará escala en un puerto del Mediterráneo; es el inicio de un largo viaje cuyo destino final es Bresláu, una comarca de Moldavia perdida en el corazón de los Cárpatos. Allí le espera un enfrentamiento con su peor enemigo: un vampiro que ha sembrado el terror durante siglos en la vieja Europa. Agazapado en uno de los camarotes del navío, el doctor Miller se dispone a relatar sus aventuras en Cendreville, un pueblo rural del norte de Francia en el que hubo de enfrentarse a la peor de las pesadillas: la maldición del vampirismo. Esta novela desgrana la primera parte del viaje físico y espiritual del doctor Miller, el cuaderno de bitácora de su implacable cruzada; una contienda que lo llevará a recorrer medio mundo en busca de la más abyecta de las criaturas… Leandro Pinto recupera con esta fascinante narración la esencia de las novelas clásicas de vampiros. Con un fuerte arraigo en los elementos canónicos del mito, y mediante un trabajadísimo estilo decimonónico, el autor dibuja una trama ambiciosa y envolvente que resucita la estética victoriana de autores como Sheridan Le Fanu o Bram Stoker, consolidando así los elementos fundamentales de la tradición vampírica en una novela atrapante y de atmósfera perturbadora.

Entonces, ¿qué? ¿Me acompañarás en esta aventura sin igual? Nos esperan encuentros con seres del inframundo; por lo tanto, ten a mano tu manojo de estacas, así como los crucifijos y las ristras de ajo, ya que hemos de enfrentarnos a la criatura iconográfica más mítica de nuestro querido género de terror. Esa criatura tan especial se esconde entre las páginas del primer volumen de Vânâtor, la novela de vampiros que siempre quise escribir…

Escritura Creativa: curso 2021-2022

Tal y como estaba planeado, iniciamos hoy una nueva temporada de «El Disparaletras®», y lo hacemos con el anuncio de los Talleres de Escritura Creativa que estaré impartiendo, desde octubre hasta junio, en la academia Fuentetaja. A continuación te dejo toda la información al respecto, junto con los enlaces necesarios para que puedas darte de alta o resolver cualquier duda que surja:

Taller de Escritura Creativa presencial en Las Palmas de Gran Canaria

  • Niveles: Iniciación, Avanzado y Profundización
  • Periodicidad: Anual
  • Duración: 9 meses (Octubre 2021 – Junio 2022)
  • Apertura de grupos: Grupos abiertos a incorporaciones. Plazas limitadas.
    Consulta disponibilidad en el teléfono: 645 38 21 97
  • Horario: Una sesión semanal de dos horas a elegir entre estos horarios:
  • Iniciación: Lunes de 11.30 a 13.30 horas
  • Iniciación: Lunes de 19.00 a 21.00 horas
  • Avanzado: Martes de 19.00 a 21.00 horas
  • Profundización: Martes de 11.30 a 13.30 horas
  • Profundización: Miércoles de 19.00 a 21.00 horas
  • Precio del curso: 90 euros al mes.
  • Precio de matrícula: 35 euros (Sin gastos de matrícula si te inscribes antes del 10 de septiembre.)
  • ModalidadTaller presencial en Las Palmas: Aula en Galería Manuel Ojeda, en la calle Buenos Aires, N.º 3
  • CoordinaciónLeandro Pinto

Trabajo en grupo a partir de propuestas de trabajo y materiales técnicos muy diversos que hemos desarrollado a lo largo de más de veinticinco años de investigación en Escritura Creativa. Nuestro método pone su énfasis en que la escritura se convierta en algo cotidiano, única forma de que su práctica acabe por resultar tan natural como el hablar. Los alumnos de este taller en cualquiera de sus niveles tienen derecho a participar con un relato en la convocatoria del libro de relatos de publicación periódica. Los propios alumnos seleccionarán los relatos que compondrán el volumen.

Inscríbete en este curso

Descarga aquí la información completa de este curso


Este año el Taller viene con un programa más jugoso y completo que nunca. Y es que, además de los tres niveles de Escritura Creativa dedicados a la confección del cuento y la narración breve, inauguramos también un módulo dedicado a la novela. Aunque lo recomendable es haber pasado por los tres niveles anteriores, este curso está abierto a cualquiera que desee participar. A continuación, los detalles y enlaces:

Taller de Iniciación a la Novela en Las Palmas de Gran Canaria

  • Niveles: Iniciación
  • Periodicidad: Anual
  • Duración: 9 meses (Octubre 2021 – Junio 2022)
  • Apertura de grupos: Grupos abiertos a incorporaciones. Plazas limitadas.
    Consulta disponibilidad en el teléfono: 645 38 21 97
  • Horario: Jueves de 19.00 a 21.00 horas
  • Precio del curso: 95 euros al mes.
  • Precio de matrícula: 35 euros (Sin gastos de matrícula si te inscribes antes del 10 de septiembre.)
  • ModalidadTaller presencial en Las Palmas: Aula en Galería Manuel Ojeda, en la calle Buenos Aires, N.º 3
  • CoordinaciónLeandro Pinto

En este taller estableceremos las bases y estudiaremos las herramientas fundamentales para encarar un proyecto novelístico. Desde la detección del tema y de los mimbres básicos de la historia, pasando por la elaboración del esquema, la galería de personajes, el diseño de la trama, la estructuración del discurso, la elección del estilo y la forma, la construcción de los escenarios, el control del ritmo y la tensión narrativa, el establecimiento de conflictos y giros argumentales y todo lo concerniente al proceso de redacción.

Inscríbete en este curso

Descarga aquí la información completa de este curso


Te recuerdo un dato importante: te puedes ahorrar el precio de la matrícula si te inscribes en cualquiera de estos cursos antes del 10 de septiembre. Como siempre, ya sabes que toda esta información permanece actualizada en este blog, y la puedes encontrar en la pestaña Talleres de Escritura Creativa.

Por las redes sociales ya circula la portada de Vânâtor I: Cendreville, mi nueva novela, que verá la luz muy pronto. Como no podía ser de otra manera, te prometo toda, toda la información al respecto en el siguiente posteo de este blog, que será el próximo lunes. De momento, aquí tienes toda la data referente al curso de Escritura Creativa 2021-2022, durante el cual esperamos seguir profundizando en el divino arte de disparar letras.

¡Allí te espero!

Cierre por vacaciones

Llega el último lunes de julio y, al igual que durante los últimos tres años, toca despedirnos temporalmente en El Disparaletras®. Y, como siempre que llega esta ocasión, siento que es una excelente oportunidad para hacerlo con alguna mínima reflexión sobre lo que representa para mí este espacio tan particular.

Una vez más, arribo a este momento del año con la satisfacción de haber mantenido contigo, que frecuentas este blog, una comunicación constante y sumamente fluida. No tengo muy claro con qué ganas o expectativas te pasas por aquí cada lunes a ver lo que vengo a contarte, pero te puedo asegurar que yo sí estoy deseando que llegue ese día para mostrarte lo que de nuevo tenga en esa semana. He llegado a desarrollar una gran dependencia por este rincón tan especial, y siento que me hace muy feliz cuidarlo, mantenerlo y actualizarlo. Hacer que esté vivo.

Gente especializada en comunicación a través de redes sociales y espacios virtuales me lo repite una y otra vez: la única manera en la que un blog puede funcionar es transmitiendo la sensación de que está activo, de que se renueva cada pocos días con material nuevo. Ese era el desafío cuando iniciamos esta aventura allá por octubre de 2018, cuando al espacio de comunicación que había entre tú y yo se le hicieron escasas las páginas de mis libros y sentimos que necesitábamos contarnos más historias, compartir más lecturas, intercambiar más pareceres y opiniones. Afortunadamente, lo hemos ido consiguiendo: cada lunes un microcuento, un microensayo, alguna novedad importante…, siempre algo que compartir.

Hay ocasiones en las que me da por pensar en el futuro de El Disparaletras® como espacio virtual. Ya sabes a qué me refiero: a esta altura del partido sabemos que nada, absolutamente nada es para siempre. Y entonces me pregunto: ¿se terminará algún día? ¿Alguna entrada del blog se titulará «Cierre Permanente»? ¿Llegará ese momento terrorífico en el que no tenga nada más que contarte? Yo confío en que, si llega, lo haga dentro de mucho tiempo. Todavía me queda demasiado por compartir, pero es evidente que toda actividad merece un descanso. Así que, oficialmente, clausuro aquí la temporada 2020-2021 de El Disparaletras®, con la tranquilidad y la felicidad que me provoca el no haber faltado a una sola cita desde que empezamos.

Déjame adelantarte, eso sí, que cuando nos reencontremos en septiembre habrá importantes novedades que comentar, lanzamientos inminentes, noticias frescas… Incluso puede que un nuevo aspecto general en la apariencia de este blog —ya sabes lo que suele decirse: la cosa va de renovarse o morir—. Lo que te aseguro es que procuraré que este espacio tan particular esté más vivo que nunca. Las estadísticas siguen subiendo; el número de visitas y seguidores es cada vez mayor, y la cantidad de comentarios de ida y vuelta lo hacen un espacio cada vez más interactivo. Así que habrá que seguir disparando letras. Como ahora, como entonces… Como siempre.

¡Felices vacaciones!

Esperando el amanecer

Cuando arribase el alba, nos iban a ahorcar a los dos. Nos acusaban de violadores y asesinos, y éramos culpables. Él me brindó palabras de consuelo durante toda la noche; me habló del fin de los sufrimientos y las tribulaciones, de los granos de arena del reloj de la miseria, que caerían uno a uno hasta el final. Es evidente que no me juzgó preparado para afrontar la ejecución, y por eso decidió retener el amanecer.

Antes de que el primer resplandor rosáceo apareciera por el este, se aproximó a la ventana del calabozo y allí se plantó, con la vista fija en el exterior, dispuesto a obrar el prodigio. La luz se debilitó, su tímido albor se apagó… Fue como si el tiempo se detuviera. Yo, aterido por el pánico, tiritaba en mi sucio camastro, derramando lágrimas de horror y balbuceando oraciones inútiles a los dioses indiferentes, invisibles, silentes… Él, allí plantado, apenas una estatua de carne y huesos, de piel y cabello erizado, de alguna manera consiguió posponer el amanecer. Era un acto de voluntad pura: quizá se había propuesto aplazar el momento hasta que me sintiera preparado; tal vez pretendía, nada menos, abolir para siempre la llegada del alba.

No sé cuánto tiempo estuvo de pie ante el ventanuco de nuestra celda. No sé durante cuánto tiempo consiguió que el sol no terminara de asomar por el este. Ahora, con la soga al cuello y a punto de abrirse la trampilla bajo mis pies, pienso que fueron días enteros… Semanas… Tal vez meses.

Cuando finalmente se derrumbó, aplastado por la agonía y el cansancio, vencido por las fuerzas cósmicas, yo ya había dejado de temblar y de lloriquear. Seguía sin sentirme preparado para afrontar la muerte, pero sí, al menos, para contaros su hazaña sobrehumana.

Durante todo el tiempo que compartimos cautiverio, durante los incontables meses y años que dedicó a retener el último amanecer, estuve convencido de que compartiríamos cadalso. Pero no…; en este templo de la muerte solo me encuentro yo. A él no hizo falta ahorcarlo, ya que a la salida del sol no era más que un saco de huesos pulverizados.

Matheson y un debut inolvidable

No es la primera vez —y seguramente no será la última— que hablamos del gran Richard Matheson en este blog. Como sabes, suelo estar muy atento a las peticiones y comentarios que me dejas tanto aquí, en «El Disparaletras®», como en las redes sociales, y las referencias a este gran maestro del horror del siglo XX suelen abundar. Así, y en cumplimiento de peticiones, vengo hoy a hablarte del primer relato publicado por Matheson, allá por 1950. Se trata de un cuento corto que causó honda impresión en los lectores de la época, que premió a nuestro autor con la fama instantánea y que, por derecho propio, se ha ganado su lugar entre las historias más memorables de nuestro querido género de terror. Me refiero a esa pequeña obra maestra titulada «Nacido de hombre y mujer».

Nacido de hombre y mujer y otros relatos espeluznantes (volumen que contiene el relato homónimo), de Richard Matheson. La Factoría de Ideas, Madrid, 2014. 592 páginas

«Nacido de hombre y mujer» (Born of Man and Woman) es una inquietante narración breve sobre un niño deforme al que sus padres mantienen cautivo en un sótano. Narrado en primera persona y bajo la estructura de un diario personal tosco y minimalista, el cuento desgrana las inquietudes de la criatura y su enfrentamiento con el mundo hostil y desconocido que lo rodea. La ruptura del patrón narrativo se produce cuando el protagonista consigue romper las cadenas que lo tienen prisionero y contempla la realidad exterior. Los miembros de la familia, decididos a mantener su secreto oculto a los ojos del mundo, reaccionan entonces con violencia. El niño observa el exterior a través de un pequeño ventanuco; desde allí espía la actividad de otros niños que juegan en la calle. Uno de ellos lo ve, y como castigo, su madre le propina una brutal golpiza con un palo hasta causarle una hemorragia de sangre verde. Hacia el final del relato, su hermana menor ingresa en el sótano acompañada por un gato, que se muestra igualmente agresivo con el monstruoso narrador, situación que deriva en un final abierto y estremecedor en el que se anticipan las potenciales reacciones violentas del protagonista. Entre las anormalidades del narrador cabe destacar su gran tamaño —pese a tener solo ocho años— y su sangre verde.

El cuento, de discurso aparentemente sencillo, esconde no obstante un profundo mensaje referente a la discriminación y la otredad. De alguna manera, se inspira en las mismas premisas que constituyen los mimbres de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo (1818) de Mary W. Shelley, y que nos hablan de la imposible «adaptabilidad» del diferente a un entorno cerrado e intolerante. También podemos encontrar ecos de la realidad de Segismundo, personaje central de la obra de teatro La vida es sueño (1635), de Pedro Calderón de la Barca; un personaje encerrado en una celda desde su nacimiento, y que debe enfrentar las realidades de su inesperada libertad como un encuentro constante con el extrañamiento, con todo aquello que forma parte del mundo pero que él, debido a su cautiverio, desconoce. El protagonista de «Nacido de hombre y mujer» experimenta un periplo similar al de estos personajes, y cuya raíz la podemos encontrar nada menos que en la alegoría de la caverna de Platón. De ahí la importancia histórica que ha tenido este relato de Matheson, en tanto revela el profundo contenido existencialista que pueden albergar las narraciones pertenecientes al género de terror, históricamente denostado y erróneamente calificado de «plano» a nivel conceptual e intelectual.

Portada de la primera edición de Born of Man and Woman, de Richard Matheson, volumen en el que está incluido el relato homónimo. The Chamberlain Press, Filadelfia, 1954

Como decíamos en la introducción, Born of Man and Woman fue el primer relato publicado por Richard Matheson. Lo hizo en 1950, cuando el autor tenía solo veinticuatro años. El relato vio la luz en la famosa revista pulp The Magazine of Fantasy & Science Fiction, e inmediatamente catapultó la carrera del escritor. Ya hemos hablado en este blog de las principales obras de Matheson, entre las que cabe destacar Soy leyenda —tienes un microensayo completo sobre esta novela aquí— y La casa infernal —sobre la que hemos hablado en detalle aquí—. Como sabes, Matheson es uno de los autores de terror más destacados del siglo XX, y una de las piezas fundamentales de lo que yo llamo la «Segunda transición»; esto es, el período que va desde el declive del horror cósmico propuesto por Lovecraft y su círculo a finales de los cuarenta hasta el resurgimiento del género en los setenta a través de Stephen King y compañía. Se trata de una etapa realmente difícil para el género de terror, y durante la cual tanto Matheson como muchos de sus contemporáneos —entre los que destaco a Ray Bradbury y Robert Bloch— debieron dedicarse a escribir guiones para el cine y la televisión para sobrevivir. Afortunadamente, su obra sirvió de influencia para los grandes autores que vendrían más tarde, y constituyó un indestructible eslabón en la cronología del horror literario.

Hoy me apetecía rendir un merecido homenaje a este relato fundacional e inolvidable, uno de los debuts más rotundos que se han podido apreciar en un autor de terror. Sin duda una carta de presentación inmejorable para lo que sería una carrera muy fecunda, llena de magníficas narraciones elaboradas a través de una visión muy particular del horror: esa sensación de miedo que nos rodea y que nos acecha desde los rincones más inesperados; el horror cotidiano, el que subyace tanto en las realidades orgánicas como en los solapamientos más imperceptibles de lo sobrenatural.

Presentación de «Lugares prohibidos» en la Biblioteca Municipal de Arucas

Hoy me paso por «El Disparaletras®» para anunciarte un evento que tendrá lugar este miércoles 7 de julio a las 19.00 horas. Se trata de una nueva presentación de mi novela juvenil Lugares prohibidos, aquella que viera la luz en noviembre de 2020 en el marco de la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria. ¿Por qué una nueva presentación? En este caso, para saldar un compromiso adquirido hace tiempo y largamente postergado a causa de la pandemia de COVID-19, que durante todo el 2020 se cargó la programación de muchísimos eventos de este tipo. En este caso, la idea era que Lugares prohibidos regresara al lugar en donde nació: el pueblo de Arucas, ese maravilloso municipio que me inspiró el escenario de esta historia juvenil cuyo recorrido, durante estos ocho meses que lleva en el mercado, no me ha dado sino alegrías.

El evento tendrá lugar en la Biblioteca Municipal de Arucas (Calle León y Castillo, Nº. 5), e iniciamos la velada a las 19.00 horas. Me estará acompañando la logística de Alejandro Santana y Librería Yaya, un comercio de referencia para todos los lectores de Arucas. De esta manera, iniciamos un verano que se presenta cargado de actividades y eventos, de los cuales, por supuesto, te mantendré al tanto a través de este blog. Por lo pronto, espero verte en Arucas dentro de dos días; habrá ejemplares en abundancia y un autor impaciente por firmarlos, así que pásate a descubrir los lugares prohibidos que se esconden tras la capa de normalidad que enmascara nuestra realidad; son sitios recónditos que, aunque no los veas, están al alcance de tu mano…

¡Nos vemos allí!

Visiones del Apocalipsis

Me habían hablado de los efectos de aquella bebida. Según los rumores, modificaba la percepción, y su ingesta provocaba la muerte de todo tipo de esperanza. Visiones apocalípticas, sensación inminente de finitud, precogniciones relacionadas con el Armagedón, acceso directo y visceral a la putrefacción.

El bar estaba escondido en lo más hondo de un callejón, más allá de los chorreantes escalones que precedían la puerta de un sótano. El lugar era sórdido, de atmósfera implacable. Los escasos pares de ojos me observaron sin curiosidad; sin duda, no era yo el primero que se acercaba a probar aquel elixir devastador.

El sabor resultó suave y cautivador; su textura, deliciosa y duradera en el paladar. Una leve sensación de embriaguez se apoderó de mí, y antes de salir del local ya pude oler la perdición de los presentes. También vislumbré, de reojo, cómo sus tejidos comenzaban a caerse a pedazos.

Pero el impacto supremo tuvo lugar cuando subí los escalones y me enfrenté a la ciudad llena de grietas y roturas. A los edificios derruidos. A las construcciones medio derrumbadas. A los gritos de dolor y pánico de todos aquellos que morían aplastados por los escombros.

Sonreí, pues aquello era lo que había venido a buscar: la visión completa del Apocalipsis.

«Tommyknockers»: una novela a reivindicar

Durante estas últimas semanas, Stephen King ha vuelto a ser noticia: la publicación de Después (After), su última novela, y los debates sobre si lo que ofrece es novedad o refrito, homenaje o directamente plagio, han inundado los blogs, las redes sociales y las pocas charlas de cafetería en las que he participado. Quienes me conocen un poco saben que mis preferencias están más bien orientadas hacia lo que podríamos llamar el «King clásico», así que a falta de una opinión formada sobre su último trabajo —sí: lo más probable es que tarde o temprano lo termine leyendo—, hoy me paso por «El Disparaletras®» para hablarte de la que para mí ha sido y sigue siendo una de sus novelas más fascinantes y ambiciosas: Tommyknockers.

Tommyknockers, de Stephen King. Debolsillo, Barcelona, 963 páginas

Era la cúspide de su creatividad, el momento de mayor fragor en su producción, una época en la que los libros excepcionales prácticamente se le caían de los bolsillos…, pero también uno de sus momentos personales más complicados, cuando su adicción al alcohol y a todo tipo de sustancias había llegado a lo más alto y amenazaba con hacer volar su vida en pedazos. Sí: nos ubicamos en la segunda mitad de los años ochenta; para muchos —entre los que me incluyo— indudablemente el momento más álgido en la carrera del escritor. Solamente hay que hacer un breve repaso a la nómina: El pistolero y Las cuatro estaciones (1982), Christine y Cementerio de animales (1983), El talismán y Sacrificio (1984), Skeleton Crew (1985), It (1986), La llegada de los tres y Misery (1987)… Demasiado, ¿no? Por si fuera poco, y coronando esta impresionante pirámide de obras maestras, aparece Tommyknockers, una novela potente y desenfadada, compuesta desde la más absoluta libertad creativa y ambición estructural, y destinada a convertirse en un rotundo fracaso de crítica y público. Sí: porque si algo tiene de curioso esta novela es el agudo contraste que existe entre su calidad intrínseca —en mi opinión, irrefutable— y la mala fama que la ha perseguido, principalmente debido a la forma tan despiadada en la cual la crítica especializada la fustigó, pero también a lo mal que ha hablado de ella el propio autor en unas cuantas entrevistas.

Posiblemente se deba a su atrezo, a su vestimenta de película de serie B, porque lo cierto es que Tommyknockers funciona como una especie de recreación de las películas de ciencia ficción de los años cincuenta: ya sabes, de esas en las que se veía el platillo volante sostenido por el cordelito. En cualquier caso, la gran apuesta de King consiste en desgranar la historia de la influencia nociva de un ovni desde dentro, desde la realidad comunitaria y desde el punto de vista de un enorme puñado de personajes, convirtiendo una premisa sencilla en el germen de una inabarcable novela coral. La modernidad en el tratamiento del tema o motivo literario consiste en trasladar el escenario, como siempre, al ámbito de la Norteamérica medio rural de los años ochenta, y a una especie de hongo expansivo de la influencia tóxica de la nave desde un epicentro concreto: el pueblecito de Haven, una de sus tantas localizaciones inventadas y ubicadas en el mapa de Maine, su estado natal.

Contraportada de la primera edición de Misery (Viking Press, 1987), publicada el mismo año que Tommyknockers.

La protagonista de la historia es Roberta Anderson, una escritora de novelas del oeste que vive aislada del mundanal ruido en una casa en medio de los bosques, a las afueras de Haven. Un día, y mientras pasea con Peter, su fiel sabueso, tropieza con un trozo de metal enterrado. Aquí entra en juego una de las situaciones narrativas favoritas del autor, y que mejores resultados le ha dado: la apertura de una especie de tecno-caja de Pandora, ese acercamiento al conocimiento prohibido que tan bien supo explotar H. P. Lovecraft en su día. Y es que el tropiezo inicial de Roberta Anderson se convierte en una verdadera obsesión por descubrir la naturaleza de ese objeto enterrado; así, no mucho después ya la tenemos excavando frenéticamente en su búsqueda, y pronto descubriremos, junto con el personaje, que dicho objeto resulta ser un enorme platillo intergaláctico. Aquí se desata el giro argumental maestro de la novela: los extraterrestres que pilotaban la nave no están muertos, sino en estado de hibernación en el interior de la nave, y el descubrimiento del platillo los ha despertado. A partir de entonces, emplearán sus habilidades telepáticas para influir en los ciudadanos de Haven. ¿Cuál será el resultado? Evidentemente, una ola de locura, crímenes, asesinatos, desapariciones y baños de sangre.

Stephen King mantiene una prodigiosa coherencia interna en el trazado de la historia, desplazándose con enorme soltura y equilibrio a lo largo de una gran cantidad de escenarios narrativos. Como siempre, resulta muy convincente la construcción de personajes, la creación de la atmósfera y la introducción de insertos. Esta riqueza de detalle le permite la confección de una novela sólida y atrapante, fascinante durante largos pasajes. En lo que es una de sus señas de identidad, el lector podrá comprobar cómo se deshace el contrato inicial: esto es, cómo se desmoronan las premisas narrativas de partida en pos de una metamorfosis conceptual tanto del escenario narrativo como de la naturaleza de los personajes. A la hora de analizar los distintos niveles estructurales que maneja, comprendemos que la novela funciona como una parábola de la involución, y como el resultado de la imposible convivencia entre dos razas separadas por un abismo cósmico. Por supuesto, no hace falta destacar la influencia patente del magistral relato de Lovecraft «El color del espacio exterior» (The Colour Out of Space, 1927) en esta novela.

Portada de la edición en rústica de Tommyknockers, de Stephen King. Plaza & Janés, Barcelona, 1992. 704 páginas

Al margen quedará la opinión fundada de los numerosos críticos que la pusieron a caldo en su día y que, por diversos motivos, siguen defenestrándola hoy. Fuera de este análisis dejaremos las razones por las cuales el propio Stephen King reniega de ella —es muy probable que lo retrotraiga a una época gloriosa de su vida creativa, pero también a un periodo muy desagradable de su peripecia personal—. A un lado dejaré los porqués de la reprobación del público en general, incluso de sus fanáticos más adeptos; como siempre, baso estas palabras en una opinión subjetiva y personal: creo y siento que Tommyknockers es una novela a reivindicar, un clásico a redescubrir y una obra magnífica que ha ser leída sin complejos ni preconceptos. En sus páginas, Stephen King nos ofrece una de las cumbres de su fecunda creatividad y recrea aquellos miedos siderales que nacieran con el horror cósmico en los años veinte y que se potenciarían con los miedos nucleares de los años cincuenta, plasmados en cantidades industriales de cine de ciencia ficción; ese miedo primordial a aquello que está en el exterior y que sabemos que algún día puede desatar lo peor que llevamos dentro de nosotros mismos; la presencia de los tommyknockers, llamando a tu puerta…

El invitado

Desde hace unos meses, Leopold, mi vecino, tiene un invitado. Nunca lo he visto, pero la vida de Leopold ha cambiado desde que llegó. De repente, todo le sale bien: en el trabajo, en el amor, en la salud… Este invitado parece haber traído un aura de felicidad para Leopold. La semana pasada pensé en tocar el timbre de mi vecino e intentar conocer al huésped…, pero una extraña sensación interna me lo impidió en el último momento.

Ayer me crucé con Leopold en el rellano, y su aspecto no me gustó nada. No digo que pareciera enfermo, pero daba la sensación de que le faltaba algo. Si me apuráis, diría que Leopold había perdido el alma.

—Es el pago que tengo que afrontar por tanta felicidad —dijo—. Desde que él llegó las cosas no son como antes.

Quise saber algo más acerca de ese misterioso invitado, pero Leopold se mostró muy reservado. A lo único que accedió fue a susurrarme al oído su nombre. La verdad es que no me sorprendió, pues lo he oído un millón de veces… y vosotros también. ¿Acaso hace falta que os lo repita?

Leopold se alejó, caminando por el rellano, rumbo a su apartamento, allí donde le esperaba un encuentro con su invitado. Por el camino, el alma parecía ir cayéndosele a pedazos.

Talleres intensivos (verano 2021)

Ha llegado junio, y me paso hoy por El Disparaletras® para anunciarte los talleres de escritura creativa que vamos a estar impartiendo este verano en la academia Fuentetaja. Como cada verano —salvo el de 2020, por lo que tú ya sabes—, ofrecemos un programa intensivo de introducción a la escritura creativa, con un contenido realmente sustancioso y original. Durante este verano tendremos dos talleres, que paso a detallarte:

El deseo de escribir: los primeros pasos en la escritura (del 13 al 29 de julio)

Nivel: Inicial.

Periodicidad: Intensivo.

Duración: 6 clases.

Apertura de grupos: Julio, del 13 al 29. (Inicio el martes 13.)

Horario: Martes y jueves de 19.00 a 21.00 horas.

Precio del curso: 125 euros.

Modalidad: Taller presencial en Las Palmas de Gran Canaria (Aula en Galería Manuel Ojeda, en la calle Buenos Aires, n.º 3).

Descripción: El taller de escritura creativa es el decano de nuestros talleres. En este intensivo mensual intentaremos descubrir cómo es un taller de escritura creativa de un modo práctico. Abriremos el camino de la imaginación, nos adentraremos en él y llegaremos al misterioso corazón de la escritura. Así, romperemos bloqueos, estimularemos la creatividad y superaremos las barreras que dificultan la expresión literaria. Una vez cursado este taller, su continuidad natural para quienes hayan disfrutado de la experiencia sería entrar en un grupo del nivel de iniciación de nuestro tradicional Taller de Escritura Creativa, bastante más sosegado en el ritmo de trabajo, y cuyo objetivo es establecer una disciplina a largo plazo, a la vez que proveer de unos conocimientos y destrezas técnicas que no es posible facilitar en propuestas de carácter intensivo.

Descarga aquí toda la información relativa a este taller.


El cuento fantástico moderno

Nivel: Inicial.

Periodicidad: Intensivo.

Duración: 6 clases.

Apertura de grupos: Septiembre, del 7 al 23. (Inicio el martes día 7.)

Precio del curso: 125 Euros.

Modalidad: Taller presencial en Las Palmas de Gran Canaria (Aula en Galería Manuel Ojeda, en la calle Buenos Aires, n.º 3).

Descripción: Un taller idóneo para los amantes del cuento fantástico y de la literatura del llamado «Boom Latinoamericano», o para aquellos que siempre han sentido curiosidad por este movimiento literario. Análisis y estudio del cuento fantástico moderno, principalmente el surgido en Latinoamérica a mediados del siglo XX. Rastrearemos sus orígenes estéticos en el cuento norteamericano, analizando sus influencias. De forma intensiva, se estudiarán las diversas vertientes de lo fantástico en la obra de autores como Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y otros, y la articulación del elemento fantástico en una narrativa comprometida con la realidad social. En este taller exploraremos nuestras habilidades para la creación de situaciones de índole irreal y trabajaremos especialmente los métodos de yuxtaposición con el entorno realista. También analizaremos los distintos espacios mito-poéticos de la literatura fantástica latinoamericana (Comala, Santa María, Macondo), y sus parámetros fundamentales en busca de una inspiración para la confección de nuestros propios espacios narrativos. Como complemento, se estudiará el carácter estético y expresivo del llamado «Realismo mágico» como subgénero principal surgido de la práctica del cuento en Latinoamérica, y su asimilación en algunos autores españoles, como Juan Benet.

Descarga aquí toda la información relativa a este taller.


Como ves, dos alternativas ideales para afrontar este verano, dos talleres completísimos donde poder desarrollar tu creatividad y tus capacidades para la escritura creativa.

Si tienes alguna consulta respecto a cualquiera de los talleres, no dudes en ponerte en contacto conmigo; escríbeme un correo electrónico a leandropinto@gmx.es y resolveré cualquier duda. Así que ya sabes: afila la pluma y la imaginación, que hay mucho que contar…

«El horror de Dunwich». Lovecraft y los miedos arquetípicos

Llevábamos un tiempo sin hablar del genio de Providence en este blog —no mucho tiempo, en realidad; más concretamente, desde el 15 de marzo—. Pero ya sabes que aquí, en El Disparaletras®, el bueno de H. P. Lovecraft es dueño y señor, y siempre que tengo oportunidad me suelto a comentarte algo sobre su vida o su obra. En este caso, te traigo algunas de las impresiones que me ha dejado una nueva relectura —no me pidas que las enumere— de una de sus obras maestras definitivas: «El horror de Dunwich».

El horror de Dunwich, de H. P. Lovecraft. Alianza, Madrid, 2018. 254 páginas

Este relato fue compuesto en 1928, en pleno desarrollo de los Mitos de Cthulhu, y cuando comenzaba a consolidarse la estructura temática y conceptual del horror cósmico. HPL nos regala aquí una soberbia historia de ambientación rural, provista de una imaginería sin igual y con una trabajadísima atmósfera de horrores materializados a través de lo que podríamos llamar «miedos arquetípicos», esos miedos que anidan no ya en el inconsciente colectivo de la raza humana, sino en una especie de fuente primigenia que se originó cuando el universo era muy joven, cuando el ser humano aún no caminaba por la tierra. En este caso, sirva como perfecta analogía el texto de Charles Lamb que Lovecraft cita al comienzo del relato, y que extrae de su obra Witches and Other Night-Fears. Los rostros del miedo, las diferentes configuraciones del horror, han variado a lo largo de los siglos, pero su esencia siempre ha estado ahí, desde el principio de los tiempos.

«El horror de Dunwich» narra la historia de la familia Whateley, un clan de brujos que habita en una comarca perdida, anclada en el ostracismo y la ignorancia, allende las montañas de la zona central de Massachusetts. El patriarca del clan, el viejo Whateley, practica rituales y ceremonias paganas en la cima de una colina, Sentinel Hill, donde invoca a dioses primigenios y criaturas primordiales, entre ellas, a Yog-Sothoth, la Llave que abre la Puerta. Un buen día, su hija Lavinia, una albina deforme de treinta y cinco años, queda embarazada. Los pueblerinos desconocen quién es el padre de la criatura y las habladurías se extienden como un reguero de pólvora. Mucho más cuando, nueve meses más tarde, Lavinia da a luz a Wilbur, un niño precoz y muy difícil de ver: sin mentón, de largas extremidades y con un rostro caprino y deforme. El crío desarrolla, en muy poco tiempo, unas capacidades inexplicables para su corta edad: a los cuatro años ya vocaliza perfectamente, tiene vello facial, voz gruesa, va abotonado hasta el cuello y porta un arma de fuego, ya que los perros de la comarca lo acosan y pretenden atacarlo. La familia Whateley, conforme el desarrollo del «pequeño» Wilbur se vuelve cada vez más desproporcionado, compra ingentes cantidades de ganado y lleva a cabo rudimentarias pero inacabables reformas en su granero y su finca. Los alrededores de esta huelen muy mal y los pueblerinos se temen lo peor, ya que todo parece indicar que, además de al mocoso híper desarrollado con facciones caprinas, Lavinia ha traído al mundo a otra criatura… probablemente más horrenda y peligrosa aun que el propio Wilbur.

Impresionante recreación visual de la escena final de «El horror de Dunwich», de H. P. Lovecraft

Lovecraft estructura el relato en nueve capítulos y ambienta la historia en dos escenarios de enorme contraste: los rústicos parajes agrestes de Dunwich y los eruditos salones de la Universidad Miskatonic, en Arkham, donde el caso de las anomalías de Dunwich llamará la atención del profesor Henry Armitage, un estudioso del folclore local que, entre otras cosas, custodia el valioso ejemplar del Necronomicon que se almacena en la biblioteca de dicha universidad. Lovecraft implementa una estrategia narrativa muy especial, y bastante inusual en él: en lugar de adoptar el punto de vista de un narrador personaje —su punto de partida más frecuente—, elige contar la historia desde un narrador omnisciente que se permite el desplazamiento entre escenarios y personajes, consiguiendo de esta forma un relato extraordinariamente coral. Así, mediante testimonios y conversaciones a través del teléfono comunal, tenemos acceso a los hechos ocurridos en Dunwich desde la perspectiva de los rústicos habitantes de la comarca, de algunos visitantes a la granja de los Whateley, de los azotacalles que malgastan su tiempo en el almacén de Osborn y, por supuesto, desde el punto de vista de los estudiosos de Arkham, con quienes el lector inevitablemente empatizará.

Un recurso muy curioso que utiliza el autor de Providence en este relato es la diferenciación en el habla entre los personajes. Para resaltar el profundo atraso intelectual de los pueblerinos de Dunwich, Lovecraft los hace «hablar» con faltas y defectos ortográficos y gramaticales, buscando de esta forma reproducir una dicción muy deficiente. Es importante aclarar que esta diferenciación en el habla no ha sido respetada por todas las traducciones al castellano. La editorial Valdemar —cuya traducción corrió a cargo de Juan Antonio Molina Foix— sí ha trabajado a fondo esta traslación, consiguiendo que la experiencia de lectura sea mucho más sensitiva; la edición de Alianza que citamos aquí, y cuya traducción llevó a cabo Aurelio Martínez Benito en 1981, opta no obstante por una traducción neutra. Dicha edición incluye, además, otros tres relatos de Lovecraft en el volumen; estos son «El modelo de Pickman», «El susurrador en la oscuridad» y «El extraño», amén de un texto muy interesante de August Derleth en donde desglosa someramente la vida y la obra del maestro de Providence.

«El horror de Dunwich» es la obra favorita de una gran cantidad de lectores lovecraftianos, y yo personalmente la considero una de las mejores, un pico en la trayectoria del mejor autor de terror de todos los tiempos. Su estructura ambiciosa de perspectiva múltiple, su desarrollo narrativo, el crescendo del horror cósmico que trabaja, los impresionantes giros en la trama, la descripción precisa y abigarrada de las aberraciones que se producen en el pueblo y, sobre todo, la representación conceptual que lleva a cabo de los miedos arquetípicos lo convierten en uno de los relatos de horror más influyentes jamás escritos. Una pieza maestra cuya lectura impacta y embelesa, al tiempo que nos lega un montón de preguntas inquietantes acerca de nuestro papel en la realidad cósmica, nuestro verdadero e insignificante rol ante esa puerta que domina Yog-Sothoth y que, un buen día, puede llegar a abrirse…

Hawthorne: los cimientos del «American Gothic»

Si existe un autor fundamental para entender el arraigo de la literatura gótica en los Estados Unidos sin duda es Nathaniel Hawthorne, uno de los pocos escritores del género verdaderamente reconocidos por el «canon», palabra indudablemente conflictiva. Su obra es abundante y de enorme calidad, pero hoy quería centrarme en uno de sus mejores relatos, un cuento que cimentó buena parte de las bases discursivas y atmosféricas de esa rama del horror literario que conocemos como American Gothic; una narración fascinante titulada «El joven Goodman Brown».

Musgos de una vieja rectoría [Relatos fantásticos y siniestros], de Nathaniel Hawthorne, volumen que contiene el relato «El joven Goodman Brown». Valdemar, Madrid, 2015. 376 páginas

Un joven honesto y cristiano, Goodman Brown, se interna en un sendero que atraviesa un bosque tenebroso a las afueras de Salem, ciudad en la que vive con su encantadora esposa Faith, con la que lleva casado apenas tres meses. Brown se dirige a un lugar indeseado por él y por su mujer, pero su destino es ineludible. Ha concertado una cita con un ser extraño, un anciano de etérea morfología y capacidad para adoptar diversas identidades, entre ellas la del abuelo de Goodman Brown. El misterioso anciano porta un bastón con forma de serpiente que, a ratos, parece cobrar vida y culebrear entre el polvo del camino. A lo largo del trayecto, Goodman Brown y el anciano se encontrarán con Goody Cloyse, una vieja instructora de catecismo, pero también con otros respetables hombres de la ciudad de Salem. Todos, al parecer, se dirigen al claro del bosque donde se ha de celebrar un ritual oscuro y demoníaco; una ceremonia infernal que el joven Goodman Brown, aunque aborrezca la idea, se verá obligado a presenciar…

Publicado en 1835, este relato magistral, adelantado a su tiempo, establece las bases temáticas y los motivos literarios esenciales para el desarrollo del gótico americano durante los siglos XIX y XX. Fuertemente arraigado en los elementos tradicionales de Nueva Inglaterra y en la cultura de los padres fundadores, ubica la acción en la maldita aldea de Salem, tristemente célebre por los procesos por brujería que tuvieron lugar entre 1692 y 1693. Todavía con reminiscencias culturales de la América colonial, el relato discurre en el límite mismo entre el oscurantismo y la superstición y los preceptos de la religión exacerbada y el puritanismo fanático. La narración se convierte en una aguda y lúcida reflexión sobre los miedos ancestrales y los efectos psicológicos de una doctrina inclemente y dogmática: la presencia del Diablo como encarnación del mal absoluto en el discurso religioso, materializada en una vívida pesadilla sensitiva. El cuento también funciona como implacable metáfora del pecado, concepto inherente a la naturaleza humana y del cual no se libra ni el más férreo de los puritanos.

Recreación de la antigua ciudad de Salem, en Massachusetts, famosa por los procesos por brujería del siglo XVII, ciudad natal de Hawthorne y escenario habitual de sus narraciones.

El autor trabaja profundamente el perfil psicológico del personaje principal, el joven Goodman Brown. Ya desde la elección del nombre de pila, Hawthorne retrata a un hombre bueno, honrado, fielmente enamorado de su esposa y temeroso de Dios, que se ve arrastrado hasta el corazón de un bosque umbrío para presenciar el surgimiento del mal absoluto: una silueta oscura y siniestra cuyo mensaje no puede ser más desalentador. El nombre de pila de su mujer —Faith— tampoco está elegido caprichosamente, y la descripción de los personajes secundarios compone un retrato arquetípico de las comunidades americanas de la costa Este durante la época postcolonial. El autor demuestra ser un verdadero maestro en la creación de la atmósfera turbia y malsana que envuelve toda la narración, dando origen a una tradición literaria que haría escuela: la utilización de un profuso bagaje léxico para la disección de paisajes, rincones apartados, antiguos caserones coloniales, iglesias de pueblo, tabernas, callejones, etcétera. Son los elementos que los escritores norteamericanos se vieron obligados a potenciar en ausencia de los escenarios clásicos del gótico europeo, tales como abadías, monasterios, castillos o ruinas medievales. Esta tendencia a una creación atmosférica abigarrada y ampulosa encontraría continuidad en los dos grandes genios del horror literario en los Estados Unidos: Edgar Allan Poe y H. P. Lovecraft, y de ahí en adelante, en mayor o menor medida, en todos los escritores adscritos al género. Es por ello que no es exagerado afirmar que nos encontramos ante una de las piezas fundacionales el Gótico Americano, quizá solo superada en su carácter anticipatorio por la impresionante novela de Charles Brockden Brown Wieland, o la transformación, de 1798.

Nathaniel Hawthorne (1804-1864)

Nathaniel Hawthorne nació, cómo no, en Salem, en 1804, y fue uno de los maestros indiscutibles de la ficción gótica y el romanticismo oscuro. Es mundialmente conocido por su novela La letra escarlata (The Scarlett Letter, 1850), narración que retrata la hipocresía del puritanismo de Nueva Inglaterra en el siglo XVII. Una de sus obras más destacadas, y clave también en el desarrollo del Gótico Americano, es la novela La casa de los siete tejados (The House of the Seven Gables, 1851), fascinante narración sobre los efectos de la bujería y las maldiciones ancestrales sobre una construcción maldita erigida en el centro de la ciudad de Salem. A propósito de esta ciudad y de su famosa caza de brujas de finales del XVII, no es menor el dato biográfico de Hawthorne que lo ubica en el mismo árbol genealógico que el juez John Hathorne, el único de los magistrados involucrados en los procesos por brujería que no se arrepintió de su participación ni de sus decisiones en los juicios. Para huir de este siniestro pasado, nuestro autor intercaló una «W» en su apellido. Hawthorne es uno de los escritores de cuentos góticos más notables de su tiempo; entre sus piezas breves cabe destacar «La marca de nacimiento», «La hija de Rappaccini», «El banquete de Navidad» y, por supuesto, «El joven Goodman Brown», considerada una de sus obras cumbre y uno de los relatos más influyentes del Gótico Americano. Hawthorne murió en Plymouth en 1864, y sus restos descansan en el cementerio de Sleepy Hollow. A día de hoy, se lo considera uno de los padres de las letras americanas, junto con Washington Irving, Henry David Thoreau y Ralph Waldo Emerson.

«Voyeur»

Desde un rincón en penumbras de la habitación observo tus rituales amatorios, el amplio desfile de personajes anónimos que pasan por nuestra cama y con los que te has propuesto, sin duda, recuperar el tiempo perdido. Jamás podré expresar con palabras la mezcla de furia y excitación que me provoca mirarte y devorar tu cuerpo, ahora, solo con los ojos.

Para muchos puedo ser un vulgar mirón, un simple voyeur; para otros, una más de las sombras inquietas que acuden desde el otro lado para vigilar a los suyos. Lo cierto es que, tras una muerte tan repentina, podrías haberme guardado el luto durante al menos una semana…

El pozo

Releí la novela una vez más; El pozo. Siempre ha sido una de mis obras de cabecera, una biblia de enseñanza permanente y continuo redescubrimiento. Contemplé el techo manchado de presagios y abandoné la habitación, donde todavía flotaban los susurros del nihilismo. Las miserias del pozo bullían en mis tripas, así que salí al jardín trasero y aparté las zarzas hasta llegar al pútrido cigoñal. Como era sabido, y como cada vez que releía la novela, me asomé al pozo. Ese pozo que era solo mío. El agua hacía años que había dejado de ser cristalina, y el resultado de mis reflexiones estaba allí, atroz e insoslayable. Sobre la turbia pecina del fondo, y en tétrica armonía, flotaban un montón de pájaros muertos.

Panorama desde el puente

La mañana plomiza se desparramaba sobre el río quieto y la ciudad moribunda. La línea de casas bajas y bloques de apartamentos más allá del ribazo emanaba un silencio lóbrego: la extinción masiva de los habitantes. Era un día ideal para apoyar las manos sobre el gélido pretil del puente y saltar al vacío, al frío abrazo de las aguas inmóviles, al túnel ensordecedor de las profundidades.

La vista desde el puente no arrojaba esperanzas de redención. Más allá de esta perspectiva infecunda yacía, inmóvil, todo aquello que alguna vez fue.

Solo el tiempo insensible transcurrió sobre el pavimento helado del puente; ninguna presencia física perturbó la calma de las aguas inmutables. El panorama no se modificó y nadie, jamás, contempló aquella postal desoladora.