El horror ontológico: una nueva escuela

Esta será una entrada muy especial en El Disparaletras®, ya que llevo semanas preparándola. Surge a raíz de una lectura sumamente impactante a la que tuve acceso a principios de septiembre, y de cuyas páginas salí fascinado y con muchas ganas de contarte la impresión que me causó. Se trata de un libro que me llegó a través de un gran amigo y conocedor del género de terror, y como una recomendación muy especial; sabedor de mis gustos al respecto, está claro que supo desde el principio el embelesamiento que me produciría. A bote pronto, y aunque pueda pecar de exagerado, creo que puedo afirmar que estamos ante el mejor libro de terror de los últimos treinta años —quitando de la competición los compilados de Thomas Ligotti, excluidos de toda posible comparación—. Tan rimbombante presentación corresponde a un inquietante y algo ignoto volumen de cuentos titulado El secreto de la ventriloquia, de un tal Jon Padgett.

El secreto de la ventriloquia, de Jon Padgett. Dilatando Mentes Editorial, Alicante, 2019. 225 páginas

Arraigado en las bases discursivas del horror filosófico de Ligotti —de quien es amigo personal y una especie de «apadrinado»—, Padgett desarrolla en este libro una serie de narraciones de estilo simple y directo que ahondan en lo más profundo de la esencia humana y no humana para traernos un nuevo tipo de horror: un horror basado en la evocación de fenómenos inquietantes en absoluto relacionados con la sangre o los conceptos tanáticos propios del horror tradicional o contemporáneo, sino con la realidad misma de la existencia. Retrotrayéndose a épocas quizá pre-cartesianas, Padgett construye unos cuentos que ponen en tela de juicio nuestra realidad como entes vivos, aunque poseamos la capacidad de pensar. La cotidianeidad no se ve distorsionada por elementos sobrenaturales o por la irrupción de nuevas dimensiones o vórtices espacio-temporales, sino por una transgresión indirecta —en ocasiones ilusoria— de las normas básicas de la realidad orgánica. Así, el lector se encuentra ante la recreación de unas atmósferas espesas, densas, sobrecargadas de un miedo existencial que, por desconocer justamente su origen o naturaleza, resulta más influyente que los «miedos tradicionales».

El esquema del volumen está hábilmente trazado. Dividido en nueve narraciones independientes y absolutamente heterogéneas —ya explicaremos la naturaleza de cada una de ellas—, todos los cuentos, aunque autónomos, guardan una ilación interna o de continuidad conceptual que, a los ojos de un lector atento, terminan conformando una sola gran historia. Algunos elementos funcionan como leitmotiv o motivos de conexión entre unas narraciones y otras, otorgando al conjunto una fascinante visión global. Esta no está relacionada con los mimbres de una especie de «novela deslavazada», sino con una serie de secuencias cronológicas que solo encuentran explicación dentro de las normas espacio-temporales del microuniverso planteado por el autor. El vehículo de todo el aparato conceptual termina siendo, en todo caso, cierto manual de ventriloquia al que se hace referencia, y que se desgrana en veinte inquietantes pasos entre las páginas 72 y 105 de la edición de Dilatando Mentes —digamos, muy intencionadamente insertados en el corazón del volumen—.

Portada de la edición estadounidense de El secreto de la ventriloquia (Dunhams Manor Press, 2016, 200 páginas)

El libro se inicia con «La autoconciencia del horror», un texto en clave filosófica que ahonda en el concepto de horror ontológico como punto de partida, un simple monólogo interior de discurso existencialista. Le sigue «Susurros de una voz conocida», quizá el más convencional de los relatos compilados en el volumen —y el único que aparece algo desconectado del conjunto global—: la historia de dos hermanos y una relación enfermiza en la que el miedo actúa como vehículo de tortura. El siguiente relato es «El pantano cubierto», la descripción barroca y sobrecogedora de una atracción de feria enclavada en un punto muy concreto de la irrealidad; un texto fascinante que sirve de entremés para la llegada del mejor de todos los cuentos del libro: «Sueños Origami», una narración de corte onírico absolutamente inspirada en los universos de horror filosófico de Thomas Ligotti, y donde se desvelan algunas claves que serán esenciales para comprender la ilación del resto de las narraciones. Es un cuento que nos habla, fundamentalmente, de lo etéreo no solo de nuestra propia identidad, sino del entorno que habitualmente nos rodea. El quinto texto es el mencionado manual «20 pasos hacia la ventriloquia», sin duda la columna vertebral de todo el volumen; un escrito fascinante que comienza como un simple manual de instrucciones para la práctica de la ventriloquia, pero que deriva, a partir del paso 9, hacia unos procesos de dominación mental y ontológica absolutamente sobrecogedores. La secuencia continúa con «Infusorio», una narración de corte criminal que recrea buena parte de las premisas atmosféricas de una de las obras maestras de Ligotti: «La Torre Roja». «Órgano-Vacío» describe un abrumador episodio mental en la figura de un personaje femenino que ve su realidad distorsionada a raíz de la aparición de un simple letrero. Padgett, a continuación, destroza radicalmente el entramado discursivo del libro con la introducción de una obra de teatro en el texto que da nombre al volumen: «El secreto de la ventriloquia», plagado de indicaciones escénicas y momentos que coquetean con el puro surrealismo. El volumen se cierra con «Huida a Thin Mountain», un cuento de ritmo envolvente que recrea el desarrollo de una canción.

Una de las pocas imágenes del autor, Jon Padgett, ventrílocuo profesional

La estupenda edición de Dilatando Mentes —a quien tendremos que agradecer largamente este abrumador hallazgo— incluye un prólogo de Matt Cardin y un post-facio de Jorge P. López, además de unas cuantas ilustraciones y misceláneas textuales y visuales que dan mucho empaque al volumen. Del autor, Jon Padgett, muy poco sabemos —al igual que de su mentor, el genio Ligotti—. Padgett es ventrílocuo profesional, aunque no practicante. En internet e Instagram se pueden ver algunas imágenes de su muñeco, Reggie McRascal. También sabemos que vive en Nueva Orleans, y que es editor de Vastarien, una publicación dedicada al estudio del corpus narrativo de Thomas Ligotti. También sabemos que buena parte de su trabajo se puede encontrar en un puñado de publicaciones pulp actuales —¡sí, todavía existen!—.

El escalofriante Reggie McRascal, el muñeco de ventriloquia del autor, Jon Padgett

Por mi parte, me he propuesto estar muy atento a cualquier novedad que pueda haber sobre este autor, un digno representante de esta nueva escuela que parece orientarse hacia el horror ontológico, y que deriva de forma directa del trabajo de Thomas Ligotti, especialmente de los postulados acerca de la maldición de la existencia que este plantea en su inmortal ensayo La conspiración contra la especie humana (2010) —ya sabes que en este blog existe un dossier exclusivamente dedicado a Thomas Ligotti: accede a todo lo que he publicado sobre él desde aquí—. Como he venido mencionando durante los últimos años desde esta plataforma, el género del horror literario pide a gritos nuevas tendencias temáticas y estilísticas, una reelaboración casi integral de su discurso y de sus iconos representativos. Ligotti es el gran profeta de esta nueva escuela, sin lugar a dudas, y reconforta comprobar que, poco a poco, van surgiendo alumnos aventajados y dignos representantes de esta renovada generación. Con El secreto de la ventriloquia, Jon Padgett irrumpe en el panorama y nos regala uno de los volúmenes de cuentos más fascinantes y perturbadores de las últimas décadas.

2 comentarios en “El horror ontológico: una nueva escuela

  1. Estimado,

    Sí esta obra te ha gustado. Te invito a degustar La Institución y El inconmensurable cadáver de la naturaleza. Ambas en Dilatando Mentes.
    Quizás no te transformen, pero estoy seguro de que tu alma, si es que crees en semejante futilidad, se verá mínimamente corrompida.
    Atentamente, Dr. Severini.

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    • Muchas gracias por la recomendación, querido Dr. Severini; sigo tus textos muy atentamente. E igual de atentamente seguiré este consejo desinteresado que me brindas. Sin duda Dilatando Mentes está haciendo un trabajo muy interesante en este campo, siempre con el objetivo primordial de corromper nuestras almas (si es que creemos en semejante futilidad, lógicamente). Gracias por visitarme en mi blog, amigo. Un abrazo.

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