El pozo

Releí la novela una vez más; El pozo. Siempre ha sido una de mis obras de cabecera, una biblia de enseñanza permanente y continuo redescubrimiento. Contemplé el techo manchado de presagios y abandoné la habitación, donde todavía flotaban los susurros del nihilismo. Las miserias del pozo bullían en mis tripas, así que salí al jardín trasero y aparté las zarzas hasta llegar al pútrido cigoñal. Como era sabido, y como cada vez que releía la novela, me asomé al pozo. Ese pozo que era solo mío. El agua hacía años que había dejado de ser cristalina, y el resultado de mis reflexiones estaba allí, atroz e insoslayable. Sobre la turbia pecina del fondo, y en tétrica armonía, flotaban un montón de pájaros muertos.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.