Panorama desde el puente

La mañana plomiza se desparramaba sobre el río quieto y la ciudad moribunda. La línea de casas bajas y bloques de apartamentos más allá del ribazo emanaba un silencio lóbrego: la extinción masiva de los habitantes. Era un día ideal para apoyar las manos sobre el gélido pretil del puente y saltar al vacío, al frío abrazo de las aguas inmóviles, al túnel ensordecedor de las profundidades.

La vista desde el puente no arrojaba esperanzas de redención. Más allá de esta perspectiva infecunda yacía, inmóvil, todo aquello que alguna vez fue.

Solo el tiempo insensible transcurrió sobre el pavimento helado del puente; ninguna presencia física perturbó la calma de las aguas inmutables. El panorama no se modificó y nadie, jamás, contempló aquella postal desoladora.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.