Escaleras

A medida que ascendía esos peldaños mohosos y ancestrales tuve claro que no me sentiría cómodo entre ellos. Llevaba años allí abajo, aislado, encerrado, oculto…, como si fuera yo un secreto tortuoso que no podían compartir con nadie.

Ahora, tras una vida entre tinieblas, por fin me daban la oportunidad de subir esas escaleras que me separaban de su mundo.

Cada peldaño que pisaba levantaba una nube de polvo e incuria, y cada vez más cerca podía oír sus gruñidos, sentir su espantoso hedor, percibir su nociva influencia.

Cuando por fin llegué arriba mis sospechas se confirmaron. Definitivamente, jamás podría sentirme cómodo entre ellos. No eran como yo.

No eran humanos.

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