«Los poderes de la oscuridad»: el Drácula escandinavo

Si hay algo que me entusiasma en materia literaria son las rarezas. Es decir, las versiones apócrifas, los spin off, las traducciones defectuosas, los manuscritos encontrados…; en fin: todo aquello que constituya una opción paralela de algún clásico insustituible. Por supuesto que no me vuelvo adepto a cualquier pastiche mal construido o ciegamente lanzado al mercado con intención de aprovechar la fama del original. No, no… A lo que me refiero es a toda aquella literatura paralela que, por algún motivo, ha permanecido enterrada u olvidada, y cuya excelente factura constituye una muy interesante alternativa a la obra consagrada de la cual es espejo o, en muchas ocasiones, «reverso tenebroso». Es lo que me ocurrió con una de las lecturas que encaré este verano, la originalísima Los poderes de la oscuridad, la traducción islandesa del Drácula de Bram Stoker, obra de un periodista y traductor islandés de nombre Valdimar Ásmundsson.

Los poderes de la oscuridad, de Bram Stoker y Valdimar Ásmundsson. Ediciones B, Barcelona, 2017. 381 páginas

Si me interesan sobremanera las versiones paralelas, qué decir cuando lo que se versiona es mi novela favorita. Drácula es para mí una relectura obligada año tras año, y suelo pontificar por ahí que se trata de la novela de terror más grande jamás escrita. ¿Y resulta que ahora caía entre mis manos otro Drácula? Había que devorar esas páginas inmediatamente… Lo que me encontré fue una muy interesante alternativa a la novela original, mucho más descompensada en su estructura y despojada de buena parte de su magia narrativa, eso sí, pero en todo caso una atrapante visión del conflicto vampírico, en esta ocasión centrada casi exclusivamente en la figura de Thomas Harker, la versión escandinava del Jonathan Harker que todos conocemos.

Es importante aclarar que Los poderes de la oscuridad no es una versión apócrifa, una traducción libre al islandés o una adaptación desautorizada de la novela de Bram Stoker. Valdimar Ásmundsson, el traductor, contó con el aval del autor para publicar la novela por entregas en las páginas del periódico islandés Fjiallkonan, entre enero de 1900 y marzo de 1901. Si tenemos en cuenta que Drácula se publicó en Inglaterra en 1897, comprobaremos que los caminos de ambas novelas fueron paralelos; al tiempo que la versión original ganaba fama y adeptos en el Reino Unido, Los poderes de la oscuridad comenzaba a publicarse en un rotativo de la lejana y remota Islandia. Aquí lo llamativo, y lo que realmente lleva a pensar, es que Stoker autorizara —e incluso, presuntamente, colaborara con un prólogo— una versión tan diferente de su obra maestra. Pese al exhaustivo trabajo ensayístico que precede a la novela, se desconocen los motivos concretos de esta peculiar decisión de Stoker.

Original de la primera edición de Drácula, de Bram Stoker, publicada por Archibald Constable & Co. Ltd. el 26 de mayo de 1897

Más allá de la novela, el libro viene acompañado, como decimos, de una amplísima introducción en la que se desvelan las diferentes peripecias de traducción, adaptación y versionado por las que pasó el texto original en manos de Valdimar Ásmundsson, el intrépido periodista islandés que se lanzó a la aventura de publicar la novela de Stoker por entregas en su periódico. Este ensayo ofrece una biografía detallada de Ásmundsson, así como otros detalles conceptuales que nos facilitan el contraste entre ambas versiones. También se aportan detallados planos del castillo en los Cárpatos que habita nuestro conde favorito —el castillo que sirve como escenario a Los poderes de la oscuridad, y no a Drácula, ya que su disposición difiere bastante— y un resumen de los nuevos personajes que aparecen en esta versión. Sí, porque en la adaptación de Drácula al islandés conoceremos a nuevos personajes y situaciones, e incluso tendremos acceso a pasajes y escenas cargadas de un erotismo del cual carece el Drácula original.

Si hay que hablar de las disimilitudes más notorias entre ambas novelas, más allá de las ya mencionadas, diremos que la principal estriba en su estructura madre, en su esquema de macronarración. Mientras que en Drácula la estancia de Jonathan Harker abarca únicamente los cuatro primeros capítulos —si bien es, muy probablemente, el segmento más memorable de la novela—, en Los poderes de la oscuridad dicha estancia se lleva casi el ochenta y cinco por ciento del libro. Todo lo que viene después —la travesía del Deméter, los extensos capítulos que se desarrollan en la abadía de Whitby, los pasajes londinenses y aquellos capítulos que nos trasladan a Carfax, más todo el viaje de regreso a Transilvania— está desproporcionadamente resumido en un breve segmento final. Se diría que Ásmundsson —insistimos: con la connivencia de Stoker— intentó sacarle todo el partido posible al poder hipnótico que desprende la primera estancia de Harker en Transilvania. Todas estas diferencias, como puedes ver, crean casi una nueva versión de esta fascinante novela, un libro diferente. La sensación es similar, quizá, a la que se tiene cuando uno encara la lectura de «El invitado de Drácula», el famoso cuento escrito por Stoker que originalmente iba a formar parte de la novela pero que finalmente fue descartado, y su texto reutilizado más tarde como relato independiente y publicado por la mujer de Stoker tras su muerte.

Valdimar Ásmundsson (1852-1902), traductor de Drácula al islandés y propietario del periódico Fjallkonan, que publicó Los poderes de la oscuridad por entregas entre enero de 1900 y marzo de 1901

Lo interesante es que, gracias a la introducción y a las abundantes notas a pie de página, obra del alma máter del proyecto, Hans Corneel de Roos, hoy tenemos acceso a una nueva versión de esta novela inolvidable, el paradigma de la narrativa de vampiros; un libro que marca un notorio quiebre entre las narrativas de los siglos XIX y XX y que nos regaló nada menos que al no-muerto más famoso de la historia. Drácula es una novela inmortal, y yo particularmente nunca me cansaré de releerla y de encontrarle nuevos matices; aun así, la experiencia de sumergirme en la lectura de esta versión paralela me ha despertado sentimientos muy particulares: esa extraña sensación que se experimenta cuando uno visita a unas personas a las que ya conoce largamente, pero a las que va a ver desenvolverse en un ámbito distinto, en un escenario diferente y bajo situaciones inéditas. Solo por eso ya amerita zambullirse entre las páginas de esta auténtica joyita titulada Los poderes de la oscuridad; nada menos que la versión islandesa de nuestro amado Drácula.

Quiero dedicar este post y agradecer especialmente a mi gran amiga Nayra Blanco, que fue quien me puso en conocimiento de esta rareza —además de proveerme del libro—. Nuestra pasión compartida por la novela de Bram Stoker encuentra aquí, obviamente, la excusa para nuevas y extensas horas de conversación.

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