Atrapado

Nos habíamos internado en el corazón de la estepa, sin esperar que nos encontraríamos con aquella efigie. Pero ahí estaba, en medio de la nada, el testimonio de un tiempo oxidado, extinto, terminado. Nos preguntamos a qué podía obedecer esa postura encogida, un pensador petrificado por el paso de los eones, y cuál era la naturaleza de esa sustancia viscosa que lo envolvía, una especie de mucosa milenaria. Pero lo más terrorífico, sin duda, era la red que lo envolvía, una malla que protegía todo su cuerpo y también la peana sobre la que descansaba. Se nos ocurrió pensar, antes de huir de allí, despavoridos, que estábamos ante un prisionero del pasado; alguien que, muy a su pesar, había permanecido atrapado, envuelto en su destino ineludible. No por mucho o demasiado tiempo, sino para siempre…

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