Estigia

Llevaba encima mi bloc de notas, al acecho de poder cazar alguna historia. Esperábamos en aquella costa desolada, expectantes ante la llegada de la famosa barca; yo no dejaba de manosear el óbolo lleno de tierra. El rugido de las aguas inquietas de la laguna ponzoñosa no me impidió oír las historias, la recua de abyecciones, la seguidilla de crímenes. Allí, en la antesala del inframundo, pude nutrirme de sus pecados, no inferiores a los míos.

Ahora escribo cuentos en un cálido rincón del Hades, pese a los tormentos.

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