Atracción de feria

Todos los años, cuando la feria de los finlandeses visitaba el pueblo, desaparecían tres o cuatro personas. El misterio se evaporaba entre todos los hechos luctuosos que tenían lugar en la comarca durante el resto del año, pero durante mucho tiempo me pregunté qué pasaba realmente con esas personas a las que no volvíamos a ver.

Un año me propuse averiguarlo. Agazapado, intenté colarme en una de las atracciones. Los finlandeses la llamaban «Mestaus» —ese era el nombre que figuraba en el cartel de la entrada, grabado con letras de fuego sobre un trozo de madera—. Por supuesto, jamás tuve idea del significado de aquella palabra.

Durante el día me fue imposible entrar furtivamente en la pequeña tienda de campaña, pero por la noche, cuando ya la feria había apagado las luces y apenas quedaban resabios del olor del caramelo y las castañas asadas, me aproximé a la atracción y, levantando una de las lonas laterales, me colé sin que nadie me viera. El suelo estaba previsiblemente impregnado de sangre recién derramada, y dentro de una cesta de mimbre había cuatro cabezas humanas. Los cuerpos decapitados pendían con el cuello cercenado hacia abajo, colgados de las piernas, como jamones expuestos en una charcutería.

Entre ellos reconocí a mi padre, de quien nada sabíamos desde la tarde anterior…

2 comentarios en “Atracción de feria

  1. Excelente. Brutal.
    Ya de niño me sentía fascinado por el mundo de las ferias itinerantes, parques de atracciones antiguos (nada de temáticos), y los viejos circos. El terror le ha sacado un buen partido a todo esto, y son precisamente los cuentos y novelas que más me gustan. Hay cosas muy malas y otras muy buenas, claro. Mis novelas favoritas son “La feria de las tinieblas” de Ray Bradbury, “El circo del Dr. Lao”, de Charles G. Finney y “Amor de monstruo”, de Katherine Dunn. También hay muchos cuentos que no mencionaré aquí por pereza, pero hay uno incluido en el libro de relatos de John Connolly, sí, una sorpresa de autor en este volumen (“Nocturnos”) donde se reúne todos sus excelentes cuentos de terror titulado “Algunos niños se extravían por error”. Efectivamente el circo una vez alejado del pueblo deja la desolación a su paso por las extrañas desapariciones de niños.

    Si algún día tenemos la suerte de podernos encontrar hablaríamos sobre este tema tan interesante. Te contaría algunas anécdotas de mi vida respecto a mis experiencias con el circo, las ferias y los parques de atracciones retro, que son los que más me gustan. Y tú, ¿tienes tus historias de infancia sobre estos siniestros y encantadores espectáculos?

    Un fuerte abrazo.

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    • Hola, Paco. Muchas gracias por este comentario tan pormenorizado. De todo lo que nombras solo conozco la novela «La feria de las tinieblas», de Ray Bradbury, aunque la he leído unas tres o cuatro veces, porque es de mis favoritas; creo que retrata a la perfección esa comunión entre la infancia y el terror, magníficamente escenificada en la feria ambulante que sale en la novela (con un cameo especial del «hombre ilustrado). Tomo buena nota de todo lo que comentas. Mis experiencias personales al respecto (obviamente ficcionalizadas) las he plasmado en un relato llamado «Tiovivo», que forma parte de mi volumen de cuentos «Alguna clase de monstruo» (Mercurio Editorial, 2019). Lo apunto como tema para cuando nos veamos. Un abrazo.

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