El terror: una reacción física

Hoy te traigo un nuevo microensayo sobre la obra de un autor que ya se ha pasado otras veces por El Disparaletras® —accede al análisis que hicimos en su día de uno de sus mejores relatos («En las colinas, las ciudades») y de una de sus novelas más representativas (El corazón condenado)—. Sí, lo has adivinado: hablamos del gran Clive Barker, en mi opinión el máximo representante, junto con Ramsey Campbell, del horror británico contemporáneo. Y hoy, además, nos adentraremos en uno de sus relatos más míticos y resonantes, bautizado con un título que en un principio puede sonar genérico y hasta poco creativo, pero cuya elección resulta por demás acertada. Hablamos, claro, de «Terror».

Libros de sangre [Volúmenes I, II y III], de Clive Barker. Valdemar, Madrid, 2016. 690 páginas. (El relato «Terror» está localizado entre las páginas 243 y 287 de este volumen.)

El texto empieza con una frase lapidaria: «No hay placer igual al miedo». A partir de ella, el autor desarrolla una historia escalofriante, de tintes filosóficos, para explicar el terror como una reacción física, como un destilado de lo que puede llegar a ser la cima del sufrimiento, pero también como una fuente de placer sin igual. Al menos, esa es la teoría que pretende demostrar el profesor Quaid, sin duda uno de los personajes más estremecedores de toda la obra barkeriana. Todo empieza cuando Stephen, el protagonista, mantiene una conversación informal con Quaid, uno de sus profesores en la universidad, mientras comparten un desayuno en la cafetería del campus. Quaid parece obsesionado con la idea de llevar a cabo un experimento mediante el cual desarrollar su teoría. Para Stephen, los planes del docente resultan poco menos que quiméricos, pero esta impresión cambiará drásticamente cuando vuelva a encontrarse con él tras el verano y descubra que Quaid, finalmente, ha puesto en práctica el experimento, y utilizando como conejillo de indias a Cheryll, una estudiante de firmes convicciones y carácter volátil —y por la que Stephen, sospechamos, alberga una serie de deseos soterrados—.

El experimento revela la naturaleza escalofriante de la teoría del profesor Quaid: ha secuestrado a Cheryll —después de haberse acostado con ella— y la ha encerrado en un zulo. Le ha brindado agua en cantidad, pero para comer solo le ha proporcionado un jugoso filete. Cheryll es una vegetariana fundamentalista que, lógicamente, se niega a probar la carne, y el sádico profesor registrará el proceso degenerativo de las convicciones de su alumna a través de una serie de fotografías. Estas, a modo de carrusel de la desesperación y el crecimiento del terror, funcionarán como prueba empírica de la evolución de ese sentimiento —en este caso ante la muerte por inanición— en Cheryll, y su manifestación como reacción física: la chica, al borde del desvanecimiento, terminará por comer la carne, aunque esta, con el correr de los días, ha entrado ya en fase de lenta putrefacción. Stephen, lógicamente, se muestra horrorizado ante el experimento de Quaid, pero lo que no sabe es que el profesor planea convertirlo a él en su siguiente objeto de experimentación; Stephen ha tenido un accidente infantil en el que perdió temporalmente buena parte de su capacidad auditiva, y manifiesta un temor cerval ante el silencio absoluto. Quaid, conocedor de esta debilidad, intentará aprovecharla para saciar su curiosidad o, mejor dicho, su horrenda psicopatía.

Una de las mejores ediciones en inglés de los magistrales Books of Blood de Clive Barker (volúmenes I a III). Berkley Books, Nueva York, 1998. 528 páginas

En todo caso, la vuelta de tuerca magistral que registra el cuento tiene lugar cuando el lector comprende que lo que el profesor Quaid realmente desea es experimentar con sus propios miedos. Secretamente, durante años ha temido la presencia de un sádico mal vestido —con ropas de bufón— que se acerca dando saltos y volteretas y portando un hacha con la que cortarlo en pedazos. Los intentos de Quaid por experimentar con sus alumnos no son más que descarnados ensayos, ejercicios preparatorios para cuando le llegue la ocasión de vivir en carne propia la experiencia física del terror y, con ella, quizá las más altas cotas de placer malsano. Más allá, pues, de su naturaleza como cuento de terror ajeno a toda manifestación sobrenatural, «Terror» deviene en una lúcida reflexión filosófica sobre los miedos naturales, arquetípicos, y sobre las reacciones psicológicas de los humanos ante ellos, sobre nuestra convivencia inevitable con los sentimientos que despiertan.

Como siempre, el estilo de Clive Barker es directo, axiomático, sin florituras ni adornos estilísticos. Este modo de escribir sin duda refuerza la crudeza del tema y del material narrativo en sí; en las intervenciones del profesor Quaid nos encontraremos con manifestaciones de ironía y comentarios capciosos, y el trazado de la estructura emocional de los personajes responde a un esquema equilibrado y sumamente efectivo: Quaid es frío, manipulador, insensible y despiadado; Stephen es sensible, temeroso, apocado y emocionalmente frágil; Cheryll es contestataria, irreverente y volátil. Sin duda, un cóctel explosivo si se le agrega el elemento mágico de la fórmula: el terror como manifestación física.

Un joven Clive Barker junto a su amigo Stephen King. Con la excepción de Thomas Ligotti, probablemente los dos mejores escritores de terror de la segunda mitad del siglo XX

Como muchos de los grandes relatos de horror escritos por Clive Barker, «Terror» forma parte de los impresionantes Libros de sangre, la obra mayor del autor, y que seguramente constituya la mejor compilación de relatos de terror de los últimos cincuenta o sesenta años. Este en concreto es el que abre el volumen II, y fue publicado en 1984 bajo el título original Dread. Con él, Clive Barker muestra una asombrosa destreza para la combinación entre el llamado «horror de la nueva carne» —del cual se lo considera el creador directo— y la reflexión de corte filosófico. A través de esta hábil combinación, y de una trama intensa que se cierra, además, con una inesperada y excepcional cabriola narrativa, nuestro autor consigue uno de los mejores y más estremecedores relatos de terror jamás escritos, sin duda una muestra casi artesanal del inagotable talento de Clive Barker.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.