Planta baja

La tarde del 7 de febrero, tres hombres subieron al ascensor en la quinta planta del edificio Parkland. Dos de ellos eran ejecutivos de cuentas; habían terminado su turno de trabajo a las cinco de la tarde. El otro era un empleado de mantenimiento.

El ascensor se puso en marcha. El descenso fue lento y silencioso. Entre la tercera y la segunda planta se registró un ligero temblor que apenas inquietó a los ocupantes del elevador. Entre la segunda y la primera planta la cabina del ascensor se quedó a oscuras y el artefacto se detuvo repentinamente. Los tres empleados mantuvieron la calma, pero terminaron perdiéndola segundos después, cuando un alarido de pánico de uno de ellos les indicó, en medio de la penumbra impenetrable, que algo grave había ocurrido. Un espantoso olor a carne chamuscada invadió el reducido espacio del ascensor, que inesperadamente se puso en marcha ocho segundos después del desaforado grito.

El resto de trayecto, muy breve, se llevó a cabo a oscuras. Cuando el ascensor llegó a la planta baja las puertas se abrieron sin dificultad y de la cabina salieron, cariacontecidos, un empleado de mantenimiento y un ejecutivo de cuentas. Las suelas de sus zapatos esparcieron por el vestíbulo unos misteriosos restos de ceniza negruzca y maloliente, que el mismo empleado de mantenimiento se encargaría de barrer a la mañana siguiente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.