Dormida

Cada noche me cuelo en tu habitación y espío tu sueño celestial. Tu rostro se aquieta en la paz y la serenidad del sueño, y no se me ocurre otra cosa que hacer (casi) que no sea contemplarte. Tus facciones relajadas me demuestran que no sabes que estoy allí, respirando muy cerca de ti. Algunas veces abres los ojos y me observas con curiosidad, pero enseguida susurro palabras a tu oído para que vuelvas a dormirte.

Por la mañana, como cada día, pensarás que soy parte de tus sueños…

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