1 comentario en “El espantapájaros

  1. Magnífico. ¡Qué difícil es el arte del microrrelato y qué olvidados están los espantapájaros!

    Cuando era niño mi pueblo estaba rodeado de campos sembrados y de espantapájaros que los custodiaban. La mayoría de ellos estaban construidos de manera chapucera que se asemejaban a los mismos campesinos vistos de lejos. A veces veía a toda una familia construir uno como si se tratara de un muñeco de nieve. Recuerdo que en mi pueblo se comentaba que una vez un joven perdidamente enamorado de la hija de un campesino déspota tenía prohibido que se acercara a su hija y a su casa. El pobre hombre se le ocurrió suplantar al espantapájaros que custodiaba los campos de aquel cretino, para poder ver de cerca a su amada sin ser visto por ellos. Lo desmontó una calurosa noche de verano y se puso los ajados retales y el penoso sombrero. Luego, se enfiló sobre base de madera en forma de cruz y allí se quedó con los pies colgando. Le debió costar lo suyo. Sin embargo, no previno que le resultaría imposible volver a contactar con el suelo. Murió de inanición, crucificado y sin haber pedido ayuda para no incomodar a su amada ni alertar a su perverso padre que, por otro lado, se pasaba horas mirando con orgullo a su espantapájaros a través de la ventana, hasta que un día los gorriones, garzas y cuervos se pusieron a picotearlo frenéticamente. Se dice que hasta que no se dio cuenta del motivo, estuvo maldiciendo al espantapájaros por su ya inútil existencia.

    Por cierto, es excelente la novela de Allan J. Arcal “El huerto del espantapájaros”.

    Un fuerte abrazo, Leandro.

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