Un Halloween muy especial

Amanece el 1 de noviembre, Día de Difuntos, y nos enfrentamos una vez más a la resaca de lo que ha sido la Noche de Halloween. Sí, es una costumbre que hemos «copiado» del extranjero, como tantas otras, y con la que tal vez inopinadamente hemos sustituido nuestra más auténtica Noche de Finados —cuyos ritos primarios y ceremonias de invocación me gustaría comentar un día aquí, ya que son fascinantes—. Pero bueno; como en realidad no hacemos daño a nadie y de lo que se trata es de recrearnos en la dulce sensación del horror, no encuentro motivos para que nos sintamos culpables. Creo que podemos decirlo sin ningún complejo o prejuicio: espero que haya sido un feliz Halloween.

Como te he comentado algunas veces, acostumbran a ser unos días de enorme actividad para mí y para casi todos los que, de una forma u otra, nos dedicamos a esparcir terror entre el público desde la plataforma que sea. Lo más normal es que se organicen eventos temáticos, encuentros y celebraciones, y la creación literaria en materia de terror siempre tiene una demanda considerable. Es por eso que uno se siente enormemente agradecido cuando recibe una llamada, un correo electrónico o una convocatoria, y ese mismo agradecimiento es el que me lleva a aprovechar este espacio para pedir sinceras disculpas a todos aquellos a los que, por acumulación de eventos o por desgaste físico y mental, tuve que declinarles su oferta. Fue una cuestión de priorizar entre las más rentables, las más cómodas a nivel movilización y estadía, y también —por qué negarlo—, a la búsqueda de algunos momentos de intimidad para poder vivir esta noche tan especial en familia y con los míos, en mi refugio particular, disfrutando de excelentes lecturas y de una apasionante maratón de cine macabro.

Antología de cuentos de terror (2 volúmenes). Selección de Rafael Llopis. Alianza, Madrid, 2015. 504 y 488 páginas, respectivamente. Un compilado de relatos ideal para amenizar las lecturas durante la Noche de Halloween entre amigos y familiares

Las actividades comenzaron el jueves 28, cuando tuve el honor de ser invitado por Ricardo Rodríguez, profesor de Cultura Clásica en el I.E.S Benito Pérez Galdós, para impartir una conferencia a los alumnos de 3º de E.S.O. sobre los mitos básicos del género de terror. La temática se centró, entonces, en Villa Diodati, y en aquella deliciosa velada que compartieron Lord Byron, Percy y Mary Shelley y el doctor Polidori a orillas del lago Ginebra, en el célebre verano sin sol de 1816. Durante la charla recreamos la competición que llevaron a cabo estos escritores, y mediante la cual se propusieron escribir la historia más terrorífica imaginable… Y a fe que lo consiguieron, especialmente el facultativo, quien se sacó de la manga el fundacional relato «El vampiro», pieza matriz de nuestro amado género vampírico en la que dio forma al no-muerto aristocrático que inspiraría, décadas después, el Drácula de Bram Stoker. No obstante, la que más sobresalió aquella noche fue, sin duda, una jovencita Mary Shelley —Mary Wollstonecraft Godwin por aquel entonces—, dando vida a la criatura de Frankenstein, o el moderno Prometeo, novela esencial para entender las corrientes del horror posteriores y la cimiente primigenia de una ciencia ficción rudimentaria. Por supuesto que fue un encuentro delicioso; la curiosidad preadolescente relacionada con el terror literario y cinematográfico siempre es un fenómeno atractivo de presenciar, y me quedé encantado con el ida y vuelta tan fluido y nutrido que se generó con el grupo de alumnos. Desde aquí, por supuesto, mi eterno agradecimiento a Ricardo y a todo el cuerpo docente y directivo del I.E.S. Benito Pérez Galdós por acogerme en sus instalaciones y tratarme como a uno más de la familia. Fue un encuentro que, sin duda, reclama una segunda parte, y del cual el propio Ricardo registró una crónica en su blog «Helleniká. Recursos de griego antiguo» (accede al artículo desde aquí).

Conferencia La noche de los Monstruos (Villa Diodati, verano de 1816), impartida el 28 de octubre ante el alumnado de Cultura Clásica de 3º de E.S.O., en el I.E.S. Benito Pérez Galdós

Las actividades continuaron el sábado 30 de octubre, víspera de Halloween, en La Comarca Games, tienda especializada en juegos de mesa y miniaturas, pero que también lleva adelante un excelente dispendio de libros y cómics. Allí dimos salida a los ejemplares de Vânâtor I. Cendreville que acababan de reponerse, dejando el stock en los huesos una vez más. También me alegró comprobar que el resto de mi obra sigue muy vivo, ya que tuve oportunidad de firmar una gran variedad de títulos —algunos de los más longevos, incluso, como Veneno de escorpión o Consejera nocturna—. El Vástago del Mal, como digna precuela de Vânâtor, también se fue a casa de algunos lectores con mi firma. Fue una gozada encontrarse con gente disfrazada y presta a participar de algunas de las fiestas temáticas que se celebraron el sábado, pero que antes decidieron pasarse por La Comarca a por su ejemplar de mi último libro —una lectura ideal, en realidad, para encarar la Noche de Brujas—.

Espectacular ambiente en La Comarca Games, con lectoras ataviadas para la ocasión llevándose a casa su ejemplar firmado de Vânâtor I. Cendreville, que se movió estupendamente durante toda la tarde

Ayer, domingo 31, busqué la forma de liberar la agenda y de disfrutar de la festividad de Halloween en familia, aunque sin apartarme lo más mínimo de las celebraciones. Fue un día de abundante lectura de cuentos de terror, y por la noche, entre los aullidos de los licántropos y la risa estridente de las brujas, me sumergí en el visionado de la última película de un ciclo que comencé el viernes por la noche. Sí, porque aunque el calendario marcaba actividades y muchos compromisos de trabajo, me marqué una pequeña tourneé cinéfila muy afín a las fechas. Cada año, cuando se acercan estas noches tan especiales, suelo confeccionar una pequeña lista temática, y este año decidí centrarme en los grandes clásicos de los años setenta. Empezamos el viernes con la bizarra La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974) —sí, aquella historia de los rednecks tejanos y el pirado de la cara de cuero y la motosierra—. La yincana continuó la noche siguiente, sábado 30, después de la firma en La Comarca, con una obra inquietante y abigarrada, perturbadora y sumamente hipnótica: El hombre de mimbre (The Wicker Man, Robin Hardy, 1973), la historia de una secta pagana enclavada en una isla británica, y capitaneada por el inefable Christopher Lee en el rol de Lord Summerisle. El recorrido se cerró anoche, en plena celebración de la Noche de Brujas, con un título infaltable si de cine de terror de los setenta hablamos: La noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, 1978), película que ni pintada para la velada del 31, una de las obras cumbre de Carpenter y la presentación en sociedad del ínclito Michael Myers.

Hoy, aunque es festivo nacional, toca volver al trabajo y dejar atrás esta festividad tan especial. Han sido unos días inolvidables en los que tuve la suerte de combinar actividades profesionales con extraordinarios momentos de placer y disfrute. He comprobado con inmensa alegría cómo la estela fulgurante de Vânâtor I. Cendreville sigue igual de viva que el primer día y, sobre todo, me ha producido un gran entusiasmo verificar la enorme cantidad de gente que disfruta con esta celebración, incluso en unos tiempos tan raritos como los que nos toca vivir. Ahora llega el momento de guardar las calabazas y los disfraces hasta el próximo «Samhain». Espero de corazón que tú también lo hayas disfrutado a tope.

2 comentarios en “Un Halloween muy especial

  1. Es un post tan rico que se hace difícil comentar a la altura del texto. Halloween es una noche que hemos vivido durante mucho tiempo a través de la novelas, películas y series norteamericanas. Aquí en España se celebra desde hace un tiempo pero me temo que de la manera más cutre. Todo se reduce a disfrazarse y comprar calabazas de plástico en un bazar chino. Para mí Halloween es “El árbol de las brujas” de Ray Bradbury y “La noche de Halloween” de Carpenter que inventó al psicópata indestructible. Luego vinieron las sagas de “Viernes 13” y “Pesadilla en Elm Street” pero ya no fue lo mismo. Estos psicópatas que no morían nunca se ponían a matar a gente que el espectador se identificaba más con el asesino que con las víctimas. Los espectadores ya no pasaban miedo; se ponían de parte del asesino de la máscara o el de la cara quemada y disfrutaban cada vez que hacían de las suyas como si estuvieran subidos en una montaña rusa, y eso no está bien. Las víctimas siempre eran estúpidos y estúpidas universitarios donde deseas que sean asesinados. En fin, un recurso fácil que denigra el género.

    Respecto a esa “Antología de cuentos de terror” a cargo del gran Rafael Llopis me parece genial, sobre todo cuando ambas cubiertas se complementan como “Perdición” y “Desesperación” de Stephen King.

    Me fascinan las noches de Halloween por sus maravillosas posibilidades, pero no he conseguido reunir a un grupo de gente que quieran compartir historias orales con una linterna bajo la barbilla. No queda gente capacitada que pueda inventar o improvisar historias de miedo. Villa Diodati queda lejos. Y a la espera de que David Calpa me envíe tus libros dedicados. Muchas gracias.

    Para mí la noche de Halloween son todas las noches. Es curioso que la literatura de terror española no esté demasiado presente hoy en día. Los cuentos de Gustavo Adolfo Bécquer, los cuentos góticos de Emilia Pardo Bazán, Emilio Carrere con “La torre de los siete jorobados”, “Los muertos huelen mal” y “La casa de la Cruz y otras historias góticas», todas ellas publicadas por Valdemar. Tenemos al grandísimo José María Latorre, totalmente olvidado y a la altura de los más grandes. David Road, Ángel Olgoso, Jesús Cañadas, Carlos Sisí, Manel Loureiro, Juan de Dios Garduño, Pilar Pedraza y tantos otros.

    Un abrazo, estimado Leandro.

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