Hawthorne: los cimientos del «American Gothic»

Si existe un autor fundamental para entender el arraigo de la literatura gótica en los Estados Unidos sin duda es Nathaniel Hawthorne, uno de los pocos escritores del género verdaderamente reconocidos por el «canon», palabra indudablemente conflictiva. Su obra es abundante y de enorme calidad, pero hoy quería centrarme en uno de sus mejores relatos, un cuento que cimentó buena parte de las bases discursivas y atmosféricas de esa rama del horror literario que conocemos como American Gothic; una narración fascinante titulada «El joven Goodman Brown».

Musgos de una vieja rectoría [Relatos fantásticos y siniestros], de Nathaniel Hawthorne, volumen que contiene el relato «El joven Goodman Brown». Valdemar, Madrid, 2015. 376 páginas

Un joven honesto y cristiano, Goodman Brown, se interna en un sendero que atraviesa un bosque tenebroso a las afueras de Salem, ciudad en la que vive con su encantadora esposa Faith, con la que lleva casado apenas tres meses. Brown se dirige a un lugar indeseado por él y por su mujer, pero su destino es ineludible. Ha concertado una cita con un ser extraño, un anciano de etérea morfología y capacidad para adoptar diversas identidades, entre ellas la del abuelo de Goodman Brown. El misterioso anciano porta un bastón con forma de serpiente que, a ratos, parece cobrar vida y culebrear entre el polvo del camino. A lo largo del trayecto, Goodman Brown y el anciano se encontrarán con Goody Cloyse, una vieja instructora de catecismo, pero también con otros respetables hombres de la ciudad de Salem. Todos, al parecer, se dirigen al claro del bosque donde se ha de celebrar un ritual oscuro y demoníaco; una ceremonia infernal que el joven Goodman Brown, aunque aborrezca la idea, se verá obligado a presenciar…

Publicado en 1835, este relato magistral, adelantado a su tiempo, establece las bases temáticas y los motivos literarios esenciales para el desarrollo del gótico americano durante los siglos XIX y XX. Fuertemente arraigado en los elementos tradicionales de Nueva Inglaterra y en la cultura de los padres fundadores, ubica la acción en la maldita aldea de Salem, tristemente célebre por los procesos por brujería que tuvieron lugar entre 1692 y 1693. Todavía con reminiscencias culturales de la América colonial, el relato discurre en el límite mismo entre el oscurantismo y la superstición y los preceptos de la religión exacerbada y el puritanismo fanático. La narración se convierte en una aguda y lúcida reflexión sobre los miedos ancestrales y los efectos psicológicos de una doctrina inclemente y dogmática: la presencia del Diablo como encarnación del mal absoluto en el discurso religioso, materializada en una vívida pesadilla sensitiva. El cuento también funciona como implacable metáfora del pecado, concepto inherente a la naturaleza humana y del cual no se libra ni el más férreo de los puritanos.

Recreación de la antigua ciudad de Salem, en Massachusetts, famosa por los procesos por brujería del siglo XVII, ciudad natal de Hawthorne y escenario habitual de sus narraciones.

El autor trabaja profundamente el perfil psicológico del personaje principal, el joven Goodman Brown. Ya desde la elección del nombre de pila, Hawthorne retrata a un hombre bueno, honrado, fielmente enamorado de su esposa y temeroso de Dios, que se ve arrastrado hasta el corazón de un bosque umbrío para presenciar el surgimiento del mal absoluto: una silueta oscura y siniestra cuyo mensaje no puede ser más desalentador. El nombre de pila de su mujer —Faith— tampoco está elegido caprichosamente, y la descripción de los personajes secundarios compone un retrato arquetípico de las comunidades americanas de la costa Este durante la época postcolonial. El autor demuestra ser un verdadero maestro en la creación de la atmósfera turbia y malsana que envuelve toda la narración, dando origen a una tradición literaria que haría escuela: la utilización de un profuso bagaje léxico para la disección de paisajes, rincones apartados, antiguos caserones coloniales, iglesias de pueblo, tabernas, callejones, etcétera. Son los elementos que los escritores norteamericanos se vieron obligados a potenciar en ausencia de los escenarios clásicos del gótico europeo, tales como abadías, monasterios, castillos o ruinas medievales. Esta tendencia a una creación atmosférica abigarrada y ampulosa encontraría continuidad en los dos grandes genios del horror literario en los Estados Unidos: Edgar Allan Poe y H. P. Lovecraft, y de ahí en adelante, en mayor o menor medida, en todos los escritores adscritos al género. Es por ello que no es exagerado afirmar que nos encontramos ante una de las piezas fundacionales el Gótico Americano, quizá solo superada en su carácter anticipatorio por la impresionante novela de Charles Brockden Brown Wieland, o la transformación, de 1798.

Nathaniel Hawthorne (1804-1864)

Nathaniel Hawthorne nació, cómo no, en Salem, en 1804, y fue uno de los maestros indiscutibles de la ficción gótica y el romanticismo oscuro. Es mundialmente conocido por su novela La letra escarlata (The Scarlett Letter, 1850), narración que retrata la hipocresía del puritanismo de Nueva Inglaterra en el siglo XVII. Una de sus obras más destacadas, y clave también en el desarrollo del Gótico Americano, es la novela La casa de los siete tejados (The House of the Seven Gables, 1851), fascinante narración sobre los efectos de la bujería y las maldiciones ancestrales sobre una construcción maldita erigida en el centro de la ciudad de Salem. A propósito de esta ciudad y de su famosa caza de brujas de finales del XVII, no es menor el dato biográfico de Hawthorne que lo ubica en el mismo árbol genealógico que el juez John Hathorne, el único de los magistrados involucrados en los procesos por brujería que no se arrepintió de su participación ni de sus decisiones en los juicios. Para huir de este siniestro pasado, nuestro autor intercaló una «W» en su apellido. Hawthorne es uno de los escritores de cuentos góticos más notables de su tiempo; entre sus piezas breves cabe destacar «La marca de nacimiento», «La hija de Rappaccini», «El banquete de Navidad» y, por supuesto, «El joven Goodman Brown», considerada una de sus obras cumbre y uno de los relatos más influyentes del Gótico Americano. Hawthorne murió en Plymouth en 1864, y sus restos descansan en el cementerio de Sleepy Hollow. A día de hoy, se lo considera uno de los padres de las letras americanas, junto con Washington Irving, Henry David Thoreau y Ralph Waldo Emerson.

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