Expediente Ligotti. Parte VI: la apoteosis de lo inmaterial

La última entrega en este blog de nuestro «Expediente Ligotti» nos había dejado en 1994, con la aparición de Noctuario. Para adentrarnos en el análisis de su siguiente obra publicada en español —y disponible a día de hoy— hemos de efectuar un significativo salto cronológico hasta el año 2006, cuando hace su aparición Teatro Grottesco. En medio ocurrieron más cosas: la publicación, poco después de Noctuario, de La agónica resurrección de Victor Frankenstein y otros cuentos góticos —compilación que ya analizamos en el «Expediente Ligotti. Parte III»—, la edición de las colecciones de cuentos My Work Is Not Yet Done: Three Tales of Corporate Horror (2002) y Sideshow, and Other Stories (2003), y del poemario Death Poems (2004), obras aún no publicadas en español. Estos trabajos marcan un punto de crisis en la carrera de Thomas Ligotti y jalonan la metamorfosis final de su tratamiento de la ficción; este proceso evolutivo daría como resultado el fascinante volumen llamado Teatro Grottesco.

Teatro Grottesco, de Thomas Ligotti. Valdemar, Madrid, 2016. 296 páginas

La narrativa de Thomas Ligotti, tan especial, tan arraigada en lo literario, y justificados sus discursos a través de sus contactos tangenciales con la filosofía y la metafísica, terminaría de instalarse en el terreno de lo inmaterial mediante el desarrollo de los conceptos que operan como columna vertebral de los cuentos reunidos en Teatro Grottesco. Así, la evolución del cuento gótico moderno encuentra un terreno de cultivo que se antoja cuasi definitivo —al menos durante un buen espacio de tiempo, y mientras siga imperando en el ámbito del horror literario el conservadurismo estético—: la supresión casi definitiva del «horror material» y la preponderancia del «horror atmosférico», representado, la mayoría de las veces, a través de intangibles manifestaciones de lo grotesco. En líneas generales, Teatro Grottesco emerge como el volumen de más compleja lectura y asimilación para el lector moderno de todos los que escribiera Ligotti hasta la fecha, un oscuro carnaval de referencias sesgadas y conceptos inasibles que vuelve sumamente difuso e inestable el escenario narrativo, pero tras cuyo discurso subyace tal vez la esencia más primitiva del sentimiento de horror: el contacto con lo desconocido y lo inexplicable, aquello que H. P. Lovecraft definió con palabras maestras en su novela En las montañas de la locura: «The thing that should not be».

Como de costumbre, Ligotti divide el volumen en bloques temáticos. El primero, «Enajenaciones», incluye cinco relatos que destacan por la evolución del entorno atmosférico en el que se desarrollan las historias: estos mutan desde una ligera distorsión de la realidad hasta escenarios de auténtica locura y pesadilla. «Pureza», el cuento que abre la sección y el volumen, se enumera por derecho propio entre las obras más inquietantes de su autor, una interesante reflexión sobre la «contaminación intelectual» a través de la institución fundamental de la sociedad —la familia—; «El gestor de la ciudad» ofrece una visión irónica y a ratos sangrienta del ansia de poder del espíritu humano y de su carácter acomodaticio; «Atracción de feria y otros relatos» funciona como un pequeño contenedor de otras tantas historias en la relación del narrador con un misterioso escritor, y glosa algunas de las imágenes más impactantes y representativas del universo del autor, retazos genuinos de sus conceptos del horror grotesco; «La marioneta payaso» recrea una vez más la fascinación del autor por la ventriloquía, los títeres, los autómatas y las figuras inanimadas que simulan cierta humanidad, llevado en este caso dicho leitmotiv al terreno de la contemplación exacerbada; la sección se cierra con uno de los relatos más populares y fascinantes del autor: «La Torre Roja», una escalofriante alegoría sobre la muerte, el abandono, la incuria y la putrefacción; una obra maestra.

The Red Tower, ilustración inspirada en el relato homónimo de Thomas Ligotti, una de sus obras maestras definitivas (© Mihail Bila). En la ilustración se aprecia el trazado teórico de los tres niveles subterráneos de la fábrica que se describen en la narración

La segunda sección del volumen, titulada «Deformaciones», articula mediante tres discursos de tipo corporativo los dos prismas de horror que se enuncian en las secciones primera y tercera, y funciona como una muy necesaria transición entre ambos universos conceptuales. «Mi defensa de una acción punitiva», «Nuestro supervisor provisional» y «En una ciudad extranjera, en una tierra extranjera» forman así una especie de trilogía; son relatos unidos por ciertos hilos conductores en los que se narra la presencia de lo grotesco amenazante en diversos focos de actividad humana, y operativos solamente en una tierra marginal y oscura, a ratos desolada y temible, pero todo el tiempo aislada de las normas del universo conocido. Ligotti recrea en esta segunda sección el drama de la alienación humana y la vida en sociedad, una existencia regida por normas absurdas y orientada hacia un proceso de embrutecimiento sin remedio. De alguna manera, el autor establece a través de estos tres escritos de ficción las bases filosóficas para lo que expondría cuatro años más tarde en su impagable tratado metafísico La conspiración contra la especie humana (2010), libro que ya analizamos en el «Expediente Ligotti. Parte II».

Llegamos, así, a la tercera y última sección del libro —posiblemente la más inquietante de todas—: «Los dañados y los enfermos». Esta incluye cinco relatos estremecedores que funcionan como una especie de contenedor de conceptos de lo que se ha leído hasta el momento. De alguna manera, son el resultado de las anteriores «Enajenaciones» y «Deformaciones». Aquí no caben los horrores materiales, ni siquiera las perturbaciones psíquicas, sino la simple convivencia inevitable con la atmósfera enferma y malsana que resulta, a modo de regurgitación infecta, de la eclosión definitiva del universo conceptual del autor. «Teatro Grottesco» y «Las ferias de gasolinera» nos ofrecen el panorama de la existencia baldía sujeta a los devenires de organizaciones invisibles y opresivas, cuya actividad justifica fenómenos de desdoblamiento, ruptura cronológica con el presente y otras disrupciones con la realidad cotidiana. «El Bungalow» presenta un retrato disfuncional de la admiración artística y plantea un extraño juego de suplantación propia, un laberinto de espejos casi «borgiano». Finalmente, «Severini» y «La sombra, la oscuridad» plasman el desaliento final de un compendio narrativo que, quizá más que nunca, orienta su discurso hacia la desesperanza y el nihilismo, dos conceptos que, según hemos analizado a lo largo de todo este expediente, se convierten casi en los motivos temáticos principales en la obra del autor.

Portada de la edición italiana de Teatro Grottesco, publicada en 2015 por Il Saggiatore con traducción de Luca Fusari

Como exponíamos más arriba, Teatro Grottesco no es un libro fácil de leer; exige una máxima concentración al lector y lo obliga a comulgar con un lenguaje que no se basa en los hechos materiales, sino en la articulación de sus horrores atmosféricos con escenarios imposibles, a ratos casi inimaginables para el lector moderno. Nuevamente, y tal vez más que nunca, Ligotti se esfuerza por suprimir los preceptos básicos de la «visualidad» que tanto han caracterizado al relato de terror contemporáneo, especialmente desde los años setenta del siglo pasado. Ligotti, con espíritu revolucionario, replantea las bases discursivas del horror: se hace fuerte en la implementación de lo filosófico como vehículo para su mensaje y consigue la apoteosis definitiva del horror inmaterial a través de la creación de escenarios oníricos y vaporosos, retablos de pesadilla deshilachada donde una acción medio estancada apenas puede desplazarse en medio de la densidad de los elementos grotescos que los sostienen en pie.

Por ahora, esta será la última entrega de nuestro «Expediente Ligotti»; los adeptos al autor de Michigan siempre podemos confiar en que Valdemar siga haciendo el gran trabajo al que nos tiene acostumbrados y saque al mercado las obras pendientes de traducir antes mencionadas, o quizá nos sorprenda con la aparición de The Spectral Link (2014), su última obra hasta la fecha. De momento, aquí te ofrecemos esta panorámica extensa de su obra: un trabajo narrativo que, ya desde sus comienzos, estuvo llamado a convertirse en el catalizador definitivo de la revolución que el género de terror viene pidiendo a gritos desde hace décadas. Su lectura y asimilación, gustos aparte, no puede sino confirmarnos una verdad insoslayable: no existe otro autor como Thomas Ligotti.

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