Un relato victoriano de fantasmas

De entre la abundante narrativa relacionada al fenómeno de las casas encantadas hemos ya analizado unas cuantas muestras en este blog, concretamente tres joyas escritas a lo largo del siglo XX: Malpertuis, de Jean Ray, La maldición de Hill House, de Shirley Jackson y La casa infernal, de Richard Matheson. Pero el siglo XIX, y más concretamente la época victoriana, fue el periodo en el que el subgénero de las casas embrujadas floreció más que nunca, dando forma a muchos de los estereotipos narrativos posteriores. Una de las obras más destacadas de esta época gloriosa es una novela corta de Edward Bulwer-Lytton sabiamente traducida como La casa y el cerebro.

La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas, de Edward Bulwer-Lytton. Impedimenta, Madrid, 2019. 101 páginas

El relato, sencillo, plantea la posibilidad de que los fenómenos supuestamente paranormales que operan en una casa abandonada en Oxford Street, en pleno corazón de Londres, sean el producto de una mente perversa especialmente dotada para la ejecución del mesmerismo y la hipnosis. Escrita en 1859, la novela recoge buena parte de la fascinación por estas técnicas que expresara en sus cuentos Edgar Allan Poe durante las dos o tres décadas anteriores, pero redefine el concepto a través de la manifestación de fenómenos sensitivos en la planta alta del caserón. El narrador de la historia, instalado allí con el único propósito de descubrir la superchería —que él tilda de «no sobrenatural»— deberá afrontar en compañía de su perro una terrorífica noche de aparecidos y manifestaciones, tras la huida desesperada de su criado.

Bulwer-Lytton, uno de los autores británicos más destacados del siglo XIX, aunque eclipsado por las sombras gigantescas de Dickens y Thackeray, emplea en este breve e intenso relato un lenguaje ameno y conciso, aunque describe con gran riqueza de detalles las fluctuaciones ectoplasmáticas de las apariciones, dejando entrever así una historia pretérita que la pátina del tiempo no ha podido enterrar y que sobrevive a su propia extinción material. El narrador asiste, entre impávido y conmovido, a la recreación de un crimen ancestral, aunque aferrado en todo momento al concepto filosófico que sostiene su cordura: las manifestaciones mal calificadas por la filosofía como «sobrenaturales» no son tales, sino que forman parte de una naturaleza no asimilable por todas las mentes, y cuya ejecución depende de la habilidad adquirida por personas especialmente dotadas para el mesmerismo y la hipnosis.

Imagen típica del Londres victoriano (Royal Academy/Dominio público)

La novela posee una coda final verdaderamente estremecedora, en la que el narrador establece un contacto directo con el supuesto hipnotizador, quien, ya fuera de la casa, lo conmina a guardar silencio sobre sus habilidades a lo largo de un año y un día; tiempo suficiente como para desaparecer de la escena conflictiva e instaurar su poder intangible en otras latitudes. De esta forma, tanto el lector como el protagonista serán conscientes del origen ancestral de este misterioso personaje, quien, pese a su ausencia material, todo el tiempo hace sentir su poder siniestro durante la primera parte de la novela.

La casa y el cerebro ha sido celebrada y alabada por escritores de la talla de Lafcadio Hearn y H. P. Lovecraft como una de las mejores historias sobrenaturales escritas en el periodo victoriano. La contundencia de su narrativa y su frontal exposición de los portentos la convierten en una narración a ratos trepidante, pero siempre impregnada de un halo reflexivo, de un contenido profundo que nos empuja al replanteamiento de muchos de los preconceptos inherentes a la percepción de aparecidos y fantasmas. De paso, establece un nuevo parámetro en el siempre maleable mundo ficticio de las casas encantadas, convirtiendo al inmueble de Oxford Street en una de las construcciones embrujadas más memorables de la literatura.

Edward Bulwer-Lytton (1803-1873)

Edward Bulwer-Lytton fue un destacado poeta, crítico literario, novelista y político británico, nacido en Londres en 1803. Hijo de un general y una rica heredera, su fragilidad física lo llevó a pasar su infancia en varios internados, hasta que encontró la protección de un maestro comprensivo que estimuló su creatividad y su talento. Pasó por el prestigioso Trinity College, y en su juventud contrajo matrimonio con una joven irlandesa, unión que su madre repudió, y tras la cual le fue retirada su asignación. Bulwer-Lytton se convirtió, entonces, en un prolífico autor literario: novela, poesía, ensayo, crónicas históricas, crítica literaria, volúmenes de cuentos… Han pasado a la historia algunas frases célebres suyas, como «La pluma es más poderosa que la espada», o el reputado comienzo de su novela criminal Paul Clifford: «Era una oscura y tormentosa noche…». Fomentó una gran amistad con Charles Dickens, siendo el padrino de su décimo hijo. De entre sus obras cabe destacar Los últimos días de Pompeya (1834), Rienzi, el último tribuno romano (1835) o la fabulosa Zanoni, o el secreto de los inmortales (1842) —publicada por Valdemar—, maravillosa novela de temática gótico-fáustica. La casa y el cerebro (1859) supone también uno de sus logros más destacados.

El invierno está a la vuelta de la esquina, y se acerca la Navidad. Es una época ideal para sumergirse en este tipo de narraciones. Aquí seguramente no tengamos los amplios salones londinenses ni esas gigantescas chimeneas; tampoco veremos nevar a través de la ventana de nuestro salón…, pero al menos gracias a la literatura podremos recrear esa atmósfera tan especial que Dickens instauró con su famoso Cuento de Navidad. Esta contundente novela sobre casas embrujadas bien puede servir como suculento aperitivo.

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