Robert Neville: el último hombre sobre la Tierra

Cada cierto tiempo me da por releer algunas de esas obras que marcaron mi vida como lector; esas novelas que te cambian la perspectiva de la creación literaria, especialmente cuando pertenecen al género por el que siente uno pasión y devoción. La semana pasada, en un rato ocioso verdaderamente inhabitual, me arrellané en mi sillón favorito y de una deliciosa sentada me sumergí por enésima vez en el mundo postapocalíptico de Robert Neville; el fantástico y decadente mundo vampírico creado por el gran Richard Matheson. El mundo de Soy leyenda.

Soy leyenda, de Richard Matheson. Minotauro, Barcelona, 2015. 180 páginas

La novela apareció en 1954 y supuso toda una revolución en el género vampírico. Hablamos, recuerda, de los años cincuenta, la década del macartismo y del pánico nuclear, cuando todos los miedos del hombre —especialmente del norteamericano— se relacionaban con las amenazas atómicas y los peligros de un posible ataque bacteriológico pergeñado allende el telón de acero. En este contexto tenemos a un Matheson sumamente inspirado que combina un tema clásico —quizá el más clásico del terror victoriano— con la realidad de un mundo al borde del precipicio. El resultado es la agónica lucha de Robert Neville, el último hombre sobre la faz de la Tierra, que busca sobrevivir al acoso de unas criaturas infectadas por el mal supremo, la pesadilla definitiva: un vampirismo caníbal e insaciable.

Pero Soy leyenda no es sólo una de las cumbres del género de terror de todos los tiempos, sino además una profunda reflexión filosófica y existencial sobre el concepto de «monstruosidad», sobre el aislamiento y el sufrimiento de quien se siente diferente. Tomando como punto de partida la reflexión plasmada por Mary W. Shelley en Frankenstein, o el moderno Prometeo (1818), Matheson reelabora el concepto de monstruosidad en la figura de su protagonista, Robert Neville. Utilizando un narrador omnisciente selectivo, consigue en primer lugar una empatía absoluta entre lector y personaje; más tarde, y una vez que logra la identificación total del lector con el protagonista, nos presenta abruptamente la realidad desnuda que subyace bajo la trama de la novela: una vez devastado el planeta, y convertidos todos los supervivientes en vampiros y criaturas de la noche, el monstruo, el diferente, el ser aislado y repudiado por los demás, es el propio Robert Neville, es el lector… somos todos nosotros.

Richard Matheson (1926-2013)

Matheson emplea una narrativa directa y sin ningún tipo de artificio estilístico. Las frases son breves y rotundas, casi axiomáticas, y el estilo seco del discurso transmite la sensación de permanente urgencia y practicidad que envuelve todos los actos de Robert Neville por sobrevivir. Son especialmente impactantes los pasajes en los que el protagonista entabla amistad con un perro, o cuando visita durante el día el refugio de los vampiros comatosos para acabar con ellos clavándoles una estaca en el corazón. Otro de los méritos más destacados de la novela consiste en hacerse fuerte en el materialismo cientificista que sustenta toda la trama. Robert Neville —y con él el propio Matheson— lleva a cabo una investigación a través de la cual elabora una explicación seudocientífica del mal que aqueja a toda la población, y que está relacionado con una bacteria que se ha propagado a causa de unas furiosas tormentas de arena. Con este recurso, tan propio de grandes maestros como Machen, Blackwood o Lovecraft, Matheson destierra definitivamente el componente sobrenatural, hasta entonces tan arraigado a la temática vampírica en literatura, y especialmente consolidado durante el periodo victoriano de esta criatura tan cara al género de terror.

Fotograma de El último hombre sobre la Tierra (The Last Man on Earth, Sidney Salkow y Ubaldo Ragona, 1964), primera adaptación de la novela, protagonizada por Vincent Price

Hubo al menos cuatro adaptaciones al cine de esta novela, todas ellas muy famosas. La primera se rodó en 1964, con el inmortal Vincent Price en el rol de Robert Neville —Robert Morgan en la película— y con el título en español de El último hombre sobre la Tierra (The Last Man on Earth, Sidney Salkow y Ubaldo Ragona). La novela no tardaría en ser readaptada; siete años más tarde, Charlton Heston se vestía de Robert Neville en El último hombre… vivo (The Omega Man, Boris Sagal, 1971). Las dos siguientes adaptaciones llegarían muchos años más tarde, y ambas surgieron el mismo año: 2007. La más famosa, protagonizada por Will Smith (Soy leyenda [I Am Legend, Francis Lawrence]), y una muy dudosa producción titulada I Am Omega (íd., Griff Furst). Si te soy sincero, es tanto el cariño que siempre le he tenido a esta novela que no he querido «estropear» el efecto viendo ninguna de las obras que la adaptan al cine, ni siquiera las clásicas, que verdaderamente prometen. Quizá algún día… Mientras tanto, siempre que puedo me refugio en la asombrosa mezcla de terror, ciencia ficción y distopía descarnada que ofrece esta maravillosa novela de Richard Matheson; una obra que no sólo ofrece una originalísima vuelta de tuerca al género vampírico, sino que convirtió en leyenda a su autor, elevándolo al proscenio de las referencias ineludibles del género en el siglo XX.

1 comentario en “Robert Neville: el último hombre sobre la Tierra

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