¿Qué fue de Ellie Creed?

Hace algunas semanas anuncié en las redes sociales que había tenido la suerte de ganar un concurso de relatos dedicado a Stephen King, y organizado por la prestigiosa revista Círculo de Lovecraft. La consigna era muy clara: escribir un relato ambientado en los mundos de King, tomando como referencia algún escenario, contexto o personaje de cualquiera de sus obras. Me pareció que era una excelente oportunidad para responderme a una pregunta que me había hecho muchas veces: ¿Qué ha pasado con Ellie Creed, la hija del malogrado doctor Louis Creed en Cementerio de animales, para mí una de las tres mejores novelas de Stephen King? Como recordarás, la pequeña Ellie es la única de toda la familia que no sucumbe a la maldición del cementerio micmac —salvo en la última adaptación cinematográfica, claro, en la que a los tipos se les ocurrió… En fin—. Y ya que ni el propio King había resuelto el interrogante, me lancé a la aventura de buscarle una continuidad a la historia de la única superviviente, a quien en las últimas páginas de la novela dejamos con sus abuelos en Chicago, a una distancia prudencial del maldito pueblo de Ludlow en donde tiene lugar todo el asunto.

Portada del número 17 de Círculo de Lovecraft, de próxima aparición, donde se publicará el relato «Ludlow, Maine»

Significó para mí una gran noticia que mi relato resultara ganador de este certamen, en el que participaron más de doscientos escritores aficionados a Stephen King. Como asiduo lector de Círculo de Lovecraft, me gratificó especialmente. Así que tendré el honor, junto a otros doce compañeros, de ver mi relato —titulado «Ludlow, Maine»— entre las páginas de esta publicación de referencia. Pero hablar de todo este asunto nos lleva, por supuesto, a la gran novela de Stephen King. Cementerio de animales está basada, como tantas otras obras del autor, en algunas experiencias personales. A finales de los setenta, y tras lograr el éxito con Carrie (1974), El misterio de ‘Salem’s Lot (1975) y El resplandor (1978), Stephen King y su familia se establecieron en Orrington, un aparentemente idílico pueblecito de Maine en donde el escritor buscaba aislamiento. Muy pronto descubrió un improvisado cementerio de mascotas en la parte trasera de la casa, y poco después el perro de la familia murió atropellado en la carretera, aplastado por uno de los camiones de fertilizantes que pasaban zumbando por el asfalto de la calzada. No tardarían mucho los King en llevarse el susto de su vida cuando al pequeño Owen —sí, el mismo Owen King que es coautor del libro Bellas durmientes (2018)— casi lo hace papilla uno de estos camiones. Los King decidieron mudarse de tan siniestro lugar, pero es obvio que al bueno de Stephen todo esto le sirvió como inspiración para la creación de una de sus obras maestras.

Cementerio de animales, de Stephen King. Debolsillo, Barcelona, 2017. 483 páginas

Cabe aclarar que el manuscrito original dormitó en un cajón durante un par de años. Stephen King, un padre entregado, se horrorizó al finalizarlo y comprobar lo que había escrito, y lo mismo le pasó a su mujer, Tabitha. No obstante, el escritor tuvo el acierto de comprender que semejante novela no podía quedarse sin publicar. Vería la luz, editada por Doubleday, el 14 de noviembre de 1983 —curiosamente, tres días después de que este Disparaletras que suscribe arribara al mundo—. Cementerio de animales bien puede hacerse un hueco entre las mejores novelas de terror del siglo XX.  Además de los hechos biográficos antes mencionados, la idea argumental surge como un homenaje al gran relato de W. W. Jacobs «La pata de mono» —del que ya hemos hablado en este blog aquí—. La novela posee una de las atmósferas más terroríficas de toda la obra de King, y exhibe un acabado en sus formas y en su diagrama narrativo muy propio de las novelas de este periodo del autor. La narración transmite un terror denso, pegajoso y realista, y toda ella está recubierta de un halo excepcionalmente trágico. A la hora de mencionar sus adaptaciones al cine, huelga aclarar que me quedo con la versión clásica, realizada en 1989 por Mary Lambert y estrenada en España con el dudoso título de Cementerio viviente. No sólo es una adaptación mucho más fiel a la novela, merced a un excelente guion escrito por el propio Stephen King, sino que el autor realiza uno de sus inmortales cameos como sacerdote en el oficio de un entierro, en la que es a día de hoy una de las imágenes más icónicas del cine de terror de todos los tiempos. Hela aquí:

Stephen King oficiando de sacerdote en la versión cinematográfica Cementerio viviente (Mary Lambert, 1989). Una imagen memorable

A la espera de la aparición de «Ludlow, Maine» en las páginas de Círculo de Lovecraft, donde te ofrezco mi particular secuela de esta impresionante novela, no estaría de más, quizá, sumergirnos por enésima vez en las páginas de una de las obras más escalofriantes de Stephen King.

La despedida de hoy es musical y obligatoria: los Ramones interpretando Pet Sematary, impagable canción incluida en el álbum Brain Drain (1989). El fandango grotesco-macabro que se marcan en el videoclip apenas merece comentario…

Ramones, Pet Sematary (Brain Drain, 1989)

2 comentarios en “¿Qué fue de Ellie Creed?

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