Ratonera

Rata-Negra-D

La amenaza está fuera, allí donde mueren las tinieblas y reina la luz. Ahí es donde está él, esperando una oportunidad para aniquilarme. El hambre acucia, y este encierro prolongado no hace sino profundizar el pánico y la incertidumbre. Las noches son lo peor: oscuro por dentro y por fuera, me pregunto si estará durmiendo, cosa que dejaría el terreno despejado para una posible huida o quizá —audacia extrema— para una excursión hacia las provisiones.

Pero ¿y si padece de insomnio? ¿Y si esas noches de borrachera e inquietud no fueron tan solo episodios aislados? ¿Y si toda la frustración que inunda su realidad se transmutara en furia incontrolable hacia cualquier presencia molesta aquí, en sus dominios?

La amenaza no la representa solo él, sino también el soberbio felino, las trampas y cepos, los rincones envenenados, la visita de los fumigadores.

Quieren cazarme. Quieren aniquilarme. Se han complotado para acabar con mi vida. Lo sé. Lo siento en mi piel erizada, en la sensibilidad de mis oídos y mis bigotes, en mi agudizado olfato de presa acorralada.

Mientras tanto, espero, agazapado en mi agujero de tinieblas y humedad, rogando por una supervivencia que, desde siempre, considero imposible y quimérica…

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