El mundo empieza a conocer a Shirley

Es evidente que la figura de Shirley Jackson, tan admirada y venerada en este pequeño blog, se ha puesto de moda. A la realización de la dispar serie La maldición de Hill House del año pasado —conceptualmente meritoria, aunque totalmente alejada del contenido de la novela original— se suma el estreno mundial, este fin de semana, de la película Shirley. Me ha parecido un film un tanto irregular, y en el que no terminan de definirse las claves biográficas que uno espera ver en un biopic de la autora. En todo caso, no es mi intención hablar aquí ni de la serie ni de la película, sino una vez más de la escritora y de su obra.

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Shirley, película de Josephine Decker sobre la vida de la autora Shirley Jackson (2020).

Los que nos movemos en el género de terror conocemos desde hace años a Shirley Jackson. En mi caso particular, puedo hablar de una especie de amor a primera vista… o amor a primera lectura, como sería más apropiado decir. Leí La maldición de Hill House a los dieciocho años y viví un momento de revelación. El contacto con esta novela me enseñó un nuevo concepto del manejo de la materia terrorífica: el del horror psicológico, que viene sustentado en la narración por la carga psíquica que arrastran los personajes, en prodigioso equilibrio de combinación con la propia energía de la casa maldita. Pero ya he hablado antes de esta novela en este blog, y puedes acceder al post pinchando aquí.

La editorial Minúscula, de Barcelona, se está encargando de desenterrar la obra de Shirley Jackson a través de las magníficas traducciones de Paula Kuffer. Hasta hace poco tiempo solo teníamos acceso a la edición de Valdemar de La maldición de Hill House, sin duda la obra maestra de la señora Jackson, y a alguna versión suelta de su gran relato «La lotería». Ahora, gracias al trabajo de Minúscula, podemos disfrutar de una nueva edición de La maldición de Hill House, de buena parte de su trabajo ensayístico en Deja que te cuente, de un caudal interesante de sus relatos en Cuentos escogidos y, gracias a todos los dioses, de su última novela, una maravilla titulada Siempre hemos vivido en el castillo, la escalofriante narración de dos hermanas, una casa desolada, una familia muerta por envenenamiento, unas tazas de té y un poco de cianuro.

No sé hasta qué punto el estreno de la película y la masificación de la serie sobre Hill House funcionarán a modo de trampolín para la reivindicación de la obra de esta autora, injustamente olvidada durante tanto tiempo. Quienes venimos siguiendo sus pasos desde hace años estamos de enhorabuena, ya que todo el disfrute que nos ha brindado con su narrativa empieza a estar ahora al alcance de todos los lectores. Durante años su nombre obtuvo cierta celebridad solo gracias a la mención que de su influencia hacían algunos autores contemporáneos de mucha fama, especialmente Donna Tartt, Richard Matheson y Stephen King. Era entonces cuando nos preguntábamos quién era esa señora Jackson a quienes todos tenían como referencia, y cuáles habían sido las bases de su trabajo. En el mundo hispanohablante no teníamos otra opción que no fuera releer una y otra vez su Hill House, sensación muy placentera pero que siempre nos dejaba con ganas de más. Ahora solo nos queda esperar que Minúscula dé un paso más y nos traiga Hangsaman, su primera novela, de 1951 (y en cuya composición se basa el argumento de la película estrenada este viernes) y The Bird’s Nest, de 1954. Probablemente dentro de un tiempo ya se trate de una autora reconocida por todos, lo cual no dejará de ser un espaldarazo para nuestro querido género oscuro.

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Elisabeth Moss interpretando a Shirley Jackson en Shirley (Josephine Decker, 2020).

Un día de estos me pasaré por aquí para comentarte detalladamente algunas obras más de nuestra amada Shirley Jackson. Por ahora solo quería plasmar aquí la felicidad que siento al comprobar el reconocimiento que empieza a tener la obra de una de mis autoras favoritas, de una de mis influencias más directas. El mundo por fin empieza a conocer a Shirley; una reivindicación de su obra que, aunque tardía, no deja de ser una muestra de estricta justicia.

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