Renacer

Abres los ojos y todo es oscuridad. La tierra negra invade tus pulmones y no puedes respirar. Estás atrapado, obnubilado, deshecho. Vapuleado. Destruido. De repente surge una luz; no proviene del exterior, y por tanto no es un signo de salvación. La tienes dentro de ti y brilla como el primer día. Y te empuja. Y te mueves. Y reptas entre los laberintos de la penumbra y la sordidez. Hueles la luz al final del túnel. Anhelas llegar a ella y volver a respirar, y sientes por primera vez que puedes vencer a la oscuridad.

Culebreas y gritas, aunque tragues tierra húmeda y gusanos. Sientes que el fantasma de la Muerte y de la Oscuridad no te dejará salir, ya que es el guardián de tu prisión. Procura empujarte hacia abajo, nuevamente hacia la insana lobreguez del sepulcro. Hacia el olvido. Hacia la destrucción. Hacia la nada.

Abres los ojos y ves la luz, y sientes que has vencido. Tu mano anhelante asoma de entre la tierra removida y puedes por fin sentir el aire del exterior. La luz del exterior.

Has vencido a la oscuridad.

Es entonces cuando comprendes que no tenías otro destino que renacer.

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