Literaturas del encierro V: Horacio Quiroga: el horror al límite

La lectura de un par de cuentos de Horacio Quiroga en el Taller de Escritura Creativa de Fuentetaja me empujó nuevamente a uno de sus volúmenes recopilatorios, en los cuales se destila la concepción del horror, la locura y la muerte que poseía el autor uruguayo. Pequeña ceremonia autodestructiva o un definitivo ejercicio de sadomasoquismo en tiempos de reclusión… Quizá, pero también el rencuentro con uno de mis grandes maestros en esto de la narración corta de terror; un autor al que conocí en la adolescencia y que me impactó como pocos. Un autor que se atrevió a llevar las sensaciones de horror y espanto de sus lectores hasta el límite.

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El síncope blanco y otros cuentos de locura y terror, de Horacio Quiroga. Valdemar, Madrid, 2017. 198 páginas

El síncope blanco incluye una más que interesante selección de cuentos de Quiroga. En todos ellos se pone de manifiesto la destreza del autor para el cuento corto «de efecto». La eficacia de sus narraciones consiste en la construcción de un estilo envolvente basado en la regularidad de sus frases y en un milimétrico vocabulario. La combinación de estos ingredientes impone al relato un ritmo ameno a la vez que hipnótico, y el efecto de su estética provoca un embelesamiento en el lector; embelesamiento que en ocasiones le impide percibir el estado creciente de la situación de horror que va originando la trama del cuento, que casi siempre desemboca en un final impactante, demoledor, lapidario, que deja totalmente aturdido y apabullado al lector. Quiroga practica lo que conocemos como “técnica de la curva ascendente”, que para ser más gráficos diremos que funciona como esos momentos álgidos de la montaña rusa: un ascenso lento que presagia una caída, y finalmente una brusca precipitación hacia los infiernos propios de la atmósfera de cada relato.

Hablando de infiernos: es incontestable el mérito del autor para crear un auténtico averno de pesadillas con elementos realistas y absolutamente terrenales. Sospecho que en la cercanía de los escenarios, y muchas veces en la ausencia total de elementos sobrenaturales, es donde triunfa el horror total de los cuentos de Quiroga. El autor se aferra a la insignificancia del ser humano ante las contingencias de la vida, y apela como motivo literario a los accidentes fortuitos que nos acechan tras cada esquina o en nuestra misma casa, para así evidenciar la delgadez de la capa que separa nuestra existencia cotidiana de un infierno en vida. Toma cuatro o cinco elementos de la realidad más simple y los convierte en un disparadero del horror, como queda de manifiesto en cuentos tan abrumadores como «El hijo», «El perro rabioso», «El puritano» o «La gallina degollada», en mi opinión su obra maestra definitiva. En otros casos, como en «El síncope blanco» o «Los guantes de goma», recurre a escenarios ilusorios tanto o más terroríficos que los tangibles. Todos sus cuentos, en todo caso, siempre están acechados por la desgracia permanente, por la amenaza de una tragedia pendular que nunca desaparece. Entre los cuentos compilados en este volumen se encuentra también uno de los mejores relatos vampíricos jamás escritos: «El almohadón de plumas», una versión prosaica y casi zoológica del mito.

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Horacio Quiroga (1878-1937)

Horacio Quiroga fue un escritor maldito como pocos, y el paradigma absoluto del autor perseguido por la desgracia que buscó la forma de exorcizar sus fantasmas a través de la escritura. Nacido en Salto (Uruguay), el último día de 1878, viajó de joven a París y participó de la vida bohemia de Montevideo, hasta que accidentalmente provocó la muerte de su mejor amigo y tuvo que huir al litoral argentino. Allí, en compañía de Leopoldo Lugones, colonizó la región y practicó diversos empleos (maestro, cultivador de algodón, industrial del carbón, funcionario en el consulado uruguayo) y escribió numerosos cuentos naturalistas (recopilados en su magistral volumen Cuentos de la selva) y otros de un horror descarnado en donde se sublima la mayor de todas sus obsesiones: la muerte. Esta, junto con la locura, fueron los dos grandes fantasmas que persiguieron a Quiroga durante toda su vida, y que sin duda signaron y condicionaron la temática de su literatura, algo que le emparenta inevitablemente con su gran maestro, Edgar Allan Poe, el otro prototipo de escritor maldito y perseguido por la desgracia. Leyendo cualquier resumen biográfico de la vida del autor uno entiende el porqué de su obsesión: presenció el suicidio de su padrastro cuando tenía dieciocho años (se disparó con una escopeta en la boca justo cuando el joven Horacio entraba en la habitación), tuvo que afrontar la muerte de dos de sus hermanos en Chaco, a causa de la fiebre tifoidea, más la muerte accidental de su mejor amigo, Federico (había acordado un duelo con un rival; Quiroga estaba ayudándole a limpiar el arma y esta se disparó y mató a Federico instantáneamente)… En fin, una serie de infortunios que alimentaron su morbosa obsesión por la muerte, y que no podía acabar de otra forma que con el suicidio del propio Quiroga, que ingirió cianuro en la habitación de un hospital de Buenos Aires, al enterarse de que padecía una enfermedad terminal. Esto ocurrió el 19 de febrero de 1937.

Quiroga fue un autor que llevó las concepciones del horror terrenal hasta el límite. Como Poe y Baudelaire, descendió hasta los infiernos en vida y nos trajo de allí una mórbida crónica sobre el horror, la locura y la muerte en forma de una inmortal ristra de cuentos oscuros. Ideal para pasar el mejor peor rato de nuestras vidas, las colecciones del gran escritor uruguayo son una muestra de impresionante técnica narrativa, a la vez que un fresco siniestro del lado oscuro de la existencia.

2 comentarios en “Literaturas del encierro V: Horacio Quiroga: el horror al límite

  1. Gracias, no lo conocía. No obstante, como Poe(mi favorito en este género), cierto es que esa vida de calamidades es fuente de inspiración y desahogo para sus relatos donde se ve su influencia. Esos miedos de lo más adentro se palpan en su obra. Saludos

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    • Quiroga ha sido uno de los herederos directos del genio Poe, así que si te gusta éste, sin duda te gustará aquél. Ambos destilaron sus pesadillas personales en magistrales relatos oscuros y nos mostraron el lado macabro de la existencia; te animo que te acerques a los textos de Quiroga. Y gracias por comentar, Yudeyna; siempre es un placer verte por aquí.

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