Literaturas del encierro III: los contadores de historias

Son abundantes las reflexiones en las que cae uno en estos tiempos de cambio histórico e incertidumbre. La mayoría de las veces propiciadas por la lectura, cuyo tiempo uno multiplica para que llene las horas de vacío; otras veces, por el propio empuje del pensamiento, que busca la forma de arribar a alguna conclusión, a alguna respuesta en medio de tanto caos y estupor.

Y esta es una de las conclusiones que he podido alcanzar durante estas semanas: el instinto del narrador, el instinto del contador de historias, afortunadamente se muestra inmune a la pandemia y casi a cualquier otro tipo de contrariedad. Finalmente, habrá que certificar la frase que con exclusiva genialidad pronunció una vez el gran William Faulkner: lo único que puede acabar con el verdadero escritor es la muerte.

William-Faulkner

William Faulkner

Muerte, en alguna medida, es lo que ha traído la pandemia. No hablo únicamente de todos aquellos que por desgracia han sucumbido y sucumben día a día a sus efectos, sino a otro tipo de muertes: la muerte de cierto tejido socioeconómico, de algunas de nuestras costumbres, de unos pocos o muchos flecos de nuestro estilo de vida, quizá de nuestro sistema de convivencia tal y como lo conocíamos. Todo eso está por verse. Lo cierto es que durante estos días no puedo dejar de sentirme afortunado, privilegiado, de alguna manera a salvo de la gran calamidad que supone este envite del destino.

En nuestros Talleres de Escritura Creativa de Fuentetaja hemos implementado un sistema de videoconferencia para seguir llevando adelante nuestras clases con la mayor normalidad posible. No lo había comentado hasta ahora en el blog porque quería dejar que el experimento se desarrollara durante algunas semanas, para solo entonces glosar el resultado. Y esa sensación de suerte en la desgracia me llega porque no solo gracias a esto puedo seguir manteniendo a flote mi profesión y desarrollando mi carrera literaria, sino porque hemos descubierto en nuestras clases que el instinto de contadores de historias es también lo que mantiene con vitalidad nuestros espíritus abrumados.

La cuestión es casi antropológica. ¿Qué hacían nuestros antepasados en la antigüedad cuando una calamidad, una peste, una tormenta, la presencia de un animal salvaje o cualquier otra amenaza del exterior los obligaba a recluirse en sus cuevas? Se juntaban alrededor de una hoguera, y los más hábiles en invención y creatividad contaban historias a los demás. El origen de la literatura está ahí, el desarrollo de ese instinto de contadores de historia tuvo su génesis en esos momentos tan complicados. Hoy, con la pandemia en las calles y ante la obligación del confinamiento, tengo la sensación de que eso es precisamente lo que hacemos con los talleristas en nuestras clases a distancia: nos juntamos a un horario determinado y nos contamos historias. Y debatimos, y compartimos nuestra narrativa, y analizamos los resultados y hablamos de literatura, y aprendemos y nos evadimos. Es nuestro espacio; lo cuidamos y lo protegemos, y no estamos dispuestos a perderlo por nada del mundo. No hay pandemia ni virus que afecte a nuestra voluntad de contar historias, de hacer literatura, de cautivar a otros con nuestra narración.

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Esta es una carta de agradecimiento desde el encierro: con todo mi corazón agradezco a todos los talleristas que siguen confiando en nuestros encuentros, que se conectan con su cámara y comparten conmigo y con el resto el fruto de esa semana de trabajo y lecturas; un trabajo al que a veces obstaculiza la desgracia presente o el esquivo plan de futuro, pero que siempre está ahí. Por su voluntad, su predisposición, por las ganas que siempre muestran. De verdad: muchísimas gracias a todos. Y también, por supuesto, a la academia Fuententaja por la importante inversión que ha hecho en la plataforma de videoconferencia, ese elemento tecnológico que nos mantiene cerca y que nos iguala, de alguna manera, con nuestros antepasados, esos contadores de historias que vencían cualquier tipo de adversidad.

Sé que son tiempos muy complicados para mucha gente; para casi todos, en realidad. Y tal vez se trate de que soy un optimista incorregible, o simplemente sea cosa de sentirme feliz porque esta pandemia inesperada no ha podido separarme de lo que más amo en este mundo, además de mi familia: mi instinto de narrador, mi voluntad de trabajar, mis horas de lectura y escritura, mis horas de enseñanza, el contacto con los alumnos, el placer de desarrollar este oficio que tanto me llena.

Ojalá que todo esto pronto quede atrás y que, de alguna manera, podamos volver a ser los que éramos. Mientras tanto, sé que podré perderme entre letras; es en ese lugar donde más seguro me siento. Es ahí donde sé que puedo enfrentarme a lo que sea. Y vencerlo.

7 comentarios en “Literaturas del encierro III: los contadores de historias

  1. El instinto de contar historias se hace más fuerte, si cabe, en estos momentos de encierro. Las letras fluyen, la necesidad de contar se acrecienta y los lectores y oyentes se prestan a recibir las historias.¡ A seguir contando!

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    • Es tal cual como lo describes, Yudeyna. En estos momentos complicados uno a veces utiliza la escritura como un medio catártico, o tal vez como una forma efectiva de perderse en la ficción, a ratos más agradable que la propia realidad. También tiene que ver con los funcionamientos de la mente, que cuanto más sometida esté a una tarea creativa, más consigue abstraerse. En las sesiones del Taller nos retroalimentamos permanentemente con nuestras historias. ¡Muchas gracias por comentar!

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  2. Muy interesante, pues yo llevo días preguntándome si un escritor se hace o se nace, pero creo que ambas, ya que puedes tener miles de ideas, pero no las herramientas necesarias. Esto es en lo que el equipo de los talleres fuentetaja se dedica.

    Bien ahora quiero hacer un inciso para hacer tres preguntas.

    ¿Qué le dirías a una persona que por personas por su entorno se ve obligada a escribir un género que no le gusta solo porque dicen que escriba como sus escritores favoritos?

    ¿ Qué fue lo que te hizo plantearte ser escritor?

    ¿Te gusta solo la literatura o algún otro medio artístico?

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  3. Todo lo dictaminado aquí es puro. Es un oasís de libertad exagerada y al mismo tiempo tierna. Dicen muchas veces que si un escritor se nace o se hace y yo creo que ambas. Ahora como bien dices todo puede ser contraproducente en este ámbito. Primero la soledad que tiene que desempeñar, segundo saber como despegarnos de los personajes después de haber escrito una historia.

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