El Capitán Trotamundos: un Coronavirus letal

Obviamente, en el mundo no se habla de otra cosa. Pero tú, que frecuentas este blog y me conoces bien, sabes que aunque el Armagedón caiga sobre nuestras vidas o se abran las fauces del infierno, yo intentaré seguir hablando solo de literatura. No se trata de dar la espalda a la realidad o de vivir en una burbuja; se trata, quizá, de buscar una vía de escape en ese refugio en el que siempre me siento a salvo de cualquier pandemia.

Y lo cierto es que hoy vengo a hablarte de una plaga mucho más letal —al menos por ahora— que la que ha desatado el COVID-19. Llevaba tiempo queriendo hacerle un hueco a esta novela en El Disparaletras®, y lógicamente no hay momento más apropiado que este. Porque la posibilidad de que una cepa de gripe se propagara sin control por la faz de la tierra ya la planteó el tío Stephen una vez, allá en las postrimerías de los setenta. Y, queriendo o sin querer, terminó por dar forma a una de sus obras maestras capitales: Apocalipsis.

Dibujo

Apocalipsis, de Stephen King. Debolsillo, Barcelona, 2017. 1584 páginas

Una novela que se explica sola desde el título, claro está, pero en cualquier caso te la resumiré brevemente. Un virus gripal, originalmente creado como arma bacteriológica (hum…) se suelta sin control en una base militar americana. Su nombre es bastante más pintoresco que el de nuestro Coronavirus: es El Capitán Trotamundos. Se trata de un virus absolutamente letal, una cepa de gripe mutante que ataca el sistema inmunológico y que merced a su capacidad para metamorfosear termina con la vida humana en cuestión de unos pocos días, entre catarros, toses, estornudos, toneladas de mocos y glándulas inflamadas hasta la implosión. Otro dato importante: el factor de contagio asciende hasta un apabullante 99,4%. Lo que en un principio son unos pocos contagios pronto se convierte en una pandemia universal que, en el curso de un mes y medio, se cepilla a noventa y nueve de cada cien humanos. El mundo muy pronto queda devastado, y a las muertes ocasionadas por la súpergripe se suman los asesinatos y violaciones que el caos propicia, más los suicidios, ejecuciones sumarias y matanzas producto de la represión militar. El uno por ciento de la población superviviente comienza a organizarse en pequeñas colonias con un único fin: restaurar la civilización, ese vellocino de oro al que idolatran y al que intentan devolver a la vida, incluso sabiendo que el trazado del mismo camino y la reconstrucción de la misma ratonera tecnológica volverá a conducir a la humanidad a una nueva destrucción.

Apocalipsis es una de las novelas más ambiciosas que se han escrito en el ámbito del terror literario durante la segunda mitad del siglo XX. Stephen King la pergeñó hacia 1977, en plena crisis energética, y en busca de la continuidad del exitosísimo sendero que había iniciado con Carrie (1974), el Misterio de Salem’s Lot (1975) y El resplandor (1977). El problema fue que Apocalipsis (The Stand) resultó ser un manuscrito impracticable: más de mil doscientos folios, y cinco kilos y medio de peso. Doubleday, la editorial que publicaba a King por entonces, se negó a sacarla al mercado a menos que el autor le recortara cuatrocientas páginas. Stephen realizó la cirugía y en 1978 se publicó una versión «recortada» de la novela, que en España conocemos con el nombre de La danza de la muerte.

 

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La danza de la muerte (versión abreviada de Apocalipsis). Plaza & Janés, Barcelona, 1990. 864 páginas

Pero King, como fácilmente podemos imaginar, no se iba a quedar con las ganas. Hacia 1990 reconstruyó el manuscrito original, readaptó la línea cronológica para ambientar la historia a finales de los ochenta y sacó al mercado la novela en su versión completa y sin recortes. Yo me he leído dos o tres veces cada una de las ediciones, y sin duda prefiero la versión extendida. La historia no es distinta, sino que simplemente —y como bien aclara el propio King en el prefacio— en la versión larga «ocurren más cosas». En cualquier caso, La danza de la muerte es una novela que se puede disfrutar a las mil maravillas.

Siempre me ha parecido un prodigio de la planificación narrativa la primera parte de esta novela, es decir, la que narra la destrucción del mundo a raíz de la expansión del virus gripal. Stephen King maneja con mucha habilidad una enorme variedad de escenarios y vertientes narrativas, construyendo de esta manera el andamiaje de una gigantesca e inabarcable novela-río. La virtud principal consiste en el equilibrio que otorga a todos estos escenarios y a la profunda entidad de los personajes; esta hondura en el tratamiento de personal humano y entorno lleva a que el lector tenga siempre fresca la situación y el contexto narrativo. La segunda parte del libro, cuando se cuenta la reconstrucción y la guerra que pronto se desata entre «buenos» y «malos» también resulta interesante, pero de alguna manera aquí entramos en terrenos de novelística un tanto más convencionales, y el maniqueísmo del que el autor impregna toda la trama, con una clara divisoria que separa el bien del mal —más algún dogma religioso un tanto hiperbólico hacia el final— le restan al libro un poco de ecuanimidad: esa misma ecuanimidad que actúa durante los primeros tramos, cuando el virus se carga a todos por igual, sin distinción.

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Stephen King y su pantalla WANG, como siempre repleta de palabras

Apocalipsis es un absoluto logro del arte narrativo y una de las cimas en la obra de Stephen King. A lo largo de los años se ha convertido en una novela de culto y en una de las más reputadas creaciones del autor de Maine. Nos encontramos en estas más de mil quinientas páginas con un King pleno de energías y a punto de llegar a la cumbre de su fecundidad creativa, que siempre he creído que tuvo lugar hacia mediados de los ochenta. Hablamos de un escritor desatado, de una fuente inagotable de historias que hizo de la palabra escrita su forma de comunicarse con el mundo y de transmitir este tipo de inquietudes. Hoy, a más cuarenta años de su publicación, el mundo en el que vivimos enfrenta una situación pandémica que amenaza con convertirse en profecía. Mientras, entre las páginas de esta novela, el mundo encontraba un Apocalipsis casi definitivo…

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