«La casa infernal»: El horror entre cuatro paredes

Uno de los autores de terror más representativos, y que aportó su granito de arena al subgénero de las casas encantadas, fue el maestro Richard Matheson. Seguramente le conozcas por el ser al autor de Soy leyenda, una de las novelas más fascinantes del canon del horror literario, pero lo cierto es que con La casa infernal, la novela que hoy te traigo, consiguió dar una vuelta de tuerca a la temática y sentó las bases para lo que después se convertiría no solo en una riada casi interminable de narraciones ambientadas en construcciones malditas, sino también para un género cinematográfico casi exclusivo y en el que el propio Matheson estuvo involucrado en roles de guionista, en películas como La leyenda de la casa del infierno (John Hough, 1973). Como novela, La casa infernal representa una de las cumbres del género de terror del siglo XX.

Dibujo

La casa infernal, de Richard Matheson. Minotauro, Barcelona, 2011. 312 páginas

Indiscutiblemente inspirada en La maldición de Hill House, Matheson toma para La casa infernal la misma premisa narrativa que utilizara Shirley Jackson en su novela: cuatro personas sensibles a las manifestaciones paranormales encerradas en una supuesta casa encantada. Matheson, al igual que Jackson, juega con la sutileza del entorno y con los ecos de una maldición ancestral, pero en lugar de que esta resulte difusa y brumosa como en Hill House, se vuelve palpable e insoportablemente presente en la infernal Casa Belasco, donde la «energía residual» de los ritos blasfemos y sacrílegos llevados a cabo por su diabólico propietario toman forma a través de los experimentos de Lionel Barrett —un doctor en Filosofía que pretende racionalizar los supuestos fenómenos— y de la sensibilidad parapsicológica de Florence Tanner, una médium convocada para las sesiones de espiritismo. Curiosamente, el peso de estos dos personajes sufrirá un trasvase hacia los otros dos protagonistas: Edith Barrett, la esposa del doctor, una mujer entregada a su matrimonio con el tullido doctor pero sexualmente reprimida; y Benjamin Franklin Fischer, el médium más importante de los Estados Unidos desde 1940, cuando milagrosamente, y siendo apenas un chaval de quince años, salió vivo de la misma Casa Belasco tras una masacre. En medio de este cuarteto de personajes se moverá el ánima corrupta de Emeric Belasco, el legendario propietario de la casa, quien había convertido la construcción en un centro de absoluta depravación y ceremonias demoníacas de perversión, necrofagia y canibalismo.

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Cartel de la película La leyenda de la casa del infierno (John Hugh, 1973), la más célebre de las adaptaciones al cine de la novela

El tiempo narrativo de la historia no excede los seis días (comienza el 18 de diciembre de 1970 y acaba en la víspera de Navidad). Los cuatro personajes son convocados a la casa por un excéntrico millonario, Rolf Rudolph Deutsch, un hombre a un paso de la muerte que desea contar con la certeza de lo que hay más allá. Para tal fin, ha adquirido la siniestra Casa Belasco, y ofrece cien mil dólares a cada uno de los participantes del experimento. La fuerza maléfica del ánima de Belasco hará lo imposible para que los esfuerzos racionalistas del doctor Barrett no puedan exorcizarle de la casa, al tiempo que buscará horadar y agrietar la unidad del equipo. Es notable la manera en la Matheson condensa multitud de episodios —inquietantes algunos, decididamente terroríficos otros— a lo largo de la semana de diciembre durante la cual tiene lugar la acción. Formaciones de ectoplasma, siniestras voces en el vacío, fenómenos poltergeist, posesión, precognición, levitación, psicoginesia… El autor juega con un impresionante abanico de situaciones paranormales y las combina con los dramas personales de cada uno de los protagonistas, efectuando un juego de especulación para con la materia terrorífica en el cual lector, casi inevitablemente, se verá obligado a participar. Otro de los aciertos de Matheson, y cuya importancia ha sido imprescindible para el aura de obra maestra que rodea a la novela, es la utilización del deseo sexual soterrado de algunos de los personajes —especialmente las dos mujeres— para exteriorizar la influencia que en ellas ejerce la energía maligna que impregna la casa. En este caso, el autor se aleja de cualquier tipo de tabú, describiendo las escenas con crudeza y visceralidad.

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Richard Matheson (1926-2013)

Sobre el autor, Richard Matheson (Allendale, Nueva Jersey, 1926 – Los Ángeles, California, 2013) poco se puede decir que no se sepa ya, dado que se trata de una de las figuras señeras del género y uno de los maestros indiscutibles del terror de todos los tiempos. Heredero de la gran tradición de la Weird Fantasy de los años treinta, supo imprimir su sello particular —caracterizado por un lenguaje crudo y un tratamiento muy físico de los temas— en relatos tan magistrales como «Pesadilla a 20.000 pies», «Lemmings» o «Nacido de hombre y mujer», y en novelas excepcionales como la que nos ocupa (1971), El último escalón (1958), El hombre menguante (1956), Más allá de los sueños (1978) y muchísimas más. Fue un hombre que realizó numerosísimos trabajos para cine y televisión, entre los que cabe destacar los mejores episodios de la mítica serie The Twilight Zone («Un mundo propio», «El último vuelo», «Un mundo de diferencia») y los guiones de películas como La caída de la casa Usher (Roger Corman, 1960) o La novia del diablo (Terence Fisher, 1968). Por supuesto, su obra más conocida es Soy leyenda (1954), sobre la que seguramente hablaremos un día en este blog.

Stephen King, que sin duda algo sabe de literatura de terror, dice que «De todas las novelas sobre casas encantadas, La casa infernal es la más aterradora que se ha escrito jamás. Destaca sobre las demás, como las montañas despuntan sobre las colinas». Amén… Después de haberte traído estas últimas semanas La maldición de Hill House y Malpertuis, era de justicia cerrar la trilogía con La casa infernal, quizá no la más sutil de las novelas sobre casas encantadas, pero muy probablemente la más terrorífica de todas…

2 comentarios en “«La casa infernal»: El horror entre cuatro paredes

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