«Dune», el arte de la política

De entre todas las catedrales que la literatura de ciencia ficción ha dado a luz durante el siglo XX, pocas o ninguna ofrece un calado filosófico y sociológico tan profundo como Dune, la obra maestra de Frank Herbert que supuso un drástico cambio estilístico y formal en el género cuando se publicó, allá por 1965. Fuente de múltiples interpretaciones e iniciadora de una larguísima saga ―continuada por Brian, el hijo de Frank Herbert, y Kevin J. Anderson― ocupa un lugar casi mítico dentro de las obras de culto de este género tan particular. Es su magnífica estructura formal y la superlativa configuración de sus personajes lo que sin duda atrae en primer término al lector, pero no hay que olvidar que en Dune subyace un mensaje que engloba la existencia humana en general y su devenir sobre nuestro planeta: el arte de la supervivencia termina siendo, a fin de cuentas, el arte de la política.

9788497596824

Dune, de Frank Herbert. Barcelona, Debolsillo, 2017. 704 páginas

Dune cuenta la historia de un gobierno galáctico, una megaorganización política conocida como Landsraad. Uno de los territorios de esta organización es Arrakis, también llamado Dune, un planeta inhóspito y carente de agua, y adonde son destinados el Duque Leto Atreides y su familia. Con ellos viene su hijo Paul Atreides, un adolescente con poderes extrasensoriales que está llamado a convertirse en el mesías de los Fremen, una tribu libre de Arrakis, habitantes del desierto que manejan técnicas ecológicas y planetológicas para conseguir el bien más preciado en Arrakis: el agua. Arrakis es un infierno seco y árido asolado por unos monstruosos y gigantescos gusanos salidos de las profundidades de la arena, pero cuyo ecosistema produce la melange, una sustancia terapéutica sumamente adictiva que sostiene el interés de las Grandes Casas, de la Cofradía y del Imperio sobre el planeta. A raíz de una traición urdida en el mismo trono del emperador a través de los Harkonnen, casa rival del clan Atreides, la muerte del Duque Leto ocasionará la huida de su concubina, Dama Jessica, una bruja Bene Gesserit, y de Paul, a quien los Fremen más tarde llamarán Muad-‘Dib, y en cuya figura encontrarán a su dictador, su mesías y su mártir.

Esto, como puedes comprender, es apenas un resumen de lo que se revela como una de las tramas más ambiciosas e inabarcables de la literatura contemporánea. Como todo gran elemento adscrito a la fantasía en su universo propio, Dune contiene un importantísimo aparato extraliterario que el autor nos ofrece al final, a modo de apéndices y glosarios para entender su jerga particular y los diferentes intersticios de este universo apasionante. En todo caso, se diría que Herbert juega con las costumbres, los pilares culturales y los dogmas religiosos de nuestro propio mundo para ilustrar la pluralidad racial, social, territorial y sobre todo religiosa de todos los habitantes de su microuniverso particular. Así, más que una novela de ciencia ficción, Dune deviene en un fabuloso calidoscopio de la existencia humana reflejado a través de una narrativa atrapante y portentosa.

lead_720_405

Fotograma de la película Dune (David Lynch, 1984)

Pero más allá de erigirse como uno de los tótems universales del género, personalmente lo que más me ha impactado de la novela es su completo sentido político y su forma de conducir cada discurso y cada actitud de los personajes hacia las derivas sociales que puede desprender, siempre respetando las normas del juego intrínseco que los márgenes de la pieza literaria permiten. La política es el arte de la mentira pero también el arte de lo posible, y Dune despliega un amplio catálogo de actitudes políticas que son estrato puro del comportamiento humano en su función de conductor de pueblos. Todos los personajes actúan según sus ambiciones o creencias, según sus designios y supersticiones, pero siempre en pos de un establecimiento, de una relación de causa-efecto en el factor social que entronca, de manera muy notable, toda la estructura de la novela.

Mucho se ha hablado, por supuesto, de la para algunos defectuosa adaptación al cine a cargo de David Lynch, pero no me interesa ahora mismo tocar este tema. Después de haber leído la novela soy de los que piensan que la historia reposa en el soporte adecuado, y que tal vez resulte una temeridad intentar una transferencia a otros ámbitos de comunicación. La narrativa de Frank Herbert posee en este caso suficiente autonomía como para que las postales áridas y desoladas de Arrakis permanezcan en la memoria del lector para siempre.

Como sabemos, la novela fue un éxito fulgurante desde su aparición. Se publicó el 1 de diciembre de 1965 y al año siguiente se alzó con el Premio Hugo y con la primera edición del Premio Nebula a la mejor novela de ciencia ficción. El éxito del libro llevó a Herbert a escribir dos continuaciones: El mesías de Dune (1969) e Hijos de Dune (1976), con las que dio por concluida la trilogía. La gran popularidad de la saga le llevó, no obstante, a escribir un cuarto tomo: Dios emperador de Dune (1981), con la que esperaba ahora sí cerrar la saga, que se convirtió entonces en tetralogía. Finalmente, volvería con dos volúmenes más: Herejes de Dune (1984) y Casa Capitular Dune (1985). El final de esta novela era asombrosamente abierto, lo cual sin duda contribuyó a que, tras la muerte de Frank Herbert en 1986, su hijo Brian se asociara al reputado autor Kevin J. Anderson y pergeñaran dos trilogías más: Preludio a Dune (compuesta por Dune: La Casa Atreides, Dune: La Casa Harkonnen y Dune: La Casa Corrino) y Leyendas de Dune (que integran Dune: La Yihad Butleriana, Dune: la cruzada de las máquinas, y Dune: La Batalla de Corrin).

frankherbert

Frank Herbert (1920-1986)

Como toda obra de ciencia ficción que se precie, Dune ofrece un escenario futurista lleno de tecnología avanzada elaborada a base de ingenio y lógica mecánica, pero al mismo tiempo aporta una visión primordial del espíritu humano. Es una novela que traspasa la mera capa de futurismo del género para hablar de mesianismo, religiones, establecimiento de castas, supersticiones, luchas cuerpo a cuerpo, armas rudimentarias, ciclópeos gusanos del desierto y, sobre todo, de política, en mi opinión el tema principal de la trama, y a través de cuyo oscuro vórtice sobrevuelan todos los vericuetos narrativos de esta portentosa obra maestra. A casi cincuenta y cinco años de su publicación, podemos considerarla un verdadero clásico de la ciencia ficción. Tal vez, por qué no decirlo, El Clásico con mayúsculas dentro de la inabarcable esfera del género.

 

 

1 comentario en “«Dune», el arte de la política

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.