La aventura total

De entre la multitud de novelas de aventuras que pueblan el universo literario, mi favorita desde siempre ha sido El conde de Montecristo. Supe de ella siendo muy pequeño, con ocho o diez años. Fue una historia que mi padre me contó una noche de esas en las que a uno le cuesta dormir. Por supuesto que fue una versión minimalista, muy reducida: Edmundo Dantés era un muchacho ejemplar que un día fue víctima de una traición, tras la cual se le confinó en una prisión oscura durante un montón de años. Allí conoció a un anciano que le habló de la existencia de un tesoro. La versión de mi padre incluía una explicación detallada del proceso de fuga del protagonista, aunque una reducción drástica de toda la venganza posterior. Mi padre me dijo, simplemente, que se presentaba como el conde de Montecristo y que, tras acorralar con su espada a sus enemigos, en el momento de matarlos revelaba su verdadera identidad: «¡Soy Edmundo Dantés!». Aquello, como puedes imaginar, resultaba fascinante para el chiquillo de nueve años quera yo por aquel entonces.

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El conde de Montecristo, de Alexandre Dumas. Barcelona, Literatura Random House, 2016. 1144 páginas

Leí el libro completo por primera vez a los catorce o quince años, cuando ya era un adolescente que pasaba más tiempo leyendo que haciendo cualquier otra cosa. La versión completa de la novela me resultó un poco abrumadora, pero la voluptuosidad de la historia y la riqueza en los detalles narrativos ayudaron a que la adaptación de mi padre cobrara fuerza y se volviera del todo coherente. La venganza de Dantés no se limitaba a apuntar con un florete a sus enemigos para acto seguido ensartarlos, sino que estaba basada en un proceso psicológico absolutamente desquiciante. Volví al libro cinco o seis años después, en una época en la que me bebía a litros las novelas de aventuras. Desde entonces se ha convertido en una de esas novelas a las que uno regresa cada par de años, con esa nostalgia única que solo despiertan las grandes peripecias literarias que nos han forjado como lectores

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Fotograma de El conde de Montecristo, miniserie de 1998 dirigida por Josée Dayan y protagonizada por Gérard Depardieu, con guion de Didier Decoin

El conde de Montecristo es una novela magistral y de una complejidad narrativa apabullante. Narra la caída en desgracia de Edmundo Dantés, un marinero marsellés honrado y bondadoso  que es víctima de una traición por parte de un triunvirato de viles envidiosos: Fernando Mondego, perdidamente enamorado de Mercedes, su prima y prometida de Dantés; el señor de Villefort, sustituto del procurador del rey Luis XVIII durante los agitados días de la Primera Restauración y las conspiraciones bonapartistas; y Danglars, el ambicioso administrador del Faraón, el navío del que Dantés está a punto de ser nombrado capitán. Como un anticipo del inefable Josef K. de El proceso de Kafka, Dantés será conducido a la prisión del castillo de If, una oscura mazmorra donde pasará catorce años de su vida preguntándose qué oscura maniobra del destino habrá acabado con sus huesos entre rejas. En el calabozo, y en medio de un proceso de desesperación y locura totales, Dantés traba conocimiento con el abate Faria, un eclesiástico italiano que es tomado por loco y que conoce la existencia de un fastuoso tesoro escondido en la isla de Monte-Cristo. Los planes de fuga que ambos elucubran se truncan con la muerte del anciano, pero el sentido de la improvisación de Dantés le lleva a escapar de la cárcel e ir a por el tesoro, una fortuna incalculable que le permitirá posicionarse en las altas esferas de la burguesía parisina, desde cuyas entrañas planeará la venganza más cruel y despiadada.

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Alexandre Dumas (padre) (1802-1870)

Siempre he creído que la obra maestra de Alexandre Dumas es no solo la novela de aventuras por antonomasia, sino la más grande fábula sobre venganzas jamás contada. Muchas historias posteriores sobre personajes agraviados que vuelven desde la desgracia en busca de un resarcimiento están inspiradas en la ultrarromántica figura de Edmundo Dantés, un joven desafortunado que, veinticuatro años después de su caída, regresa convertido en el conde de Montecristo, un oscuro personaje que se cree guiado por la mano de Dios, y cuyo poder inabarcable acabará condicionando las vidas de todos aquellos que le rodean. Es digno de destacar el perfil del héroe que protagoniza esta novela: aunque en todo momento el lector consiga una total empatía para con sus ánimos vengativos, Dumas nos lo presenta como a un ser abyecto y rebosante de odio y resentimiento, un veneno sentimental del que no podrá desprenderse incluso después de haber ejecutado su revancha. Al mismo tiempo, su trayectoria vital es un canto a la esperanza moribunda y a los deseos de vivir, un ejemplo de que los caprichos del azar nos pueden empujar a la más absoluta desgracia, pero también al encumbramiento definitivo.

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Vista actual del castillo de If, cerca de Marsella, donde se ambienta un importante segmento de la novela

Mucho se ha hablado de la adjudicación de la autoría no solo de esta novela, sino de toda la obra de Dumas padre. Mucho se ha elucubrado acerca de sus colaboradores y de la participación de estos en la elaboración de las tramas y el desarrollo narrativo de las novelas en sí. Lo cierto es que a día de hoy ya está asumido que buena parte del trabajo corrió por cuenta de Auguste Marquet, así que es de justicia mencionarle en esta entrada, aunque en su día Dumas pagara una fortuna para eliminar su nombre de la portada del libro. No hay que olvidar que la labor de Marquet fue fundamental en otra de las catedrales literarias que han hecho inmortal el nombre de Alejandro Dumas padre: la serie de novelas de Los tres mosqueteros.

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Retrato de Auguste Marquet (1813-1888), principal colaborador de Alexandre Dumas y co-autor de El conde de Montecristo

El conde de Montecristo se publicó por primera vez en 1844 y, como era costumbre en la época, lo hizo a modo de folletín, en dieciocho entregas. Su leyenda perdura hasta nuestros días y suele incluírsela en la lista de las mejores novelas de todos los tiempos. Ejemplo y paradigma de novela romántica y de aventuras, la considero una de las experiencias lectoras más completas que puede uno vivir. Su sentido humano, la perfecta concatenación de los hechos dramáticos y sus emanaciones de peripecia épica la convierten en la aventura literaria total.


Este post está dedicado, desde el mayor cariño y respeto, a la memoria de Antonio Lozano, nuestro querido amigo y gran escritor que nos dejó ayer. Han sido numerosas las muestras de afecto en las redes sociales y en la prensa de nuestras islas. Todos le recordamos con su sonrisa y sus palabras siempre sabias. Descansa en paz, amigo.

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Antonio Lozano (1956-2019)

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