Estatuilla

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4 de abril

Querido J.:

Recibí ayer tu envío postal. Muchas gracias por el detalle. Esta primorosa estatuilla de barro hará las veces de inmejorable adorno en mi habitación.

Afectuosamente, N.

16 de abril

Querido J.:

No dejo de admirar la belleza estética de este fantástico regalo que me has hecho. Todos sus rasgos me recuerdan, de alguna manera, a aquellos encuentros que teníamos hace años, y cuya esencia perdura por siempre en mi corazón. ¿Es posible, acaso, que detecte rasgos de tu propia entelequia entre las facciones delicadamente talladas del rostro de la estatuilla?

Amistosamente, N.

 

27 de abril

Querido J.:

¿Por qué no respondes a mis cartas? Tu silencio y tu ausencia me preocupan, y de no ser por la absorta contemplación del souvenir que tan amablemente has tenido a bien obsequiarme, podría pensar que una sombra siniestra y desagradable se ha cernido sobre nuestra amistad. Espero una respuesta pronta por tu parte, al menos para cerciorarme de que no has sufrido ningún percance.

Cordialmente, N.

 

2 de mayo

Querido J.:

Pese a no haber recibido una respuesta tuya por escrito, ahora me encuentro más tranquilo con respecto a tu bienestar, e incluso por el excelente estado de nuestras relaciones. El muro de tu silencio me había preocupado en un principio, pero esa sonrisa cándida y bienhechora que tanto conozco ha aflorado por fin, otorgándome la serenidad que necesitaba. Anoche estuve observándote durante unas cuatro horas. Te noto en paz.

Cariñosamente, N.

7 de mayo

Querido J.:

Aunque nuestra comunicación es más fluida que nunca, creo que dejaré de escribir cartas y de enviarlas a tu dirección postal, puesto que es evidente que ya no te encuentras allí. Las horas de intensa reflexión que transcurro delante de la estatuilla que me regalaste han estrechado más que nunca los lazos de nuestra amistad, con lo cual considero innecesario todo otro tipo de comunicación escrita. A partir de ahora, todo lo que tenga que transmitirte tendrá lugar mediante este intercambio de miradas que ahora mismo, y mientras redacto estas inútiles líneas, está teniendo lugar entre nosotros. El fulgor aprobatorio de tu pétrea mirada me da a entender que estás de acuerdo con esta resolución. Definitivamente, estás aquí. Conmigo.

Atentamente, N.

 

El día 8 de mayo, el señor N. fue encontrado muerto en su habitación. El informe del forense dictaminó que la causa del deceso fue una fuerte impresión. A su lado yacía una estatuilla de barro cocido de extrañísima factura, con facciones remotamente humanoides. Dicha estatuilla fue confiscada por la policía para una posterior investigación. También se encontró junto al cadáver la última carta de la víctima a su amigo, el señor J.

El día 9 de mayo se inspeccionó el domicilio del señor J. No se encontró a nadie allí, aunque sospechosamente fueron halladas cuatro cartas sin abrir en su buzón, todas ellas escritas por el señor N.

Nada más se supo del señor J. ni de la extraña estatuilla, que desapareció misteriosamente de la comisaría de policía.

4 comentarios en “Estatuilla

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