«La pata de mono», o el peligro del deseo hecho realidad

En el mundo de la literatura fantástica y de terror existen relatos que nos fascinan sin remedio tras repetidas lecturas. Algunos por el impacto que nos causa su desenlace, otros debido a las implicaciones emocionales de la trama, y los menos por su perfección formal y por el equilibrio de las partes, que conforman un todo aposentado en la excelencia narrativa. El caso de «La pata de mono», de W. W. Jacobs reúne no alguna, sino todas las características arriba mencionadas, convirtiéndose en una de las piezas más redondas e inmejorables de nuestro querido género. Vengo a hablarte hoy de este relato porque es uno de mis favoritos, un cuento excepcional que no me canso de leer y que me ha brindado, además del apasionamiento que suele despertarme toda historia de terror bien escrita, ramalazos de agradecida inspiración y, por qué no decirlo, algunas horas de insomnio.

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La pata de mono y otros cuentos macabros, de W. W. Jacobs. Madrid, Valdemar, 2008. 462 páginas

En «La pata de mono» su autor, William Wymark Jacobs, reflexiona acerca del peligro inherente en la formulación de deseos. La posesión de un talismán que conceda deseos ha sido y sigue siendo un tema muy frecuentado en la ficción literaria, pero creo que el análisis del fenómeno como fantasía humana nunca alcanzó las cotas dramáticas a las que arriba en este relato. Intentando no hacer spoiler: la historia va de una pata de mono que llega, de manera fortuita, al seno de una familia tradicional. La persona que les lega el amuleto les asegura que puede concederles tres deseos. El primero de los deseos se cumple, pero acarrea una infausta desgracia a la familia. La formulación del segundo deseo lo que busca es deshacer las consecuencias funestas del primero, pero sólo consigue empeorarlas; el tercer deseo se desperdicia, entonces, en la anulación del segundo. De este modo, sólo prevalece el primer deseo, mientas que el segundo y el tercero se anulan entre sí en un final escalofriante.

El relato plantea la moraleja eterna acerca de la correcta formulación de los deseos sobre el amuleto, y de la insidiosa costumbre del diablo —o de otras fuerzas malignas— de aprovechar una formulación precipitada o incompleta para inocular el mal en las consecuencias. De ahí los famosos refranes de «cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad» y tantos otros. El cuento nos deja también otra reflexión oblicua: a veces es mejor dejar las cosas como están. Esto es: aunque algo haya salido mal, en ocasiones intentar arreglarlo a través de los mismos medios lo único que hará será agravar las consecuencias, dando origen a una espiral destructiva.

«La pata de mono» posee una estructura sencilla y un lenguaje equilibrado y elegante, muy al estilo de los relatos de principios del siglo XX. Sin ningún alarde, crea una atmósfera trágica que va in crescendo conforme se suceden los hechos, para desembocar en uno de los finales sugeridos más estremecedores que yo haya leído. Su genialidad radica en la brevedad y economía de medios que emplea el autor, pero también en su equilibrio verbal, en el correctísimo uso de la simbología y en el impacto rotundo de su moraleja. Su estructura y temática han inspirado a numeroso relatos y narraciones posteriores —la más destacada de ellas, sin duda, el novelón de Stephen King Cementerio de animales, de 1983—.

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W. W. Jacobs (1863-1943)

Te cuento algunas cosas del autor, W. W. Jacobs. Nació en Wapping (Londres), en 1863. Trabajó durante un tiempo como funcionario de correos y publicó su primer relato hacia 1885. Fue un especialista en literatura náutica, componiendo numerosos relatos donde los protagonistas viajan a bordo de embarcaciones medianas. Sobre todo se especializó en un tipo de comedia negra, relatos oscuros en los que hacía gala de un muy agudo sentido del humor. Tiene un puñado de excelentes relatos macabros, pero fue sin duda «La pata de mono» el que le proporcionó una fama imperecedera; publicó este relato en Londres en 1902 en The Boydell Press, una publicación de prensa académica. Una vez que obtuvo popularidad y posibilidades de vivir de la escritura, se dedicó básicamente a adaptar sus propios relatos a la escena. Murió en 1943, también en Londres.

La edición en la que leí «La pata de mono» es la de Valdemar (¿cúal si no?), y que incluye una más que interesante colección de otros relatos de Jacobs, todos ellos muy recomendables por la continuidad en la línea temática y por el más que llamativo uso de la conciencia humana como eje de acción ante los hechos escabrosos que se suceden. Desde luego que te recomiendo todos estos relatos, pero en este post me quería detener especialmente en su cuento inmortal, el que da título a la antología y el que, por derecho propio, ha pasado a ocupar un lugar de privilegio dentro de la cultura popular. En palabras de G. K. Chesterton, los cuentos de Jacobs van más allá del terror para ser, sencillamente, sobrecogedores. Amén, señor Chesterton.

2 comentarios en “«La pata de mono», o el peligro del deseo hecho realidad

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