La chica que se comió el cadáver de Kurt Cobain

Dedicado a Miguel

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Tres días. Tres días estuve junto al cadáver de Kurt. Oí la detonación desde mi escondite, dentro del armario donde guardaba sus chaquetas y esas camisas holgadas que solía vestir. Entonces oí el disparo y me estremecí. Se había hablado mucho de suicidio durante las últimas semanas. Todo el entorno. Él lo negaba siempre y yo, como de costumbre, me aferraba a aquellas palabras que le oía gritar en mi oído una y otra vez: I like it, I’m not gonna crack; I miss you, I’m not gonna crack; I love you, I’m not gonna crack; I killed you, I’m not gonna crack. Las oía una y otra vez. Mientras hacíamos el amor. Mientras él lloraba en mis hombros. Mientras le oía berrear en sueños. O cuando ponía el radiocasete a todo volumen y pegaba el altavoz a mi oreja. Siempre lo mismo: no voy a estallar, no voy a estallar, no voy a estallar

¡Bang! Un disparo seco. La caída de un cuerpo. Dejé pasar un par de horas, temblando de pánico en el interior de ese armario que olía a naftalina y marihuana y a otras cosas. De pronto empezó a oler a muerte. Abrí la puerta y allí estaba, tumbado en medio de la habitación. La pestilencia de la pólvora recién detonada aún no se había disipado. Y sus sesos… sus sesos estaban embarrados sobre el suelo de madera. Le observé con los ojos entrecerrados. Era su rostro de siempre. Algo crispado, con una barba de un par de días, los ojos vidriosos arrasados por la muerte.

I like it.

I miss you.

I love you.

I killed you.

Sabía que era nuestro último encuentro, clandestino o no. Ya no volveríamos a hacer el amor, ni a gritarnos incoherencias al oído en tórridas noches de alcohol y porquerías. Y nunca me relacionarían con él, claro. ¿Quién era yo? Tan solo una chica. Una chica anónima que se acostaba con Kurt. Una más.

Me arrodillé y me acerqué a él. Al principio solo quería acariciarle la cara, pero al final me poseyó una especie de frenesí de inexplicable necrofagia. Con los ojos cerrados, empecé a comerme los fragmentos de su cerebro explosionado.

Tres días después, el 8 de abril, encontraron el cadáver. Para entonces yo ya estaba en casa, durmiendo la siesta, escuchando sus gritos desgarrados en mi mente otra vez. Una y otra vez…

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